Cuando se habla de rutas de senderismo por la montaña, muchas veces se destaca el paisaje y, tal vez, alguna ermita o pequeña iglesia por las que se pasa. Hay una, en cambio, que ofrece algo más: la entrada a un palacio.
El camino en cuestión es fácil y no excluye los grandes parajes naturales; de hecho, transcurre a orillas del río Ter.
Todo empieza en Bescanó (Girona), donde arranca una de esas rutas cortas, de apenas 5 kilómetros, que sorprenden mucho más de lo que aparentan.
Tiene pasarelas, un antiguo palacio, un molino con más de 700 años de historia y varios canales y elementos hidráulicos que impulsaron la industrialización de Girona.
Ruta circular
El itinerario es circular y se recorre en poco más de una hora a pie. La meta es el Palau Berenguer, pero el verdadero protagonista es el Ter. El cauce del río actúa casi como guía a medida que uno se adentra en el bosque.
Muy pronto aparece una pasarela que permite cruzar el río, uno de los lugares más apreciados por los más pequeños y los creadores de contenido. Desde ella se obtienen algunas de las mejores vistas del Ter a su paso por Bescanó.
El misterioso Palau Berenguer
El camino sigue adentrándose en el bosque, cada vez más frondoso. Hasta que, en medio de tantos árboles, aparece la auténtica joya de la ruta: el Palau Berenguer.
No es una exageración: este edificio es un auténtico palacio que, a pesar de estar abandonado y prácticamente oculto entre la vegetación, tuvo su importancia, y no solo para los nobles.
Antes de ser una residencia de nobles y burgueses, aquí se encontraba el Molí de Benages, documentado ya en 1299. Este molino harinero aprovechaba, antes de la Revolución Industrial, la fuerza hidráulica del Ter.
No fue hasta comienzos del siglo XVII cuando el lugar fue transformado por completo. Sus responsables erigieron allí una gran masía agrícola en el año 1603, fecha que todavía puede leerse en una de sus bóvedas.
Quién vivió allí
Sus habitantes, la familia Benages, gente burguesa y enriquecida, supieron sacar provecho del lugar. Durante el siglo XVIII hicieron de la masía un centro administrativo de sus extensas propiedades.
Más tarde, ya en el siglo XIX, fue Joaquim de Berenguer y de Camps de Benaiges quien vivió aquí y reformó por completo el inmueble para convertirlo en un palacete, una residencia de verano ideal para soportar el calor.
Qué se conserva
El hijo de esta familia, Ramon de Berenguer i Llobet, que recibió el título de conde pontificio de Berenguer, fue quien heredó la casa. Fue entonces cuando la masía cambió de nombre, al menos para los lugareños, que empezaron a llamarla popularmente Cal Conde.
El palacio hacía honor a su sobrenombre. Aunque hoy están engullidos por la vegetación, los muros, la galería de arcos, la pequeña torre y la antigua capilla demuestran la nobleza de la vivienda y de sus habitantes.
Declarado hoy Bien Cultural de Interés Local (BCIL), el conjunto no luce como una mera casa abandonada más en el bosque. El Palau Berenguer conserva aún la huella de todas las épocas por las que ha pasado.
A través de esta imagen tan romántica como decadente, aún se aprecia esa evolución: de molino a explotación agrícola de gran tamaño y, finalmente, a residencia de recreo de esta conocida familia nobiliaria.
Un canal de importancia
Tanto el palacio como la ruta en sí empiezan a revelar algo más a partir de este punto: hasta qué punto el Ter condicionó el desarrollo económico de Bescanó. Más allá del noble edificio, cerca del lugar pasa el Canal de Vilanna, conocido también como el Canal del Comte.
La infraestructura, de 5 kilómetros de longitud, fue construida a comienzos del siglo XX para abastecer las centrales hidroeléctricas de Vilanna y Bescanó. Hoy todavía sigue en funcionamiento.
El paso de las barcas
El canal aún se considera una de las grandes obras hidráulicas de la comarca. Este canal, como otros por los que pasa la ruta, fue clave para producir electricidad y suministrar energía a las industrias textiles que comenzaron a instalarse en el entorno del río.
Estas no fueron las únicas construcciones que aprovechaban el río. Antes de que existieran puentes y pasarelas modernas para cruzar el Ter, hubo una especie de paso histórico para barcas que comunicaba ambas orillas.
Capella del Molí
Apenas queda nada de esa infraestructura. Las grandes riadas, especialmente la de 1940, destruyeron varias de estas embarcaciones. Aun así, el servicio continuó funcionando hasta 1974, cuando desapareció definitivamente con la mejora de las comunicaciones terrestres.
Aun así, los textos históricos hablan de este paso. Documentado desde mediados del siglo XVIII, se sabe que fue utilizado por diferentes barqueros que, durante décadas, transportaron personas, animales e incluso carros entre las dos orillas mediante embarcaciones sujetas por cables.
Un sendero por el que aprender
Por eso, esta ruta es mucho más que un paseo por el río Ter. En apenas cinco kilómetros, no solo se ve un palacio, sino que se recorre parte de la historia de la zona, de Girona y de Cataluña en general.
Luego está el atractivo del río, las pasarelas de madera, los bosques y las vistas sobre el Ter. En cualquier caso, merece la pena dejarse perder por aquí.
Cómo llegar
Es fácil hacerlo si se vive en Girona. Bescanó y esta ruta están a apenas entre 10 y 15 minutos en coche de la capital gerundense. Desde allí basta con tomar la N-141e hasta llegar.
Otra opción es seguir la misma ruta que desde Barcelona, aunque en ese caso el trayecto dura alrededor de una hora y 20 minutos. Hay que ir por la AP-7, tomar la salida 7 hacia Girona Sud y continuar por la N-141e hasta Bescanó.
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