La carretera llega serpenteando entre árboles y de repente, sin avisar, aparece él, un monasterio encajado en el barranco, suspendido entre la roca y el vacío, con una cascada cayendo justo a su lado. El primer golpe de vista de Sant Miquel del Fai es de esos que se tardan un segundo en procesar.
El conjunto se encuentra en Bigues i Riells, dentro del espacio natural de los Cingles de Bertí, en la Cordillera Prelitoral Catalana, a unos 50 kilómetros de Barcelona. Piedra, agua, historia románica y un silencio interrumpido solo por el estruendo del río. Todo junto, en poco más de una hora de visita.
La entrada un puente románico
El acceso al recinto se hace cruzando el puente románico sobre el río Rossinyol, a través del llamado Pas de la Foradada, una oquedad estrecha entre bloques de piedra que funciona como portal natural hacia el interior.
Camino de Sant Miquel del Fai
Antes de cruzarlo, ya se escucha el salto del río, un golpe de agua continuo y grave que lo impregna todo.
Nada más entrar, la Plaça de l'Abadia da la bienvenida con pequeños canales y lagunas formadas por el agua filtrada de la lluvia y el deshielo a través de la roca.
En el centro de esta plaza se alza la Casa del Prior, del siglo XV, uno de los conjuntos más representativos del gótico catalán. Desde su terraza panorámica se contempla el valle del río Tenes en toda su extensión.
La ermita excavada en la roca
Un estrecho camino que en otro tiempo formó parte del claustro conduce hasta la ermita románica de Sant Miquel, del siglo X.
Es la única ermita de estas características en Cataluña, de aspecto troglodita, construida íntegramente dentro de la roca, en un lugar que antes del cristianismo ya era un espacio de culto pagano.
ermita románica de Sant Miquel
En su interior destaca la Cruz de Sant Miquel del Fai. Estar aquí dentro, con el techo de piedra encima y el sonido de la cascada del Rossinyol cayendo justo al otro lado de la pared, produce una sensación difícil de describir; parece que el tiempo se detiene.
El centro interpretativo y la cueva
Pasada la ermita, el recorrido lleva al Centro de Interpretación del Espacio Natural, con una sala audiovisual sobre la historia de la abadía y un pequeño museo con los instrumentos y herramientas que utilizaban los monjes.
Bajando una escalera empinada se llega a la Cova de Sant Miquel, donde el agua y la roca han formado un conjunto de estalactitas y estalagmitas que llenan la cavidad de formas imposibles.
Al salir, la plaza del Reposo ofrece un alto en el camino con la escultura del escritor Josep Pla, que utilizó este lugar como fuente de inspiración para algunas de sus obras. Es imposible no sentarse en el banco junto a él.
El salto del río Tenes
El momento más impactante del recorrido llega al final, el salto del río Tenes, el gran protagonista geológico de Sant Miquel del Fai.
El ruido se escucha antes de verlo, y cuando aparece el salto, el espectáculo está garantizado. El camino pasa por un pasadizo húmedo donde las microgotas del agua en suspensión mojan la ropa y la cara. El río continúa después su curso tranquilo por el valle del mismo nombre.
Salt del Tenes
El recorrido termina en la ermita románica de Sant Martí, también del siglo X, y en las Cuevas de las Torcas, misteriosas y de acceso con casco y guía. La ruta no es circular; la vuelta se hace por el mismo camino, aunque el paisaje, visto en sentido contrario, tiene otra luz.
Cómo llegar
Sant Miquel del Fai se encuentra en Bigues i Riells (Barcelona), accesible desde la ciudad por la carretera C-59 y después siguiendo las indicaciones hacia Sant Feliu de Codines. El último tramo de carretera tiene muchas curvas cerradas.
La entrada es gratuita, pero requiere reserva previa online. El espacio abre sábados, domingos y festivos de 10:00 a 16:30 horas, con acceso permitido hasta las 16:00 horas. Conviene llevar calzado antideslizante, imprescindible para acceder a las cuevas, y un chubasquero para los tramos junto a los saltos de agua.
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