La línea que separa una terapia alternativa de un presunto delito contra la libertad sexual ha centrado este lunes la penúltima sesión del juicio en la Audiencia de Barcelona contra un osteópata y quiromasajista de Canet de Mar.
Desde el banquillo, y enfrentándose a una petición de 46 años de prisión por presuntos abusos a una docena de mujeres entre 2008 y 2020, el acusado ha ofrecido un relato pormenorizado en el que ha defendido la inocencia de sus prácticas.
El caso disecciona la conducta de un profesional que operaba en tres escenarios distintos: su consulta privada, una masía en Canet de Mar y el pabellón deportivo de un club de hockey de Mataró.
Allí, según el Ministerio Público, tejió una red de confianza que le permitió cruzar los límites profesionales.
Sin "ánimo libidinoso"
Ante el tribunal, el acusado ha definido su trabajo como una "terapia global" y "holística", donde el contacto físico intenso, la desnudez y la confianza extrema no eran herramientas de depredación, sino de sanación. Negando categóricamente cualquier "ánimo libidinoso".
Su versión, no obstante, ha chocado frontalmente con la prueba pericial. Forenses y psicólogos han desfilado por la sala para ratificar que gran parte de las denunciantes presentan cuadros compatibles con el Trastorno de Estrés Postraumático, ansiedad y sentimientos de culpa; síntomas que, según la ciencia forense, otorgan credibilidad a los relatos de abuso y desmontan la tesis de la "invención" o el "complot" sugerida por la defensa.
"Toco el músculo"
Durante el interrogatorio, el acusado ha admitido carecer de la titulación oficial de fisioterapia —"me he formado en escuelas de quiromasaje y he aprendido con cirujanos", ha explicado—, pero ha reivindicado la validez técnica de sus maniobras basándose en la semántica anatómica.
Preguntado por la fiscalía sobre los tocamientos en los senos relatados por las víctimas —algunas de ellas menores de edad que acudían a él para tratar lesiones deportivas de espalda—, el acusado ha tirado de manual para justificarse: "El pecho forma parte del cuerpo. Yo toco el pectoral, la inserción muscular, nunca la glándula mamaria ni el pezón".
Bajo la premisa de "trabajar el cuerpo de forma armónica", ha explicado haber masajeado zonas adyacentes a los genitales o los glúteos, insistiendo en que "todo lo que hago está documentado en los libros".
Fachada de la Audiencia Provincial de Barcelona
Lo niega todo
Sobre la acusación más grave que pesa sobre él —una presunta penetración vaginal a una paciente—, el procesado ha sido tajante y emocional: "Eso lo debe haber soñado. Yo no he metido un dedo en la vagina de ninguna paciente. Me ha roto el alma esta denuncia".
Asimismo, para contrarrestar la narrativa de la acusación pública, que sostiene que actuaba con "ánimo de satisfacer sus deseos sexuales", ha alegado una supuesta dificultad fisiológica para excitarse durante su desempeño profesional: "Llevo desde los 16 años dedicándome a esto, un cuerpo desnudo no me excita".
La sorpresa de la bañera
La sesión ha vivido un momento de tensión probatoria durante la fase documental, cuando se ha reproducido un audio de WhatsApp enviado por el acusado a una de las jóvenes denunciantes, en diciembre de 2019.
El sonido en la sala era nítido. En él le indicaba: "Hola. Siéntate en la butaca... sube al baño". Allí, según el escrito de acusación, la esperaba una bañera llena donde él se introdujo posteriormente, desnudo o en ropa interior, para lavarla y masajearla.
El acusado ha asegurado ante el tribunal que se trataba de un "regalo" ofrecido desde la "confianza y complicidad" que tenía con la paciente.
Ha negado que hubiera intencionalidad sexual en el acto de compartir el baño: "Soy un terapeuta poco habitual, muy abierto, no tengo límites en ese sentido", ha afirmado.
Secuelas y recuerdos intrusivos
En contraposición al relato de normalidad del acusado, los peritos han expuesto sus conclusiones clínicas.
Las médicos forenses del Instituto de Medicina Legal de Cataluña y peritos privados han confirmado la existencia de secuelas psicológicas en varias denunciantes.
Utilizando los criterios de la Clasificación Internacional de Enfermedades, han detectado sintomatología de estrés postraumático de grado leve a moderado, así como "recuerdos intrusivos", "ansiedad generalizada" y dificultades en la esfera sexual, todos ellos causalmente vinculados a los hechos denunciados.
Un punto crucial de la jornada ha sido la explicación del comportamiento de las víctimas. La estrategia de la defensa ha consistido en cuestionar por qué, si se sentían agredidas, volvían a la consulta, repetían las sesiones o tardaron años en verbalizar el abuso.
El "bloqueo" como respuesta científica
A preguntas de la letrada de la acusación particular, Carla Vall, sobre los mecanismos que impidieron a las mujeres identificar el abuso de inmediato, las forenses han aludido al bloqueo emocional.
"Es frecuente que los sucesos se repitan hasta que la víctima identifica lo que está pasando", ha ilustrado una de las peritos. Según los expertos, el contexto jugaba en contra de las mujeres.
El hecho de que existiera una relación previa de confianza —el acusado era el masajista oficial del club de hockey donde jugaban varias víctimas, una figura de autoridad en el vestuario, o incluso un familiar— actuó como un factor de confusión y silencio.
"Conocer al agresor facilita que no interpreten el abuso como tal al principio. A veces, por inmadurez, no lo racionalizan hasta pasado el tiempo", han señalado las expertas.
Esta explicación técnica busca desmontar el argumento de que el silencio inicial o la reiteración de visitas impliquen consentimiento.
De hecho, la Fiscalía subraya en su escrito que el acusado aprovechó ese "vínculo de familiaridad" y pretextos seudocientíficos como "canalizar energías" o "sincronizar respiraciones" para vencer la resistencia de las pacientes.
Recta final hacia la sentencia
El juicio ha expuesto ante el tribunal dos narrativas contrapuestas: la de un terapeuta que defiende la singularidad de sus métodos frente a la acusación penal, y la de una docena de mujeres cuyos informes médicos acreditan secuelas psicológicas compatibles con los hechos denunciados.
La Fiscalía mantiene su petición de 46 años de prisión, indemnizaciones por 220.000 euros e inhabilitación profesional.
El tribunal de la sección 5ª ha emplazado a las partes a mañana martes para la lectura de conclusiones definitivas, los informes finales y el turno de última palabra del acusado, tras lo cual el caso quedará visto para sentencia.
