Levantan la persiana de su comercio cada día viéndose obligados a convivir con un grupo de vendedores ambulantes que les hace la competencia. Saben que, a solo unos metros, unos 200 manteros colapsan una de las entradas principales de la Fira de Bellcaire de Barcelona, más conocida como Los Encantes, vendiendo a un precio más reducido –si cabe— los mismos productos que venden ellos en el interior del recinto.

Están enfadados, desanimados y, sobre todo, resignados. “Nos quitan categoría”, explica a Crónica Global Cayetano Jiménez, propietario de uno de los puestos de ropa interior “para ella y para él”. Se muestra tan serio como contundente: “Si una rata se mete en tu casa, ¿qué es? Una ratonera”, añade. “Ellos tienen una necesidad, pero nosotros también”.

Cayetano desconfía de que quejarse al Ayuntamiento de Barcelona sirva de algo. “Si es su competencia y no hacen nada es porque son unos incompetentes. Yo no tengo que decirle a un guardia que por qué no hace nada. No es trabajo mío”. Preguntado por las alternativas que le quedan ante la situación, se indigna: “¿Qué vamos a hacer? ¿Huelga? ¿Entregar escritos? Eso no sirve de nada. O no tendría que servir, vaya”.

20160907 110616

Productos robados

Olga vende electrodomésticos por estrenar y a ella no le afecta tanto al negocio. Explica a este medio que los nuevos manteros “han estado toda la vida”, incluso en el antiguo mercado de Los Encantes, y funcionaban igual: colocaban sus mantas en las calles colindantes y vendían productos que también se encontraban en el interior de la Fira.

“Son productos robados, de la basura, de lo que recogen por ahí, de lo que les dan… y lo venden en la puerta”. Confirma que juegan al gato y al ratón con la Guardia Urbana de Barcelona, huyen ante la llegada de los agentes pero vuelven corriendo en cuanto éstos abandonan la zona. “La policía va haciendo, pero no van a estar las 24 horas vigilando que no se pongan”.

Permisibilidad

Coincide con Cayetano en que degrada la imagen del mercado, ya no tanto por el turismo --“los turistas vienen, hacen una foto y se van”--, sino por los barceloneses que sí suelen comprar allí. A ella no le afecta en exceso la presencia de los manteros, puesto que venden productos diferentes. Pero sí a los puestos en los que venden productos de segunda mano.

Uno de los vendedores de este tipo de puestos que prefiere no ser identificado asegura que “la cosa está fatal y nunca sabes si es por la situación de la economía o por los manteros, pero supongo que todo afecta”. Subraya de nuevo el problema de la imagen de Los Encantes y formula una pregunta que, al menos a día de hoy, es retórica: “Si en el centro de Barcelona no se permite, ¿por qué aquí sí?”.