José Eduardo Dos Santos ya se encuentra en Angola. Los restos del dictador que gobernó el país africano con puño de hierro y bolsillos llenos durante casi 40 años han sido trasladados pese al litigio por el cuerpo del mandatario fallecido en la Teknon de Barcelona.

Según han informado tanto la televisión angoleña como el Gobierno de la nación subtropical, el disputado cadáver se ha reencontrado con la capital, Luanda, tras permanecer varado durante semanas en la Ciudad Condal. El traslado ha enfurecido a parte de la familia del caudillo, la que estaba exiliada junto a él en Barcelona, que ha puesto en duda la legalidad del proceso.

Un traslado sui géneris

Tchizé Dos Santos, una de las hijas del expresidente fallecido, ha anunciado que estudiará si se han producido irregularidades en la entrega del cuerpo de su padre a su última mujer, Ana Paula, así como en el traslado del cuerpo desde la capital catalana a su país natal y pese al recurso interpuesto por ella misma. Según ha informado su bufete de abogados en un comunicado, la entrega de los restos habría realizado sin que esta la viuda se haya pronunciado previamente, "como le requirió el juez el pasado viernes", acerca de si celebraría un funeral en Barcelona.

"Debido a que está situación ha provocado que la señora Tchizé y sus hermanos no hayan podido despedirse de su padre, ella quiere manifestar que, cuando se aclare lo ocurrido, estudiará si se ha producido una vulneración de sus derechos humanos y de los de sus hermanos", añade el comunicado de la letrada, Carmen Varela. Este jueves la hija del exmandatario angoleño había recurrido la decisión del juzgado de instrucción 11 de Barcelona de entregar los restos mortales de su padre a su última mujer, Ana Paula, y de autorizar la repatriación internacional del cuerpo.

José Eduardo dos Santos, expresidente de Angola

Recurso judicial

Tchizé dos Santos, cuyo padre falleció el pasado 8 de julio en la clínica Teknon a los 79 años de edad después de instalarse por primera vez en la capital catalana en 2019, consideraba que el tribunal en cuestión no es competente y que la última mujer de su padre y los hijos que tuvo con ella carecen de legitimidad. La hija había solicitado que se revocase el auto al alegar falta de competencias del juzgado de instrucción para decidir sobre el destino de los restos mortales del expresidente de Angola, o que subsidiariamente se acuerde su entrega a la hija demandante.

Según el recurso de reforma presentado ante el juzgado este jueves, la decisión de a quién se entrega el cuerpo compete a la jurisdicción civil y no al ámbito penal, y recuerda que ya hay un procedimiento abierto sobre esta cuestión. En cuanto a la legitimidad de Ana Paula y sus descendientes, el escrito insistía en que el auto recurrido tiene por comparecidos a los hijos del segundo matrimonio cuando estos "ni han aportado poderes de representación" ni "tienen legitimación alguna en el procedimiento", puesto que no son ni fiscalía, ni acusación particular, ni investigados.

presidente angola barcelona teknon

¿Asesinado?

El texto presentado también hacía hincapié en que Ana Paula y Eduardo Dos Santos llevaban separados desde el año 2017, un hecho que ha sido "reconocido de forma abierta por todas las partes", incluso por la propia expareja de su padre. "Lo que es de todo punto evidente es que el Sr. Dos Santos y la Sra. Ana Paula no se encontraban en una relación estable de pareja", lo que significa, a juicio de la hija demandante, que no puede considerarse a esta mujer como viuda del expresidente angoleño.

Asimismo, insistía en que la voluntad expresa del expresidente, que gobernó Angola entre 1979 y 2017 convirtiéndose en uno de los mandatarios más longevos del continente, era la de ser enterrado en Barcelona, puesto que el deseo de que su cuerpo reposara en España era claro, aunque no estuviera por escrito. La hija había denunciado más allá un supuesto complot para asesinar a su padre y responsabilizó a Ana Paula, de quien destacó que su matrimonio no había sido reconocido ni inscrito en España, y al médico personal angoleño que le atendía, el doctor Alfonso, cuyos gastos sufragaba el Gobierno del país africano.