Nunca lo ha escondido. Aunque lleve más de media vida en Madrid, Loles León es de Barcelona y, más concretamente, de la Barceloneta, el barrio de pescadores de la capital catalana.
A pesar de que ahora está plagado de pisos turísticos y restaurantes que sirven paella a precio de caviar, los que se han quedado allí saben que todavía el barrio mantiene su esencia.
Loles León también lo defiende. Cuando se pasea por allí siente el ambiente de barrio. La saludan por la calle, le recuerdan su infancia. Loles es una más y se siente una más.
Es el refugio en el que puede ser ella misma. No importa su fama, ella es hija de ese barrio y está orgullosa de ello.
El barrio de su vida
Es cierto que la actriz creció en una Barceloneta muy distinta de la actual, cuando la vida transcurría principalmente en la calle y las familias compartían mucho más que una escalera o un patio de vecinos.
Lo que sí se mantiene es la playa. Esta sí ha mejorado. El Somorrostro ha crecido, se ha renovado y hoy hay 422 metros de costa y paseo que todo el año está lleno de gente.
Quién vive allí
También los vecinos del barrio son más. Hoy, en la Barceloneta hay censados 14.665 habitantes. Sin contar los turistas que pasan por las decenas de pisos turísticos que hay.
Lo curioso es que no son muy grandes. Todavía existen los cuartos de piso que hicieron tan famosa a esta zona que nació portuaria y, de alguna manera, se mantiene portuaria.
Barrio de la Barceloneta
Su historia se remonta a mediados del siglo XVIII, cuando se urbanizó un espacio ganado al mar para alojar a vecinos que habían perdido sus viviendas con la construcción de la Ciudadela.
Ese trazado todavía se mantiene 250 años después, igual que su relación con el Mediterráneo, aunque la presión turística y la transformación del litoral han cambiado su fisonomía.
La historia de Loles
Hoy apenas hay espacio para las churrerías y buñolerías que regentaban los padres de Loles. Hoy solo hay heladerías, restaurantes y tiendas de surf.
Sí se mantienen esas viviendas de 30 metros cuadrados y menos, como en las que vivía Loles. Aquí podían llegar a convivir hasta 15 personas, como comentaba la actriz a Jordi Évole.
La calle como extensión de la casa
Por eso, la calle era el lugar en el que todo pasaba. La falta de espacio, la ausencia de agua caliente y las dimensiones de las viviendas hacían de las calles el patio inexistente de esas viviendas.
Lamentablemente, hoy ese tamaño de los pisos se mantiene en algunos bloques de viviendas, pero son impagables. Y en la calle los niños ya no pueden salir a jugar.
La Barceloneta de aquellos años era un barrio popular y marinero. La pesca, el puerto, los talleres y las actividades industriales estaban integrados en el día a día de sus habitantes.
Hoy las motos de alquiler, las bicicletas y los coches hacen casi imposible esa vida. ¿Nostalgia de un pasado cochambroso? Tampoco.
Los cuartos de piso
Como se ha mencionado, las primeras casas de la Barceloneta contaban, generalmente, con una planta baja y un piso. Con el aumento de la población, muchas viviendas se dividieron para acoger a más familias.
De ese proceso surgieron los conocidos como cuartos de piso, espacios de unos 28 metros cuadrados que todavía forman parte del paisaje arquitectónico del barrio y que hoy se alquilan por más de 700 euros al mes, si hay suerte.
Qué queda de la Barceloneta
Pero la Barceloneta es más que los cuartos de piso y una retícula de calles estrechas ganadas al mar. También son sus plazas o la iglesia de Sant Miquel del Port.
La Barceloneta es el mercado, los restaurantes como el Salamanca y otros dedicados a la cocina marinera de verdad, no la destinada a turistas. Porque este barrio siempre ha mirado al mar.
Imposible no hacerlo teniendo 422 metros de playa con una anchura de unos 60 metros, cuando no hay temporal.
Esta zona también ha cambiado, pero para bien. Se puede reprochar que el paseo está lleno de turistas, pero antes toda esa franja estuvo condicionada por las actividades portuarias e industriales.
La Barceloneta olímpica
Los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 cambiaron todo. Si bien muchos vecinos del Somorrostro fueron expulsados del asentamiento, la recuperación de la fachada marítima permitió ampliar los espacios de uso ciudadano y mejorar la conexión entre la ciudad y el mar.
Actualmente, la playa de la Barceloneta es una de las más queridas por sus vecinos. Es la que mantiene parte de su esencia, aunque ahora tenga a los extremos dos hoteles de lujo: el Arts y el W, más conocido como hotel Vela.
Qué queda del barrio
Pero si uno quiere conocer la Barceloneta de verdad, aquella donde creció Loles León, todavía puede.
La Casa de la Barceloneta es un edificio de 1761 que aún se mantiene en pie y conserva elementos de la arquitectura doméstica de los primeros años de urbanización. Hoy, además, funciona como un espacio dedicado a explicar la evolución histórica y social de la zona.
El mercado de la Barceloneta también ocupa un lugar destacado en la vida del barrio. El equipamiento y su entorno concentran buena parte de la actividad comercial y vecinal. Por aquí se pasea la actriz cuando viene.
También lo hace por los bares y restaurantes del barrio que mantienen la tradición de la gastronomía vinculada al mar.
El amor de Loles León
Toda esta mezcla de viviendas históricas, comercios tradicionales, establecimientos gastronómicos y equipamientos culturales es lo que enamora al visitante y lo que hace que Loles León todavía sienta que aquí está su mundo.
La actriz continúa identificando la Barceloneta con esa forma de vida basada en las relaciones personales. Esa Barcelona que parece perdida, pero que allí está escondida. Por eso es todavía hoy el refugio de Loles.
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