Mientras Àngels Barceló pasa sus veranos y escapadas en Menorca, el presentador de La Ventana, Carles Francino, suele escaparse bastante a su tierra, Cataluña.
No elige la Costa Brava, es más de la Costa Dorada, en la zona de Tarragona. El periodista vivió aquí mucho tiempo y encuentra aquí su refugio, en un pueblo de apenas 5.700 habitantes.
Aunque nació en Barcelona, el histórico comunicador de la Cadena SER pasó parte de su infancia y juventud entre la vieja Tarraco y Altafulla, con la que mantiene un estrecho vínculo sentimental.
El propio Francino ha recordado en distintas entrevistas que esta localidad forma parte de su historia personal. De hecho, nunca ha ocultado el cariño que siente por el municipio.
Francino y la promoción de Altafulla
Este aprecio llegó a su hijo, el actor Carles Francino, quien tiene allí una casa. Juntos protagonizaron en 2018 un vídeo institucional en el que ejercían de anfitriones y mostraban algunos de los rincones más emblemáticos del pueblo.
No resulta difícil entender ese apego. Entre el encanto medieval de la Villa Closa, las playas que se extienden junto al castillo de Tamarit, las leyendas de brujas y el legado romano de Els Munts, este pueblo tiene varios atractivos que invitan a quedarse o, al menos, a conocerlo.
Qué tiene el lugar
¿Qué aguarda al viajero allí? En primer lugar, la citada Villa Closa. Este es el nombre que recibe el núcleo histórico de Altafulla.
Este recinto fortificado nació en el siglo XI y todavía conserva buena parte de su trazado medieval. En la parte más elevada se levanta el Castillo de Montserrat, construido también en el siglo XI y convertido en el gran símbolo del municipio.
La Villa Closa de Altafulla
También merece la pena visitar el museo etnográfico para conocer el pasado agrícola del lugar o acercarse hasta la iglesia de Sant Martí. Recorrer la calle del Forn y terminar en la Plaza del Pou, donde se encuentra el monumento dedicado a los castellers, es una buena ruta.
Por el camino es importante fijarse en un detalle muy curioso: el nombre de algunas de las calles de Altafulla. Allí se descubre algo que define a la localidad. Varias de ellas están dedicadas a las brujas. ¿Por qué?
Un pueblo lleno de brujas
Altafulla presume de este pasado legendario. Es tierra de brujas y lo exhibe con mucho orgullo.
Cada año el municipio se moviliza para celebrar la Nit de les Bruixes. Durante esta fiesta, que tiene lugar a finales de junio, Altafulla se llena de espectáculos, mercados y recreaciones inspiradas en aquellas antiguas leyendas.
Qué se dice
Los relatos sobre estas mujeres han sido recopilados en distintos libros que pueden adquirirse en el municipio.
Según la tradición, muchas de ellas eran mujeres libres que recorrían los supuestos pasadizos secretos de Altafulla para reunirse en la playa y celebrar rituales.
Fachada del Ayuntamiento de Altafulla (Tarragona)
De aquella época permanecen tanto las leyendas como algunos de los símbolos asociados a ellas. Como varias piedras que, durante el mercado medieval, se venden por sus supuestas propiedades protectoras o relacionadas con la salud y la prosperidad.
Algunos vecinos incluso siguen explicando antiguos rituales populares transmitidos de generación en generación. Tal vez eso es lo que atrapó a Francino.
Una villa romana
También puede ser su historia. La de verdad, la que se remonta hasta la época del Imperio romano, que erigió aquí la villa dels Munts. Este yacimiento arqueológico fue la residencia de Caius Valerius Avitus, uno de los altos cargos de la antigua Tarraco, e incluso lugar de veraneo de Adriano.
Construida en el siglo I, la villa romana fue abandonada tras un incendio dos siglos después. Aun así, todavía conserva mosaicos, termas, estanques, almacenes y numerosas dependencias que permiten comprender cómo vivían las élites imperiales.
Las playas
Por último está el otro atractivo de Altafulla: el Mediterráneo y sus playas. La población cuenta con más de un kilómetro de arenales en su litoral.
Destacan su arena dorada, sus aguas tranquilas y el ambiente familiar que mantiene incluso durante buena parte del verano.
Playa de Altafulla
El paisaje está presidido por el castillo de Tamarit, una de las imágenes más conocidas de toda la Costa Daurada. No forma parte de Altafulla, pero a su lado se extiende la larga playa de esta localidad.
Aunque uno puede cruzar al otro lado de esta fortaleza para descubrir, a sus pies, una pequeña cala mucho más tranquila, perfecta para quienes buscan alejarse del bullicio.
Una ruta al lado del mar
Otra de las grandes propuestas de Altafulla: el Camí de Ronda que, en dirección a Torredembarra llega hasta la pequeña playa del Canyadell. Más adelante surge el acantilado de la Bramadora, uno de los rincones más fotografiados del recorrido.
La ruta puede continuar hasta el faro de Torredembarra y el puerto deportivo, donde es posible descansar en alguno de sus bares o restaurantes antes de emprender el regreso.
Faro de Torredembarra
Durante el paseo también puede visitarse la Roca Foradada, una curiosa formación rocosa junto al mar que se ha convertido en otro de los símbolos naturales de esta parte del litoral.
Aunque, si uno prefiere quedarse por Altafulla, puede pasearse por el barrio de Les Botigues de Mar, conocido por sus pequeñas casas blancas levantadas en el siglo XVIII como almacenes para los pescadores y convertidas hoy en viviendas y pequeños establecimientos llenos de encanto.
Cómo llegar
Brujas, castillos medievales, playas, ruinas romanas… ¿qué de todo hizo que Francino encontrara allí su refugio? “No sé lo que embruja, pero Altafulla tiene un algo, difícil de explicar”, confesó.
Quien desee descubrir qué es, puede hacerlo fácilmente. Rodalies y los trenes regionales de Renfe tienen allí parada, y la autopista AP-7 cuenta con una salida que permite llegar directamente al municipio.
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