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La carretera más larga de Cataluña y una de las más bonitas: 340 kilómetros, decenas de túneles, tres provincias y vistas al Mediterráneo

El corredor conecta buena parte de las comarcas catalanas y sus muy distintos paisajes

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Cataluña cuenta con algunas de las carreteras más espectaculares del noreste peninsular. Se ha hablado mucho de la carretera del Garraf o de la carretera de curvas que uno encuentra camino de Cadaqués.

La mayoría de ellas están rodeadas de paisajes naturales que convierten cada trayecto en una experiencia única.

Claro que, si uno circula por la carretera más larga de Cataluña, va a poder disfrutar de un recorrido entre montañas escarpadas, extensos campos de viñedos y vistas abiertas al curso del río Ebro.

Se trata de una vía que arranca en el sur de Tarragona y llega hasta la mismísima Francia, o a la inversa.

Cuántos kilómetros tiene

En cualquier caso, ofrece más de 340 kilómetros de contrastes, pasando de los campos de naranjos de la Comunidad Valenciana a las escarpadas montañas de los Pirineos que separan Cataluña de Francia. Casi siempre con vistas al mar.

No en vano, la carretera más larga de Cataluña, la AP-7, es conocida también como la Autopista del Mediterráneo a su paso por Cataluña. Recorre buena parte del litoral y del interior próximo al mar y es una de las más bonitas de España, si no del mundo.

Menos curvas, más paisaje

Por suerte, esta carretera no destaca tanto por sus curvas, sino por la diversidad del paisaje que ofrece al cruzar el territorio catalán: montaña suave en el norte, llanuras agrícolas, ciudades medianas, áreas metropolitanas, zonas industriales y, al sur, el ambiente de la Costa Daurada.

Es una carretera como cualquier otra, sí, pero también un corredor que conecta buena parte de las comarcas catalanas y sus muy distintos paisajes, cruzando decenas de túneles y con apenas curvas.

Tráfico fluido en la AP-7 a la altura de Sant Cugat

Tráfico fluido en la AP-7 a la altura de Sant Cugat EUROPA PRESS

Por qué es tan larga

La AP-7 no es más que una infraestructura viaria, pero con la peculiaridad de ser una de las más extensas de Cataluña, junto con la N-340. Ambas atraviesan la comunidad de norte a sur siguiendo el eje mediterráneo.

En su tramo catalán, enlaza Girona, Barcelona y Tarragona, tres de los grandes polos del territorio y, por el camino, conecta con la AP-2, que lleva a Lleida.

Más que una carretera

Por eso, su importancia no se explica solo por los kilómetros, sino por la función que cumple. De hecho, es la gran columna vertebral del transporte de larga distancia en Cataluña.

Por aquí circulan centenares de camiones cada día con destino a Francia o a cualquier rincón de España. Y es que, además de ser una vía fundamental para el tráfico local y turístico (conecta con las playas de buena parte de Cataluña), es un eje logístico.

Autopista gratis (por ahora)

Tras la liberalización de varios peajes, su papel se ha reforzado todavía más. El problema es que cada vez hay más retenciones y, sobre todo, más accidentes.

De hecho, el Govern catalán estudia ya volver a convertir esta carretera en una vía de pago, lo que ha generado controversia.

Tráfico en la AP-7

Tráfico en la AP-7 David Zorrakino Europa Press

La vía es extraordinaria. El recorrido comienza en la frontera de La Jonquera, donde el paisaje todavía conserva el carácter de paso entre países y de puerta de entrada a la comarca del Alt Empordà.

Desde ahí, la autopista avanza hacia Figueres y Girona entre campos, colinas suaves y un entorno cada vez más abierto, con la presencia cercana de los Pirineos en el horizonte en algunos momentos del trayecto.

Primer tramo: Pirineos-Costa Brava

Esta primera parte del viaje tiene un aire claramente rural y amplio, especialmente fuera de los núcleos urbanos.

En este primer tramo, además, se condensa parte de la esencia de Cataluña. Aquí quedan las montañas del Pirineo, que van perdiendo altura hasta llegar al mar. La AP-7 tiene salidas hacia pueblos como Llançà, Portbou y la mágica Cadaqués.

Segundo tramo: Entre Girona y Barcelona

La sección central del recorrido gana intensidad a medida que se aproxima al área metropolitana de Barcelona. Primero aparece Girona, polo cultural y arquitectónico, con uno de los barrios judíos mejor conservados de Cataluña.

Antes de llegar a la capital, la AP-7 vuelve a dar la opción de desviarse hacia la Costa Brava. A la altura de Maçanet, aparecen las salidas que llevan a Tossa de Mar, Palamós y Platja d’Aro.

Retenciones en la AP-7

Retenciones en la AP-7

Luego llegan las zonas de gran peso económico y demográfico, como el Vallès, donde el paisaje se transforma en una sucesión de polígonos, enlaces, accesos y vistas del interior barcelonés. Uno de los referentes más conocidos de la zona es el centro comercial La Roca Village.

También aparecen algunos de los puntos más reconocibles del corredor, como los túneles y accesos asociados al entorno metropolitano. Algo que va en detrimento del paisaje y de las grandes panorámicas.

Tercer tramo: el Penedès

Más al sur, el viaje vuelve a abrirse en el Penedès y en el Camp de Tarragona, dos paisajes muy distintos, pero igualmente representativos de Cataluña.

En el primero, la autopista pasa junto a un entorno marcado por los viñedos, las masías y un paisaje agrícola ordenado y luminoso, muy diferente al del área barcelonesa.

Cuarto tramo: Tarragona-Costa Daurada

Al llegar a Tarragona y su entorno, la AP-7 se acerca a una zona donde conviven patrimonio romano, actividad portuaria, turismo de costa y grandes infraestructuras.

La Costa Daurada hace que el paisaje vuelva a recuperar protagonismo, permitiendo al viajero disfrutar de una luz más abierta mientras se acerca el final del recorrido.

La AP-7

La AP-7 EP

Tramo final: el Delta

Este se encuentra en una de las zonas más especiales de Cataluña: el Delta del Ebro, río que se cruza por uno de los últimos puentes construidos en la AP-7. Aquí, donde el río desemboca, el paisaje se transforma y aparecen los humedales y arrozales.

El Mediterráneo vuelve a sentirse muy cerca y empieza ya a percibirse otro aroma. El de la sal del mar, sí, pero también el del azahar que llega desde los ya próximos campos de Castellón, por donde la AP-7 prosigue su camino alejándose de Cataluña.