Publicada

"Too old" ("Demasiado mayor"). Con esa brevedad lapidaria, tecleada desde su cuenta de Skype un domingo de julio de 2017, Jeffrey Epstein descartó a una candidata ofrecida por su hombre de confianza en Barcelona. La mujer tenía 25 años.

Esta conversación, contenida en los archivos desclasificados del Departamento de Justicia de EEUU, pone el foco definitivo sobre la figura de Daniel Siad.

Este ciudadano franco-argelino, instalado en Barcelona desde 2016, no era un simple conocido del magnate, sino un engranaje necesario para que la red funcionara sobre el terreno.

Siad actuaba como el 'fixer' local: un facilitador cuya "misión" —palabra que él mismo utilizaba— era filtrar mujeres para el financiero, ya entonces condenado por delitos sexuales.

El proveedor de "material"

La relación entre Siad y Epstein era estrictamente jerárquica. Documentos previos confirman que Siad recibía pagos a través de cuentas en Dubái, actuando como un cazatalentos a comisión.

Para justificar sus honorarios, enviaba reportes masivos con fotos y vídeos de las chicas captadas en Barcelona bajo la fachada de supuestas agencias de modelos.

Pero si en un chat de 2017 Epstein rechazó a una chica por tener 25 años, en correos anteriores fue igual de explícito sobre el físico de las candidatas enviadas por Siad.

Epstein, junto a una mujer, en una imagen de la nueva información difundida por congresistas demócratas REUTERS

"Ella es guapa, pero sus tetas son horribles. Tendrá que rehacérselas", llegó a escribir el magnate sobre una de las jóvenes.

El filtro de la edad

El chat del 2017 desnuda la frialdad mercantil con la que ambos operaban. Siad intenta "vender" a una joven de perfil internacional ("madre inglesa y padre jamaicano, muy educada"). 

"Pero es mayor, 25 [años]", escribe. La respuesta de Epstein llega rápidamente: "Too old". Siad acata el veredicto sin rechistar: "Yes".

Pero el intermediario tenía más opciones en la recámara. En la misma conversación, Siad presenta a otra candidata utilizando su desesperación económica como principal atractivo.

Una conversación de Skype entre Daniel Siad y Jeffrey Epstein Departamento de Justicia de EEUU

Explica a Epstein que la chica está "en la ruina" porque su exnovio le robó el dinero y que trabaja de azafata en un restaurante para conseguir papeles, pues su visado Schengen expira en un mes.

Esta vulnerabilidad activa la maquinaria de captación. "Por supuesto necesita trabajo, así que la ayudo con un sitio donde quedarse y dinero de bolsillo", se jacta Siad.

Incluso llega a sugerir el cambio de rol habitual en la trama si la vía del modelaje falla: "Honestamente, [tiene potencial] como tu asistente o algo así".

Epstein responde asumiendo su rol de proveedor financiero para asegurar el control: "Te ayudaré a ayudarla".

La operación culmina con una logística rápida: Siad viaja con ella de Barcelona a París para presentarla. Epstein, cauteloso con su privacidad, rechaza alojarla en su casa y paga una habitación en el Hotel Kleber, cerca del Arco del Triunfo. Siad organiza, Epstein financia y evalúa.

Delirios de grandeza

El perfil de Daniel Siad está marcado por una profunda disonancia entre sus pretensiones y su realidad. Según informaciones de La Vanguardia, en sus redes sociales alardeaba de codearse con la élite europea, mencionando a figuras como Jean Marie Le Pen o miembros de la familia Rothschild.

Sin embargo, los correos enviados a Epstein dibujan una realidad mucho más precaria. Siad operaba desde un apartamento de apenas 35 metros cuadrados en Barcelona.

Su compromiso con la trama era tal que informaba al magnate de que dormía en el sofá para ceder su habitación a las "varias modelos" que tenía "acampadas" en su casa.

Este hacinamiento no era casual, sino parte del modus operandi. Al mantener a las chicas bajo su techo, Siad ejercía un control total sobre sus horarios y movimientos antes de que dieran el salto a la órbita directa de Epstein.

Una "misión" internacional

Siad vivía su rol con un fervor casi religioso, buscando constantemente la aprobación de su jefe. En los chats, se refiere a su trabajo de búsqueda de chicas como una "misión".

Los archivos demuestran que Barcelona era su base, pero no su único coto de caza. Tras entregar a la chica en París, Siad se despide de Epstein: "Me voy esta tarde a Marrakech para continuar mi misión". También reportó viajes a Cuba en busca de "chicas nuevas".

Para Jeffrey Epstein, Siad era la herramienta necesaria: el hombre dispuesto a dormir en el sofá y viajar a París en el acto para entregarle lo que pedía, siempre que no tuviera más de 25 años.

Noticias relacionadas