Cataluña ha dado muchas estrellas de cine. La más conocida de estos tiempos sigue siendo el director J. A. Bayona, director de Lo imposible y La sociedad de la nieve. Pero hay más.
Aunque ahora se deja ver menos, Daniel Brühl se hizo muy conocido hace unos años. Saltó al estrellato con una película alemana, Good Bye, Lenin!, y su éxito reveló su procedencia.
El actor nació en Barcelona, pero pasó mucho tiempo en Alemania. Su padre, como bien indica su apellido, es de allí.
Pasó mucho tiempo en Alemania, sobre todo desde la juventud, pero durante su infancia hacía la ruta Barcelona-Pirineo-Pratdip y pasaba allí sus vacaciones. Es precisamente eso, su refugio de infancia.
El nombre y el escudo
Lo curioso es que muy pocos conocen Pratdip, pero es un municipio muy particular. Y no solo por su nombre.
En su escudo hay un perro negro, pero no de una raza cualquiera, sino de los Dip, los perros vampiro que atemorizaron durante años a este pueblo de Cataluña.
Los perros vampiros
La leyenda cuenta que estos animales eran hijos del infierno. Adquirían todo tipo de formas, se comían y destrozaban el ganado e incluso se bebían la sangre de sus víctimas.
Tenían una lengua roja y fina, los ojos bien rojos y un pelo negro azabache que resalta la oscuridad de este ser.
El pueblo en varias ocasiones quiso acabar con ellos, pero nunca consiguió cazar a ninguno. Eso no quita que no los vieran.
Los calificaban de perros endemoniados, de aspecto amenazante. El terror de esta región de Cataluña en pleno siglo XIX.
Dónde está
Situado a media hora de Tarragona, a la entrada del parque natural de Llaberia, Pratdip vive con este pasado a sus espaldas.
Una historia que ha quedado por escrito y ha sido protagonista de diferentes obras literarias de prestigio.
Los Dip en la literatura
El libro más conocido de todos es Les històries naturals, de Juan Perucho. Allí, el protagonista investiga a Onofre de Dip.
Bajo este nombre se esconde un caballero vampiro que tiene la capacidad de convertirse en diferentes animales. Lo mismo que le sucede a los perros de este prado tarraconense.
Un poco más light y menos violentos son los libros infantiles de Antonia Cugat y Eva Sánchez, El poblet dels Dips y Dip: más allá de la oscuridad, respectivamente. Claro que aquí ya eran los perros que conoce el resto del pueblo.
La literatura y la tradición oral no han sido los únicos en dejar constancia de la existencia de estos seres malignos.
Una iglesia con un mensaje al diablo
La iglesia de Pratdip conserva el retablo de Santa Maria, una obra de arte de 1602 en la que aparece, curiosamente, un perro negro, maligno y feroz.
“Más próximo al diablo que a la fe”, según reza la descripción que hace de esta figura el Ayuntamiento.
Obra de arte
Visto con el tiempo, aseguran que, a pesar de que este mismo cuadro contribuyó a hacer más grande la leyenda, el objetivo era otro: dar una imagen de normalidad para que el pueblo dejara de atemorizarse ante la presencia de canes.
Sean los libros, la pintura o la leyenda. Lo cierto es que, por un lado, los Dip parecieron desaparecer sin saber la razón a partir del siglo XIX. Por otro, se han convertido en el emblema del municipio en muchos sentidos.
El nombre de la localidad ya habla mucho. Pratdip no es otra cosa que el prado de los Dip.
Un prado en el que, ahora mismo, existe una escultura de estos particulares perros vampiro. Un pueblo en cuyo escudo aparece este cánido de color negro.
Pratdip, más allá de los canes
Pero atención. Porque hay más. Pratdip no solo es un pueblo de leyenda. Más allá de los misteriosos canes nocturnos, esta población al sur de Tarragona despliega otros encantos notables.
Destaca por encima de todo el imponente castillo que se alza majestuosamente sobre la colina, proporcionando vistas panorámicas de todo el prado.
El castillo
A pesar de que solo se conservan las ruinas del siglo XII, aún persisten muros que permiten entrever la grandeza que alguna vez fue.
Más allá de este rincón a las afueras, este municipio tiene encanto en cada rincón. Sus calles empedradas, adornadas con elegantes arcos, dejan entrever su pasado medieval.
La conservación de los lavaderos no deja de ser un testimonio de un pasado no tan lejano en el que la tecnología no estaba presente.
La percepción de un tiempo suspendido se manifiesta en cada esquina. Porque Pratdip es leyenda y tradición.
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