Miquel Vilardell (1946) lo ha sido todo en la sanidad catalana. Este catedrático emérito de Medicina Interna por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) ha sido jefe de servicio en el Hospital Vall d'Hebron. Antes, presidió el Colegio de Médicos de Barcelona (2010-14) y asesoró al Gobierno catalán en materia sanitaria. Recibió la máxima distinción autonómica, la Creu de Sant Jordi, en 2015. Esta semana ha recogido la medalla Josep Trueta al mérito.

-Pregunta: ¿Qué hace ahora Miquel Vilardell?

-Respuesta: Continúo ejerciendo de médico, porque es lo que más le gusta. Una vez acabé mi etapa en la medicina pública, decidí continuar recibiendo a enfermos porque me gustaba, me sentía bien. Lo hago en el Instituto Universitario Dexeus.

-¿Y en el terreno público?

-Soy miembro de patronatos y fundaciones porque me quieren allí. También soy el editor de la revista Medicina Clínica.

-Así pues, ¿usted no se ha jubilado?

-Me podría dedicar todo el día al ocio contemplativo. Pero este es mi ocio. Hasta que tenga capacidades y sea útil, me dedicaré a esto.

-Usted ha publicado un libro sobre cómo envejece un médico. ¿Cómo llega un galeno a la vejez?

-Hay dos tipos de médicos. Los que siguen siendo visibles y los que no. El día que te jubilas, pierdes visibilidad. La adaptación a esta pérdida lo es todo. Pasas de ser muy visible a invisible. Gestionar este cambio es lo que marca cómo envejece un médico. Creo que un médico jubilado atesora un conocimiento que lo hace útil.

-¿...no se quejarán los facultativos jóvenes?

-No, porque se trata de encontrar un equilibrio. Se trata de aprovechar el conocimiento que tienen los médicos mayores sin ser un tapón para las nuevas generaciones.

-¿Qué le diría a un sufrido médico de la sanidad pública?

-Que disfrute ejerciendo. Es lo más importante, haga carrera o no. Tu carrera depende en muchos aspectos de aspectos externos. Sentirte bien siendo médico es crucial. Lo importante no es llegar, sino cómo recorres el camino.

-No ha llegado a la edad madura, pero hace pocos días se celebraron los 25 años del Servicio Catalán de Sanidad (CatSalut). ¿Envejece bien?

-En mi opinión, el CatSalut ha conseguido mantener dos características intocables: la universalidad y la equidad del sistema. Es un bien intocable, una joya. Quien destruya estos conceptos debería ser penalizado. Aunque haya sufrido en los últimos años. En buena medida, creo, por los profesionales. Los médicos y enfermeros tienen una profesionalidad de diez.

-¿Qué se debe hacer en sanidad en Cataluña?

-Meter recursos para mantener la excelencia. Los políticos tienen que moverse. Encontrar la financiación suficiente. Tratar de mantener el sistema. De lo contrario, habría que tocar teclas como la fiscalidad.

-Es lo que usted ve más importante.

-Es que aquí nos lo jugamos todo. Aumenta la calidad y esperanza de vida, por lo que quieres meter más servicios en la cartera pública. Y ello tiene un alto coste. No puedes decir al ciudadano: 'No, mire, ahora no le trataré de esto o aquello'. No nos podemos permitir dejar al ciudadano a merced de un ente privado.

-Usted ha visto pasar a todos los consejeros de sanidad. ¿Por qué todos han permitido la infrafinanciación del sistema?

-Porque todos han jugado con las manos atadas. La Consejería de Salud consume un porcentaje altísimo de los recursos y falta financiación. Por mucho que quieran hacer cambios estructurales, todos han sufrido falta de recursos. De lo contrario, juegan al corto plazo.

-Usted acuñó los dos 'informes Vilardell' en los años 90. Fueron muy criticados en aquel momento por el concepto del copago sanitario. ¿Los volvería a firmar?

-Sin lugar a dudas. Fueron documentos consensuados. Desgranaban una tesis: en un momento en el que no había crisis económica, ya alertábamos de la falta de recursos en sanidad.

-¿Se entendieron aquellos informes?

-En absoluto. Era una época de bonanza. Se confundieron con el copago, y ni siquiera hablábamos de ello. Sólo citábamos el copago en las farmacias, y con el fin de mejorarlo. Nunca, en ningún caso, abogamos por elevar barreras para ir al médico.

-¿Reivindica su vigencia?

-Fíjese que en los documentos ya hablábamos de los impuestos a las bebidas azucaradas, hoy tan en boga. También citamos tasas al alcohol y tabaco y los deportes de riesgo. Son absolutamente vigentes.

-Los 'informes Vilardell', ¿no desgranaban un modelo ideológico muy determinado?

-De ningún modo. En la comisión había personas de todos los partidos.

-Usted fue crítico con los recortes sanitarios en Cataluña. ¿Qué quedó de aquellos durísimos ajustes?

-Digo lo mismo que entonces. Que se tocó primero el salario de los profesionales. Que peligraban unidades médicas excelentes. Dije, y digo que debíamos vigilar. Además, recortar no enjugó el déficit.

-Así, la sanidad catalana, ¿ha resistido a la tijera del consejero Boi Ruiz?

-Me atrevería a decir que sí. Se incurrió en el peligro de romper el sistema. Pero gracias a muchas personas se reconsideró y se salvó el sistema de sanidad.

-Aguantó.

-Los elementos clave del sistema de sanidad se preservaron.

-¿Usted recomendaría a los catalanes contratar un seguro médico privado, como hizo Boi?

