Publicada
Actualizada

David García, el mosso investigado por narcotráfico, tocó fondo el día que lo detuvieron. El 13 de noviembre de 2024.

En el calabozo, sin uniforme y sin escapatoria, pensó incluso en quitarse la vida. Fue ahí —en el punto más bajo— cuando entendió que algo tenía que cambiar si quería seguir adelante.

Adicto a las drogas

A David le costó reconocerse como lo que era: un adicto. Y durante meses —quizá años— convivió con una dependencia que le fue robando el norte, la lucidez y la calma.

Él mismo admite ahora que tardó demasiado en aceptar que las drogas habían empezado a gobernar su vida. Cuando quiso reaccionar, ya estaba rodeado de personas que no eran las adecuadas y que, lejos de ayudarle, lo empujaban aún más hacia el abismo.

David García durante una entrevista previa con Crónica Global Òscar Gil Barcelona

La detención supuso un golpe devastador. De la noche a la mañana, su vida dio un giro radical.

Las primas decisiones

Suspendido de empleo y sueldo, apartado cautelarmente del cuerpo de los Mossos d’Esquadra, señalado públicamente y con un proceso judicial abierto, David se encontró solo, roto y en shock. Pero también, por primera vez, obligado a mirarse de frente.

Tras las primeras semanas de parálisis emocional, David tomó una decisión que marcaría un antes y un después: acudir a un centro de desintoxicación de adicciones y tratar su problema como lo que era: una enfermedad.

Comenzó un proceso exigente, con sesiones dobles de psicóloga y psiquiatra, y una rutina estricta orientada a recuperar el control sobre su vida.

Proceso de desintoxicación

Desde entonces, asegura en una nueva entrevista para Crónica Global, se mantiene totalmente limpio.

Ha dejado el consumo, está abandonando incluso el tabaco y ha recuperado hábitos que había perdido, como volver al gimnasio y cuidar su cuerpo. No habla de curación, sino de proceso. De vigilancia constante y de responsabilidad.

Las manos de David García durante la entrevista con Crónica Global Òscar Gil Barcelona

Mientras tanto, David sigue defendiendo su inocencia en el procedimiento judicial que lo mantiene apartado del cuerpo.

Insiste en que nunca cometió delito alguno y que su único error fue confiar en personas que estaban destrozando su vida mientras le suministraban las sustancias que lo llevaron a perder el rumbo. Desconocía, asegura, todo lo que escondían detrás.

Esa versión ya fue explicada por él mismo en una entrevista anterior concedida en exclusiva a Crónica Global. Hoy, meses después, el escenario personal es otro.

Nuevo refugio 

Hay un detalle en la vida de David que llama poderosamente la atención y que, hasta ahora, había pasado desapercibido.

Cuando aún era mosso en activo, cursó durante dos años estudios de magia. No como una excentricidad, sino como un deseo íntimo: el de convertirse algún día en mago, ya fuera de forma exclusiva o compatibilizándolo con su labor policial.

Ese viejo anhelo reapareció cuando todo lo demás se vino abajo. En uno de los momentos más oscuros de su vida, David redescubrió la magia como su nuevo refugio.

Servir aún sin placa 

Y, a través de las redes sociales, encontró la asociación Vidas Mágicas, una entidad sin ánimo de lucro que enseña trucos sencillos de magia a personas con discapacidad, niños hospitalizados y colectivos vulnerables, y que organiza espectáculos en residencias y centros sanitarios.

Allí, David encontró algo más que un pasatiempo. Encontró sentido. Una forma de volver a ser útil cuando ya no podía ejercer como policía. Una manera de ayudar a otros y, al mismo tiempo, ayudarse a sí mismo.

“Siempre he dicho que ser mosso era pura vocación”, explica a su entorno. “Si no podía servir desde el uniforme, tenía que hacerlo de otra manera”. La magia se convirtió así en una herramienta terapéutica, pero también en un acto de servicio. En una luz en medio del caos.

Vuelta al deporte 

Aunque su situación judicial sigue siendo compleja, David atraviesa ahora un momento de relativa tranquilidad. Vive centrado en su recuperación, consciente de que la prioridad absoluta es no recaer. Acepta que su carrera profesional está en pausa y que el futuro es incierto, pero ha decidido no quedarse paralizado.

Además de la magia, el deporte ha vuelto a ocupar un lugar central en su vida. Se ha reconectado con su equipo de baloncesto de toda la vida, el UE Barbarà, donde entrena a un par de equipos. 

Entre entrenamientos, espectáculos solidarios y terapia, David intenta demostrarse a sí mismo que puede salir del pozo al que las drogas lo arrastraron. Que su historia no tiene por qué terminar en el lugar más oscuro.

El origen de la causa judicial

La causa que mantiene a David García apartado del cuerpo tiene su origen en una investigación interna y judicial que lo sitúa, presuntamente, en el foco de una trama de filtración de información policial a un entramado vinculado al narcotráfico.

Según la acusación, el agente habría facilitado datos reservados aprovechando su condición de agente, una versión que él niega de forma tajante desde el primer momento. David sostiene que nunca entregó información sensible ni fue consciente de estar colaborando con una organización criminal.

Y asegura que "eso es imposible" por los férreos blindajes en las bases de datos de Mossos: "Solo unos pocos tienen acceso a información sensible". 

mosso investigado Òscar Gil Barcelona

Tal y como explicó el propio David en la primera entrevista en exclusiva concedida a Crónica Global, su defensa se apoya en que las consultas que realizó se limitaron —según su versión— a datos no sensibles y que desconocía por completo la verdadera actividad de las personas con las que se relacionaba.

Además, cuestiona el contexto en el que se produjeron algunas conversaciones intervenidas en la investigación y rechaza que exista un beneficio económico derivado de los hechos que se le imputan.

Mientras el procedimiento avanza, David permanece en libertad provisional, aunque suspendido de empleo y sueldo y apartado de sus funciones de manera cautelar.

Un juicio pendiente

La defensa del agente, encabezada por el abogado Álvaro Machado, del despacho Vosseler Abogados, se muestra confiada en el material probatorio reunido para sostener su inocencia.

El letrado asegura que existen pruebas suficientes para desmontar la acusación y defiende que la versión de David García podrá acreditarse con solidez, ya sea ante un tribunal ordinario o ante un jurado popular.

Ahora bien, pese a este proceso personal de reconstrucción, la causa judicial sigue su curso. David García será juzgado por un jurado popular por un presunto delito de cohecho. Será entonces cuando la justicia determine si su versión de los hechos se sostiene o no.

Hasta que llegue ese momento, David espera. Sin uniforme, sin sueldo y sin certezas, pero con una convicción clara: mantenerse limpio, en pie y útil.