Hay lugares que exigen ganárselos a pie, y este es uno de ellos.
La caminata por el bosque de la Marquesa ya es un regalo para los sentidos, un tramo de piedras y senderos que te obliga a bajar las revoluciones de la rutina. La magia ocurre cuando el mar empieza a sonar entre las ramas y, casi sin avisar, los árboles dan paso a una de las playas más limpias de la Costa Dorada.
Es Cala Fonda, conocida popularmente como Waikiki. Escondida a las afueras de Tarragona y protegida por imponentes paredes de roca, esta playa conserva intacto ese espíritu indómito de las calas de antes, recordándonos la belleza de las cosas que el desarrollo urbanístico no ha logrado tocar.
Una playa que ha resistido el tiempo
A pesar de las últimas décadas de transformación de nuestro litoral, Cala Fonda ha mantenido intacto su encanto original.
Cala Fonda
Basta con ver una fotografía aérea para entender que se trata de un lugar diferente, arena fina, 200 metros de longitud y 100 metros de anchura, sin ningún tipo de construcción que rompa el paisaje.
El espacio forma parte de un área de interés natural protegido que se extiende hasta la Punta de la Mora. Todo el litoral de esta zona combina rocas, acantilados y playas vírgenes, un tipo de paisaje cada vez más raro en la costa mediterránea.
El camino que hay que recorrer
Para llegar hasta la cala no basta con aparcar y bajar, hay que dejar el coche cerca del camping Torre de la Mora y caminar entre 15 y 20 minutos por senderos que atraviesan bosque, acantilados y vegetación natural.
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El primer tramo lleva hasta una playa intermedia llamada Cala de la Roca Plana, también conocida como Cala Becs, antes de continuar hasta el destino final.
El sendero baja desde la mitad de la playa, y a medida que se desciende el paisaje se va abriendo poco a poco hasta dejar ver, por completo, este pequeño paraíso escondido entre la espesura.
Aguas que compiten con la Costa Brava
El agua de Cala Fonda es cristalina, de un tono que no tiene nada que envidiar a las calas más fotografiadas de la Costa Brava.
La combinación de arena fina y dorada con un entorno salvaje convierte esta playa en uno de esos lugares donde la naturaleza manda por encima de cualquier infraestructura turística.
Es, además, una playa de tipo familiar, aunque conviene saber que la mitad del arenal es de uso nudista. La convivencia entre quienes llevan bañador y quienes optan por el naturismo es tranquila y sin ningún tipo de conflicto.
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Sin chiringuitos, solo naturaleza
No hay bares ni chiringuitos en Cala Fonda, así que conviene llevar comida y bebida suficiente para toda la jornada. Esta ausencia total de servicios es, precisamente, parte de lo que mantiene el lugar tan auténtico, nada que distraiga del sonido del mar y del bosque.
La playa, junto a otras de la zona, ha sido reconocida por su estado de conservación y su belleza natural por parte de organizaciones ecologistas, un reconocimiento que confirma lo que cualquier visitante percibe al llegar. Este es un espacio que merece ser cuidado y respetado.
Cómo llegar
Para acceder a Cala Fonda desde Tarragona, hay que tomar la Carretera Nacional 340 siguiendo las indicaciones hacia la Playa de la Mora, hasta llegar casi al camping Torre de la Mora, donde existe un parking para vehículos.
Desde ahí, se camina en dirección opuesta al camping por senderos que llevan en unos 15 minutos hasta la playa Roca de la Mora, y unos 6 minutos más hasta Cala Fonda. No existe reserva previa ni aforo limitado, ya que se trata de un espacio natural de acceso libre.
