Jordi Roca es una estrella de los fogones, los obradores y los proyectos gastronómicos. Es cierto que también es un gran influencer y, en sus ratos libres, DJ.
El pastelero de El Celler de Can Roca no para. Al menos, eso parece. Pero también tiene un lugar donde relajarse. Un refugio de estilo japonés a 15 minutos del centro de Girona donde descansa.
La responsable de hacer de esta casa un lugar acogedor y acorde a su propietario es la arquitecta Olga Felip.
A ella se le encargó hace seis años el diseño de la casa con una idea que condiciona toda la construcción: proteger la intimidad desde la calle y abrir la vivienda hacia el jardín.
Las medidas de la casa
Dicho y hecho. La casa tiene 200 metros cuadrados, distribuidos en dos plantas, y está muy protegida del mundo, sin estar aislada. La ciudad está a un cuarto de hora.
El interior, además, es recogido. La madera quemada de la fachada, las grandes cristaleras y la piscina integrada en el césped definen el exterior.
Aire japonés
Dentro, las obras de arte, una cocina blanca y los objetos personales de la familia ponen el contrapunto a una arquitectura de líneas sobrias.
La inspiración japonesa está presente desde el exterior. Roca tomó como referencia las casas de madera que conoció durante sus viajes a Tokio y el cambio de tonalidad que experimenta este material con el paso de los años.
El resultado es una fachada oscura, revestida de madera quemada, que apenas deja ver el interior desde la calle.
La vivienda cambia por completo en su parte más privada: los grandes ventanales permiten que la luz y las vistas del jardín entren en las estancias principales.
Contacto con el exterior
Y es que una cosa es el aislamiento del mundo y otra muy distinta, no estar conectado con él. Jordi Roca es de los segundos. Por eso, el entorno también tiene su papel en este refugio.
La gran cristalera del salón permite contemplar el jardín desde el interior. Junto a ella, Roca tiene una chaise longue de cuero negro con reposapiés que utiliza para leer, ver la televisión o descansar.
La cocina
Junto a la entrada hay un pequeño estanque con una fuente de inspiración japonesa. El agua y el canto de los pájaros son algunos de los sonidos que se perciben desde el interior.
Pero, si un espacio debe ser importante para un chef, es la cocina. O no. Aunque Roca ha desarrollado buena parte de su carrera alrededor de la repostería y el chocolate, la cocina doméstica tiene un uso cotidiano.
Es de la firma Bulthaup, con acabado blanco lacado, armarios integrados y una isla central con placa de cocción negra. Un ventanal situado detrás de la encimera permite cocinar con vistas a los árboles.
Claro que su pasión por el dulce tiene su espacio. Como se sabe, Jordi Roca es un experto en postres, pero el chocolate es su debilidad. Tanto que hasta tiene un espacio para él.
Vino y chocolate
La casa tiene una vinoteca a 16 grados y aquí el cocinero guarda este preciado ingrediente, tan querido por él, justo a la temperatura que considera adecuada para conservar el chocolate.
Más allá de eso, la casa está pensada para compartir el día a día en familia. El chef vive aquí con su mujer, Alejandra Rivas, y su hija Queralt, y eso se nota.
Arte y familia
Las fotografías, las mantas, los utensilios y las vajillas creadas junto a artistas amigos forman parte de la decoración. Son objetos vinculados a sus habitantes, sin que el diseño dependa de una acumulación de elementos decorativos. Lo mismo pasa con el arte.
Una de las piezas más llamativas es un friso horizontal de Miquel Barceló, en tonos ocres, que el pintor regaló a Roca en 2014. También hay una obra realizada con vino por Franc Aleu.
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