El pistacho es un cultivo que ha llegado a España para quedarse. No se trata de una moda pasajera. Son muchos agricultores los que ya han decidido cambiar su explotación para cultivar este fruto seco conocido como la “nuez feliz”.
Concretamente, en Cataluña el cultivo del pistacho está en auge y se está consolidando como una alternativa rentable frente al almendro y viñedo. Aunque, en España la principal cosecha de este producto se concentra en Castilla-La Mancha donde supera el 80% de la producción.
No obstante, la rentabilidad del pistacho en España varía según la zona debido principalmente a las diferencias del clima, la disponibilidad de agua y la calidad del suelo. Por ello, la comunidad manchega lidera la producción por su clima continental, mientras que Huesca logra mayor rendimiento gracias a su riego.
Raúl Boleda, agricultor con una explotación dedicada al pistacho, es uno de los muchos productores que han apostado por este cultivo en los últimos años atraídos por su alta rentabilidad potencial.
Sin embargo, su experiencia pone de manifiesto que no solo importa producir, sino también dónde y cómo se comercializa el producto. Las diferencias de precios entre comunidades autónomas pueden marcar la frontera entre un año rentable y uno claramente deficitario.
El agricultor explica que, pese a obtener una buena cosecha en volumen, el resultado económico fue muy distinto al esperado debido al destino de la producción.
"El año pasado hice 13.500 kilos en seco y si los hubiera llevado a Aragón, como haré este año, habría ganado 81.000 euros. Llevados a Borges, la liquidación me ha salido a 13.000 euros, con eso no pago ni el agua de riego", ha señalado Raúl Boleda al medio catalán Sagres.
Mientras que en Aragón el pistacho se paga a precios más elevados gracias a una mayor demanda y a estructuras comerciales más favorables, en Cataluña los márgenes se reducen considerablemente. Esta desigualdad territorial genera frustración entre los productores, que asumen los mismos costes de cultivo, pero no obtienen la misma compensación económica.
Además, cabe destacar que el pistacho es un cultivo exigente en inversión inicial y en recursos, especialmente en explotaciones de regadío. Los costes del agua, la energía y el mantenimiento de las plantaciones hacen que una mala liquidación pueda comprometer la viabilidad de toda la campaña.
