No hace falta irse muy lejos para disfrutar de la naturaleza más exuberante. Las piscinas naturales no solo están en los Pirineos o en Girona, también las hay en Barcelona sin necesidad de irse al Montseny.
En la misma provincia de Barcelona, en los alrededores de Sant Feliu de Codines, hay una ruta que lleva a un bosque donde el agua y la arquitectura se dan de la mano. Y no porque haya un embalse.
En este itinerario se pasa por dos pozas distintas y por una ermita de estilo románico, mientras se disfruta del silencio de la naturaleza. Y todo en una ruta circular de poco más de diez kilómetros.
Es una excursión donde el agua encajada en la roca es la protagonista y la historia emerge en plena naturaleza.
Lugar de partida
Se parte de Sant Feliu de Codines y rápidamente el sendero se adentra en terreno forestal siguiendo el trazado del GR-5. La transición es inmediata: el ruido del pueblo desaparece y el camino se estrecha entre pinos y encinas.
Poco a poco, el terreno desciende hacia el fondo de los barrancos y el paisaje de montaña se impone, sin cambios bruscos, con pendientes suaves que ayudan a avanzar sin prisa.
Primera piscina
La primera parada es en el entorno del torrent del Sot de la Roca. Aquí el sendero se acerca al Gorg Negre, una poza formada en la riera de Gallifa donde el agua se acumula entre paredes de roca y vegetación de ribera.
El espacio aquí ya es cerrado, casi introvertido. No da miedo, pero el ambiente sombrío contrasta con la apertura del bosque circundante.
No es un lugar amplio ni luminoso, sino un punto donde el agua parece quedarse detenida antes de continuar su curso. Eso ofrece cierta intimidad para un primer baño y para seguir la marcha.
Tras este primer contacto con la riera, la ruta cambia de carácter. El sendero abandona el fondo más húmedo del valle y empieza a ganar altura de forma progresiva, abriéndose paso entre tramos de bosque más seco.
Sorpresa en la ruta
Es en este punto donde el recorrido introduce su elemento más inesperado, casi sin aviso. La ermita de Santa Maria del Grau aparece de repente entre los árboles.
Aislada, sin construcciones alrededor ni referencias visuales que anticipen su presencia, esta iglesia románica del siglo XII está documentada desde 1227.
Arquitectura románica
Fue restaurada a principios de los años 2000 y mantiene la sobriedad propia de este tipo de arquitectura rural. Su aparición rompe por completo la lógica del agua que domina la primera parte de la ruta.
Aquí no hay riera ni humedad inmediata, sino piedra, silencio y una sensación de permanencia que contrasta con la movilidad del agua vista poco antes.
Ermita de Santa Maria del Grau
Este punto actúa como bisagra del recorrido. No solo divide físicamente la ruta, sino también su lectura.
Lo que hasta ahora era un itinerario marcado por el descenso hacia la riera se convierte en una transición hacia otro tramo donde el agua vuelve a ser protagonista, pero desde otra perspectiva.
Poza final
A partir de la ermita, el sendero vuelve a descender suavemente hasta reencontrarse con el entorno de la riera, donde aparece el Gorg de les Elies.
A diferencia del Gorg Negre, aquí el espacio se percibe algo más abierto, aunque mantiene el carácter húmedo y cerrado propio de estas formaciones.
Camino de vuelta
La poza toma su nombre de una masía cercana y marca el retorno del agua como elemento dominante del paisaje, cerrando el ciclo iniciado al comienzo de la excursión.
Desde el Gorg de les Elies, la ruta inicia el regreso hacia Sant Feliu de Codines por caminos forestales que enlazan de nuevo con el trazado de ida a la altura del cementerio. En cualquier caso, el retorno permite reconocer el recorrido desde otra perspectiva.
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