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Es uno de los personajes más queridos de la televisión española. Apenas tiene detractores y encaja las bromas sobre su longevidad como pocos.

Jordi Hurtado es un catalán que se ha ganado el respeto de todo el mundo. Lleva más de 40 años dedicado a la tele, sobre todo por ser el presentador de Saber y Ganar desde 1997.

Tiene ya 69 años y sigue incombustible. Es cierto que, desde esta temporada, ya no presenta la edición del fin de semana. Todo el mundo merece un descanso. Él se lo da.

Lo hace en el refugio que él mismo eligió en 2002, un discreto pueblo, poco conocido, del Baix Llobregat. Aquí ya es un vecino más, aunque a muchos les extraña el lugar elegido.

Dónde vive

Molins de Rei no es un lugar donde vivan famosos ni tampoco gente con mucho dinero. Sus encantos son otros: su calma, sus bosques cercanos y su historia.

El propio nombre del municipio remite a su origen medieval. En 1188, Alfonso II de Aragón ordenó la construcción de unos molinos reales junto al río Llobregat para abastecer de harina a Barcelona.

Origen del nombre

Aquella infraestructura dio lugar a la denominación “Molins de Rei”, una referencia directa al poder real y a la función económica que desempeñó el enclave.

Ya no queda nada de esos molinos, solo su recuerdo en el nombre de la localidad. Lo que sí se mantiene es la relación histórica con el río.

Molins de Rei GALA ESPÍN Molins de Rei

A lo largo del siglo XIX, la llegada de la industrialización transformó profundamente el municipio, gracias al paso cercano del Llobregat.

A su lado fueron surgiendo antiguas fábricas textiles que hoy se han reconvertido en equipamientos culturales o espacios de uso comunitario.

Industrialización y riqueza

Esta capa industrial convive con elementos arquitectónicos de interés, como los esgrafiados de Ca n’Ametller o la presencia del Palau de Requesens, testimonio de épocas de prosperidad vinculadas al desarrollo económico del área.

Las calles conservan también vestigios de sistemas de riego tradicionales, integrados en un tejido urbano que mezcla memoria agrícola e impulso industrial.

Las fiestas

Uno de los eventos que mejor refleja esta continuidad histórica es la Fira de la Candelera, documentada desde 1852.

Nacida como feria agrícola por decreto de Isabel II, ha evolucionado hasta convertirse en una de las citas comerciales más relevantes de Cataluña, sin perder su raíz vinculada al territorio.

Calles de Molins de Rei

Cada mes de febrero, el municipio se transforma en un espacio de intercambio que combina tradición y actividad contemporánea, reforzando un vínculo colectivo que atraviesa generaciones.

Sin embargo, uno de los elementos más singulares de Molins de Rei se encuentra fuera del núcleo urbano, en las primeras estribaciones de la sierra de Collserola. Allí se alzan las ruinas del Castellciuró.

Castillo protegido

Como su nombre indica, es una fortificación cuyos orígenes se remontan al siglo X, aunque su primera mención documental aparece en 1066 y hoy es un Bien Cultural de Interés Nacional.

Construido en un contexto de frontera, el castillo formaba parte del sistema defensivo de la Marca Hispánica, vigilando el paso estratégico del Llobregat. Hay quien afirma que incluso se puede ver el mar.

Rutas por Collserola

Más allá de su valor, está el camino que lleva hasta él y que obliga al visitante a adentrarse en el Parc Natural de la Serra de Collserola, un vasto pulmón verde de más de 8.000 hectáreas que delimita Barcelona por su vertiente interior.

Pero en Molins de Rei estas cifras son más que números. El bosque está tan próximo que más de la mitad de su término municipal está cubierto por esta masa forestal. Con posibilidades de exploración.

Castillo de Molins de Rei TURISME DE BAIX LLOBREGAT

Diversos senderos parten desde el propio casco urbano y permiten adentrarse en la montaña. Un entorno que parece ideal si alguien, como Jordi Hurtado, busca un buen refugio.

En el caso del presentador, no se fue muy lejos. El catalán nació en Sant Feliu de Llobregat en 1957, el pueblo vecino. Ambos muy cercanos a Barcelona.

Cómo llegar

Aquí se llega en transporte público. La línea R4 de Rodalies llega a Molins de Rei en unos 25-30 minutos desde Barcelona.

En coche es más o menos lo mismo. En este caso, se toma la autovía A-2 en dirección a Lleida o la B-23, que enlaza con los accesos al municipio.

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