Los famosos también tienen derecho al descanso y, si son pluriempleados, más. Es el caso de Jordi Cruz que, además de ser el chef triestrellado del ABaC, es jurado de MasterChef y, cada tanto, hace anuncios y participa en eventos.
Claro que, cuando quiere apartarse de todo, tiene su refugio. Ese lugar en el que nadie le molesta. O, al menos, lo hace lo justo. Es Calella de Palafrugell.
El catalán ha elegido esta localidad de la Costa Brava para desconectar de la intensidad que exigen sus restaurantes en Barcelona y las grabaciones del popular talent culinario MasterChef.
Cuando el calendario laboral se lo permite, especialmente tras el reciente arranque de una nueva edición del programa junto a Pepe Rodríguez y la incorporación de Delicious Martha, el cocinero catalán suele refugiarse en esta localidad gerundense.
Refugio compartido
No es extraño verle paseando por sus calles blancas junto a su pareja, la arquitecta Rebecca Lima, integrándose en un paisaje que parece haberse detenido en la época en que la pesca era el motor principal de la región.
Calella de Palafrugell está a apenas treinta minutos de Girona y mantiene una población estable de unos 600 habitantes durante todo el año. Su pulso, eso sí, se acelera con la llegada del periodo estival, sin perder por ello su atmósfera serena.
El símbolo de Calella
El corazón de este enclave late con fuerza en el casco antiguo y, de manera muy especial, en la playa de Port Bo.
Conocida popularmente como la playa de las barcas, este espacio es el símbolo máximo de la fisonomía del pueblo.
Allí, las lanchas de los pescadores descansan todavía sobre la arena, justo frente a las fachadas encaladas y los icónicos soportales de Les Voltes.
Estos arcos abovedados, que en el pasado servían de refugio y mercado para los marineros, ofrecen hoy sombra a los visitantes que recorren la primera línea de costa.
Ocho playas donde elegir
La orografía de Calella es un catálogo de pequeñas calas y espacios para el baño que se suceden entre acantilados y pinos.
Muy cerca del centro se encuentran playas urbanas como Port de Malaespina, la Platja d'en Calau o la Platgeta.
Dos miradores para verlo todo
Hacia el norte, el paisaje se abre ligeramente en la playa de El Canadell y Els Canyers, que ofrecen algo más de espacio para los bañistas.
Para obtener una perspectiva completa de este conjunto arquitectónico y natural, el mirador de Manel Juanola i Reixach y la Punta dels Burricaires se erigen como puntos estratégicos desde donde se divisa el caserío blanco recortado sobre el azul intenso del Mediterráneo.
Más allá del baño y el descanso, Calella de Palafrugell ofrece una conexión profunda con la naturaleza a través del Camino de Ronda de la Costa Brava.
Esta senda litoral es el principal aliado de quienes prefieren la actividad física, uniendo el pueblo con Llafranc y los Jardines de Cap Roig.
Un castillo con festival
Durante el recorrido, el caminante descubre calas escondidas de gran belleza, como la cala del Golfet, una pequeña joya rocosa situada a los pies del Espacio Natural Protegido de Castell-Cap Roig.
Es precisamente en este entorno donde se ubican los jardines botánicos de Cap Roig, un espacio con más de 1.000 especies vegetales que sirve de escenario para el prestigioso Festival de Cap Roig.
Territorio indiano
La herencia histórica del municipio no solo se refleja en su arquitectura pesquera, sino también en el llamado camino de los Americanos, que une Calella, Llafranc y Llofriu.
Esta ruta celebra el legado de aquellos emigrantes que cruzaron el Atlántico para hacer fortuna en Cuba y regresaron para dejar su huella en la cultura local.
Esta influencia se mantiene viva incluso en la música popular, con canciones que recuerdan la época indiana y que suelen entonarse en las calas íntimas del municipio tras una jornada de sol.
En el ámbito gastronómico, un terreno que Jordi Cruz conoce a la perfección, la zona destaca por su respeto al producto local y a la cocina del Empordà.
Gastronomía local
Por último, cabe destacar otro gran valor de Calella, sumamente apreciado por un chef como Jordi Cruz: la gastronomía.
Aquí no faltan los restaurantes ni los platos de pescado y marisco. Uno de los más degustados es el arroz en todas sus variantes: paella, arroz negro o arroz marinero. Tampoco faltan las fideuás, el suquet de peix o los guisos de pescado con patata y un caldo potente enriquecido con una picada tradicional.
Más allá de eso está el encanto de sus calles. La calle de la Gravina o Les Voltes son famosas por las buganvillas que adornan las fachadas blancas de las casas de Calella.
Caminando sobre los adoquines se llega a la iglesia de Sant Pere de Calella de Palafrugell, una construcción modesta, de torre cuadrada y nave única, que sigue la tradición del blanco local.
Cómo llegar
Calella tiene otra ventaja: está muy cerca de Barcelona, a una hora y media en coche, si no hay caravanas.
Se suele ir por la AP-7 y tomar la salida 9 para enlazar con la C-35 hasta el desvío por la C-31 en dirección a Palamós. Una vez pasado este municipio, solo hay que continuar por esa vía hasta llegar al destino.
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