Pudiendo sacar a Pocholo, los grandes fenómenos del periodismo de televisión con mayúsculas prefieren dedicarse a pseudosesudos reportajes e intensas entrevistas en torno a la muerte, la eutanasia, el suicidio y las enfermedades incurables. Jon Sistiaga en #0 y Jordi Évole en La Sexta nos dieron la noche del domingo con la murga del óbito en general y el buen morir en particular. Según un enfermo de ELA (esclerosis lateral amiotrófica), los perros tienen más derechos que un ser humano en cuanto a la muerte. Se lo dijo a Évole y a un diez por ciento de la audiencia, casi dos millones de espectadores.



Nunca está todo dicho, aunque la televisión no parece el lugar más conveniente para asuntos tan vidriosos como la eutanasia. De hecho, sólo twitter puede ser peor. La excusa tanto de Sistiaga como de Évole es que la muerte es un tabú y ellos, claro, los rompetabús más audaces, dispuestos a sacar ese tema precisamente en "prime time". Como en las noticias casi no hay muertos... De vuelta a Mar adentro, la película de Amenábar. El eterno retorno al enfermizo culto a la muerte.



Sistiaga y Évole lo intentan con denuedo, pero su abusiva presencia desdibuja por completo el sentido de sus piezas. En el caso que ha ocupado su última aparición, la "literatura" de autoayuda resulta más recomendable. Nostalgia de "Callejeros", la vida a pelo y sin telepredicadores. Melancolía de Punset.



Pocholo, por cierto, salía el sábado en el First dates de Carlos Sobera. El programa no se aguanta por ningún lado, pero de puro casposo ejerce un efecto hipnótico. Chavales con las cejas depiladas a lo Cristiano Ronaldo y mujeres pintadas como puertas compartiendo menú en un restaurante plató. La cita del Mochilas de Ibiza fue con una modelo ucraniana treinta años más joven que él. Las redes ardieron cuando el sobrino del yerno de Franco le pegó una palmetada en la espalda a un fulano de otra mesa y soltó: "¡Espabila, que se nos va la vida!". Las cosas del XVIII Barón de Gotor y su alegría de vivir del cuento. De momento, nadie se ha quejado en Cuatro de los vínculos franquistas de la familia del hermano del padre de Pocholo. En TV3 sería duda para el partido o no iría ni convocado. Pisarello no lo permitiría.



"Operación Triunfo, el reencuentro" se llevó la palma del domingo. Cayó en relación a la pasada semana, pero acumuló cerca de cuatro millones de espectadores, el 20,9% de la audiencia. Aquello era un infierno. Bustamante no se sentía las piernas. Manu Tenorio tuvo que pelearse con la productora para que les dejaran salir a tomar el aire tras dos semanas sin pisar la calle y Chenoa denunció que la psicóloga del programa trataba de enfrentar a los concursantes. Ni en un submarino alemán de la I Guerra Mundial se pasaban tantos agobios como en aquella academia de quince años atrás. Todos necesitaron ayuda psicológica para tratar el estrés postraumático. Preguntados sobre si mereció la pena, también todos dijeron que sí. La tele es el opio del pueblo.