Pantano de de Riba-roja
No es Sau: el embalse de Cataluña donde bañarse junto a un campanario que emerge del agua
Son muchos los que cada verano se acercan a navegar en kayak o con pequeñas embarcaciones
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Cuando uno ve un campanario emergiendo del agua, lo primero que piensa un catalán es en el pantano de Sau. Lo curioso es que no es el único del territorio. En la frontera entre Cataluña y Aragón hay un caso parecido: el embalse de Riba-roja.
La estampa es casi la misma, pero a una escala distinta y menos conocida. Este bebe del río Ebro, pero también guarda un pueblo bajo sus aguas. También un castillo. Y, además, un viejo túnel ferroviario parece morir allí.
Todo empieza a finales de los años 50 del siglo XX. El proyecto, impulsado para la producción hidroeléctrica, culminó en 1969 con la inundación de miles de hectáreas que dejó bajo el agua el antiguo pueblo de Fayón.
No fue lo único. El antiguo valle fluvial quedó sumergido y con ello su castillo, su iglesia y decenas de viviendas. Y su población fue trasladada a una nueva ubicación elevada.
Un campanario resistente
Antes de la inundación, buena parte del pueblo fue demolida, borrando físicamente calles, casas y espacios cotidianos. Sin embargo, no todo desapareció.
El campanario de la iglesia de San Juan Evangelista, construido en el siglo XVI, permanece como un vestigio visible de aquel proceso.
Qué se ve
Su presencia depende del nivel del embalse. En determinadas épocas, la torre se alza de forma clara sobre la superficie; en otras, apenas asoma o queda parcialmente cubierta.
La aproximación al campanario se ha convertido en una de las experiencias más reconocibles del embalse.
Son muchos los que cada verano se acercan a navegar en kayak o con pequeñas embarcaciones que permiten recorrer este tramo con facilidad.
Las condiciones del agua, prácticamente sin corriente, favorecen tanto la navegación como el baño. A diferencia de los ríos en estado natural, aquí las aguas se remansan y hasta crean pequeñas playas fluviales.
Los restos del tren
Otros elementos del entorno refuerzan esa idea de territorio en transición. La antigua línea ferroviaria que unía Madrid y Barcelona tuvo que ser rediseñada tras la inundación.
Pero en el lado aragonés aún quedan los restos de esa vía. El túnel excavado en la roca, conocido como túnel de los Franceses, formaba parte de la línea inaugurada a finales del siglo XIX y atravesaba el contrafuerte que separa el Ebro del Matarraña.
Un túnel a ninguna parte
Hoy aún se puede ver. Los restos de esa obra de ingeniería excavada en la montaña no solo se conservan, sino que también sobresale parte de la roca por donde pasaban las vías.
Desde las aguas no se ve, pero ese túnel forma parte de itinerarios de senderismo y cicloturismo. Las rutas permiten seguir el borde del agua e incluso bañarse si uno quiere.
@factly28.ai Descubre el pueblo de Fayón, Zaragoza, que desapareció bajo el agua tras la creación del 'Mar de Aragón'. #Fayón #HistoriaOculta #MisteriosDelMundo ♬ sonido original - FACTLY
No pasa lo mismo con la boca catalana del túnel, la que daba hacia La Pobla de Massaluca. Esta quedó por debajo del nivel del embalse en condiciones normales.
De lo que queda un rastro particular es de la ermita de Berrús de Fayón. Ante la inminente subida de las aguas, el edificio fue desmontado piedra a piedra y reconstruido en una cota superior a finales de los años 60.
Un mirador con Historia
Ahora el templo tiene dos funciones: la religiosa y la de mirador privilegiado sobre el embalse. Desde allí, la vista abarca tanto la lámina de agua como las sierras que delimitan el valle.
Por último, en las zonas elevadas quedan otros restos, los que dejó la Guerra Civil en la Batalla del Ebro. Todavía hoy se conservan restos de trincheras y posiciones defensivas cerca del pantano.
Qué hacer allí
Todo esto forma ya parte de la oferta deportiva y cultural del embalse de Riba-roja, aunque lo cierto es que son más los que se acercan por la práctica de deportes acuáticos y la observación de fauna.
La presencia de aves como garzas, milanos o martines pescadores indica la riqueza ecológica de un espacio que actúa como corredor natural en el tramo final del Ebro. Además, esta puede contemplarse también desde el kayak.