-No. Nuestro sistema público es de diez. Si alguien quisiera tener una mutua, que lo haga. Pero es una complementariedad que uno, libremente, escoge. El sistema público funciona.

-¿Le preocupan las listas de espera?

-En determinadas exploraciones y pruebas, siempre existirán. La clave es que sean transparentes.

-¿Qué pasa en las urgencias de los hospitales catalanes?

-Llevo 46 años trabajando en la sanidad. Desde que empecé mis guardias en Vall d'Hebron ya había esperas y gente en los pasillos. Lo que importa son los flujos de salida. Qué calidad asistencial ha recibido el paciente. ¿Le podemos dar de alta sanado? Ésa es la cuestión.

Una cámara ante el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona / CG

-¿A qué atribuye el colapso de los hospitales públicos?

-Es que no son sólo los públicos. En los privados pasa exactamente lo mismo. Las urgencias hospitalarias sufren un problema multifactorial: hay más hogares monoparentales, más patologías sociales y crónicas. La demografía cambia.

-Si usted fuera el gerente de Vall d'Hebron, ¿qué haría?

-El problema es multidepartamental y del Gobierno catalán. No se soluciona tocando una unidad hospitalaria. Faltan camas en los sociosanitarios, entre otras muchas cosas.

-Recientemente, usted pidió cambiar el sistema de forma gradual. ¿Está el Gobierno catalán yendo demasiado deprisa?

-No lo creo. Se está transformando con prudencia. Pero el sistema sanitario catalán tiene éxito con su propia configuración. Es mixto. Ello crea que salga la palabra privatización. Una y otra vez. Y es injusto.

-¿Se privatiza el sistema sanitario de Cataluña?

-Mire, lo que importa es que controlemos hasta el último euro público. Cómo entra en el sistema, como rinde y cómo sale. No me importa quien sea el proveedor. Siempre que haya transparencia y eficiencia.

-¿No le preocupan los operadores privados en el sistema?

-Es que las claves son la transparencia y la eficiencia. Yo compararía a todos los proveedores. El que lo haga mejor, que se quede. Y si no rinde, fuera del sistema. Pero el dinero público tiene que ser trazable. Hasta el último euro. Y reinvertir los beneficios en el sistema.

-¿Es posible aprovecharse del sistema sanitario público para lucrarse?

-Dudo que nadie puede ser engañado sin que se entere. Mi arma es la transparencia.

-Con estos mimbres, ¿a usted le molestan los operadores con ánimo de lucro en la sanidad?

-No tengo ningún problema con ellos. Siempre que haya transparencia. Fin del debate: seamos transparentes. Quién gana cuánto. Y midamos la eficiencia hasta el último euro público. Opacidad cero.

-¿La sanidad pública es más barata que la privada?

-Teóricamente son iguales. Los costes son los mismos.

-Usted conoce la sanidad catalana. ¿Es necesario comprar el Hospital General de Cataluña por 50 millones de euros?

-Lo desconozco. No doy consejos, pero digo lo que yo haría: un mapa territorial. Planificar. Detectar necesidades y elegir un método para ser eficiente. Y contar con los profesionales y con el territorio.

-¿Falta consenso en la actual Consejería de Salud?

-Es que es imprescindible. El personal es quien ejecutará las decisiones. Y el sistema lo aguantan los profesionales. El sentimiento de pertenencia es crucial, por ejemplo.

-Usted asesoró al expresidente Artur Mas. ¿Qué diría hoy a Toni Comín, 'conseller' de Salud?

-Dudo que Comín necesite consejo alguno. Digo lo que yo haría. Uno, diálogo con el sector. Dos, planificación de cara al futuro. Es imprescindible saber adónde vamos. Con claridad. Tres, transparencia en la toma de decisiones. Y cuatro, evaluación constante.

-Y con Mas, ¿qué relación tiene? Porque hubo discrepancias con los recortes en salud.

-Somos amigos. No hay agravios porque yo siempre he sido el mismo. Soy libre. Me he sentido libre. Siempre dije lo mismo frente a todo el mundo. Incluso cuando hubo oídos a quienes no gustaba lo que decía.

-¿Volvería a asesorar al Gobierno catalán?

-Sin lugar a dudas. Sea cual fuere el color del Gobierno. No me importa el partido. Siempre que sea útil, allí estaré.

-¿Recibió presiones de CDC?

-Nunca nadie me presionó. Sabían que no conseguirían nada.

-¿Y volvería como consejero de sanidad en Cataluña? Porque su nombre ha sonado varias veces.

-Nunca cogeré un cargo que implique dejar de visitar a pacientes. No pido nada a nadie, y mucho menos un cargo. Lo tuve todo: fui jefe de servicio y catedrático. Todo ello por votos, democracia, o por una oposición. Y el hecho de que me citen me ha dañado. No es mi estilo.

-¿Alguien debe algo a Miquel Vilardell?

-No pido nada a nadie. Y menos un cargo. Sigo mi camino: 'Seguiré plantando mi árbol hasta el penúltimo de mis días'.

-Si yo soy su paciente, ¿qué puedo esperar de usted?

-La sociedad está hoy polimedicada y es hipocondríaca. Son dos problemas que llegan a la red asistencial. Si acude a mí, busque dos cosas: una persona que tenga conocimientos; un contrato. Y busque también confianza. Valores personales. Los médicos necesitan valores personales.

-¿Los tienen?

-La mayoría de médicos sí. La sanidad catalana tiene médicos buenísimos. Son los que aguantan el sistema.