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Hace mucho tiempo que está alejado de las cámaras, pero no cabe duda de que Pedro Ruiz es un referente del periodismo español.

Ha hecho de todo: radio, televisión, teatro y hasta ha escrito libros. A pesar de haber trabajado mucho en Madrid, el catalán nunca ha renegado de su procedencia y de su tierra, aunque otros sí lo hayan hecho.

El presentador y humorista ama Cataluña. Aquí se crió, aquí empezó su carrera y aquí, a sus 78 años, sigue teniendo su refugio.

Lo hace en un lugar que, por sus dimensiones y habitantes, se podría decir exclusivo. Es un barrio de Sitges, pero apartado de la ciudad. Aquí solo viven poco más de 500 personas y en torno a la playa.

Dónde está

En cambio, el lugar, Garraf, está a solo 30 kilómetros de Barcelona y, si bien no se llega por autopista, cualquiera puede arribar en tren. Algo que ya resta exclusividad.

¿Le importa eso a Pedro Ruiz? Poco; para él, su refugio estival es "un pequeño escenario mediterráneo donde el telón de fondo lo ponen la roca y el mar".

Acantilados que bajan al mar

De hecho, las rocas vienen del acantilado en el que está metido y se adentran hasta el mar. Hasta aquí se acercan muchos aficionados al snorkel.

Están tranquilos. Al estar cubierta por las montañas del macizo del Garraf, la playa queda protegida del viento. Esto permite largas caminatas, tranquilidad y aguas calmadas.

Playa de Garraf

La playa está definida por sus casetas de madera, que recuerdan a Muerte en Venecia, aunque sus aguas cristalinas y arena blanca le dan mayor encanto.

La cala, la única que hay, mide 380 metros de largo y unos 28 metros de ancho. Y, a pesar de sus pequeñas dimensiones, se ubican tres restaurantes y dos chiringuitos.

Playa con actividades

También se pueden alquilar kayaks, patines de pedales y tablas de paddle surf. Por último, y como buena playa urbana, dispone de todo tipo de servicios: duchas, socorristas y rampas de acceso.

Claro que, si algo destaca, es el exclusivo y recuperado hotel privado, gestionado por el grupo Soho Club. Un hotel que llamó la atención de National Geographic.

Un club exclusivo

Tiene solo 17 habitaciones, está abierto a socios y no socios y respira despreocupación, bohemia y glamour.

La empresa restauró un hotel de los años cincuenta y ha mantenido su esencia y aire retro con todos los lujos de los hoteles de la cadena, incluidos tres restaurantes: uno cubierto, otro en la terraza y uno en la azotea.

En cualquier caso, si algo destaca en esta cala son sus casetas: 33 casetas de pescadores, pintadas de blanco y verde, que le dan un aspecto entre pintoresco y nostálgico.

En cualquier caso, inconfundible. Su fotogenia las ha convertido en un plató ideal para spots de televisión o escenas de películas.

Casitas patrimoniales

Y eso que ya tienen 120 años de historia, un factor que las ha llevado a ser declaradas Bien Cultural de Interés Nacional.

El porqué de la ubicación de estas casetas allí es, todavía hoy, un misterio. Unos dicen que fueron instaladas por los primeros bañistas.

El origen de estas contrucciones

Otra versión sostiene que eran espacios utilizados por los pescadores. Por último, no se descarta que en realidad fueran para los trabajadores del ferrocarril, porque sí, el tren llega hasta allí.

En cualquier caso, estas casetas, o al menos las primeras, datan de 1923. Estaban hechas de madera y el clima y las olas las echaban abajo con facilidad.

Casitas de la playa de Garraf

No fue hasta 1931 cuando Domingo Sorribas, con permiso de la Comandancia de Marina, construyó la primera caseta sobre pilares. La aprobación despertó el interés de muchos vecinos y ya en 1934 había 33 casetas.

Imagen de 'marca'

Desde entonces han pasado muchas cosas. En 1946, el Ministerio de Obras Públicas (MOPU) se convirtió en el propietario de las casetas y responsable de hacer las concesiones.

Además, fijó que todas tenían que ser iguales y estar pintadas de blanco y verde. Una estética que aún se mantiene.

Cómo es Garraf

A partir de los años 50, las casetas fueron amenazadas por la ampliación del pueblo, la construcción del puerto deportivo y la llegada del turismo.

Pero siempre se mantuvieron en pie gracias a la lucha vecinal, cuyos miembros tuvieron un papel clave.

En 1984, la Associació de Veïns de la Platja de les Casetes de Garraf se organizó para conservarlas, pero ahora están en manos privadas. La mayoría pertenecen a los herederos de sus constructores.

Pero a Pedro Ruiz no le gusta solo la playa, sino todo lo que implica y contiene Garraf. Fundado en 1901, es uno de los pueblos más jóvenes de Cataluña.

Una cantera y un conde famoso

Por aquel entonces, el pueblo no era más que una colonia de pescadores y trabajadores de la cantera de La Falconera, situada en las proximidades, y del puerto, propiedad del conde Güell.

Su ubicación privilegiada lo convirtió en un lugar atractivo y, en la segunda década del siglo XX, ya tenía más habitantes que Castelldefels.

Edificio de Gaudí

La actividad de la cantera atraía a trabajadores y el propio Eusebi Güell mandó construir un apeadero, hoy convertido en estación. Allí empezó la gran eclosión.

De aquellos tiempos todavía se mantienen en pie edificios históricos y de una arquitectura más que interesante.

Bodega Güell WIKIPEDIA

El más especial es la Bodega Güell. El nombre ya da pistas. Si allí estaba el conde Güell, es fácil deducir que le pidió a su arquitecto favorito una casa en el lugar.

Y Gaudí erigió esta construcción, una bodega donde ahora se encuentra un restaurante diseñado por el referente modernista.

Cómo llegar

Fue precisamente por Eusebi Güell que este pequeño municipio cuenta con estación propia. Aquí llega la línea R2 Sud de Rodalies, que tarda menos de media hora en llegar desde Barcelona.

Igual Pedro Ruiz no llega aquí así, sino en coche. Es fácil, basta con tomar la C-31, conocida como la carretera del Garraf, famosa por sus curvas y la leyenda de una niña que se aparece.

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