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Hay playas a las que no se puede llegar a pie, por mucho que se intente. Son esas calas refugiadas entre acantilados, cuya altura es imposible de salvar.

Para muchos, estos parajes son propios de islas o paraísos tropicales, pero los hay también mucho más cerca de casa, en la Costa Brava, sin ir más lejos, y más concretamente en Blanes (Girona).

La primera ciudad del litoral gerundense es de las más accesibles, no así Sa Forcanera. Bajo este nombre que parece balear se esconde una pequeña playa de aguas transparentes a la que solo se accede por mar. Y no a nado, precisamente.

La cala se encuentra entre acantilados, en un entorno de roca y vegetación, justo debajo del histórico Jardín Botánico Marimurtra.

Playa sin camino

Esta imposibilidad de llegar es lo que la hace más atractiva. Aquí apenas hay gente, precisamente porque, a diferencia de la mayoría de las playas de la zona, no existe un camino, sendero o escalera de uso público que permita descender hasta la orilla.

Los acantilados verticales que rodean la pequeña bahía y la delimitación de las fincas colindantes, de carácter privado, impiden el paso a pie.

Acceso marítimo

La única vía para acceder es la marítima. Lo más sostenible y recomendable es ir en embarcaciones sin motor, como kayaks o tablas de paddle surf. Es una manera también de preservar el entorno.

No todos lo hacen. Algunos usuarios optan por hacerlo con sus pequeñas embarcaciones de recreo.

Sa Forcanera

Solo los más atrevidos se animan a aproximarse a nado, aunque no es recomendable si no se está en buena forma física y mucho menos si hay mala mar.

Para hacerlo, las opciones más cercanas son la playa de Santa Anna y la cala de Sant Francesc, que es bastante rocosa.

Cómo es la cala

En cualquier caso, vale la pena. Sa Forcanera está resguardada por acantilados donde crece la vegetación forestal mediterránea, compuesta principalmente por pinos y arbustos adaptados a la salinidad.

Además, su arena es gruesa, con áreas de cantos rodados formados por la erosión continua del oleaje.

Aguas calmas

Al no contar con corrientes fuertes en días de calma, el agua mantiene una visibilidad elevada, lo que facilita la observación de los fondos rocosos y de la fauna marina local.

Aunque, si por algo destaca, no es por sus acantilados, sino por estar debajo del Jardín Botánico Marimurtra, un lugar de película.

Fundado en la década de 1920 por el científico y mecenas alemán Carl Faust, este recinto de divulgación científica alberga miles de especies vegetales de diversos continentes.

Los senderos del jardín bordean el límite del acantilado, ofreciendo amplias perspectivas visuales sobre el mar.

El jardín botánico

Desde los miradores de piedra del recinto, los visitantes pueden observar la cala y el contraste de colores entre la vegetación superior y el tono turquesa del agua, una imagen recurrente en la cartelería y el material promocional de la comarca.

En cualquier caso, esta dificultad para llegar a la playa es su principal encanto. Además, ha actuado como un mecanismo de conservación ecológica de gran eficacia.

Sin servicios

En Sa Forcanera no existen chiringuitos, paseos pavimentados, servicios de alquiler de hamacas ni duchas públicas.

Esta ausencia total de equipamiento turístico ha permitido conservar la flora costera y los hábitats marinos adyacentes en un estado muy similar al original.

No obstante, al tratarse de una ensenada expuesta a las corrientes, la orilla recibe periódicamente residuos plásticos flotantes.

Mantenimiento del lugar

Para mitigar este impacto, colectivos de vecinos y asociaciones de carácter ambiental organizan jornadas periódicas de limpieza, retirando la basura acumulada mediante barcas y kayaks.

El valor de Sa Forcanera reside en su capacidad para ofrecer una experiencia costera diferente, alejada del modelo de playa urbana con servicios integrales.

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