Calles de Cadaqués

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El pueblo español perfecto para comer uno de los mejores arroces con bogavante: estilo marinero, playas de aguas turquesas y mucho arte

Se encuentra allí donde los Pirineos mueren en el Mediterráneo, pero queda encajado entre las montañas y el mar

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Hay quien dice que en España se come bien en cualquier sitio. La realidad es muy distinta; por eso hay que saber dónde ir.

Sin ir más lejos, para comer uno de los mejores arroces de bogavante de toda España hay que ir a Cadaqués.

Aquí, en el pueblo en el que se crió Dalí, hay un restaurante que compite con los del Delta del Ebro por tener una de las mejores recetas. No revelan su secreto, pero quien lo prueba cae rendido.

Se trata del restaurante Compartir, ubicado junto al puerto y dirigido por tres chefs con estrella Michelin: Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas, que alcanzaron la fama gracias a su local de Barcelona, Disfrutar.

El plato estrella

Dicen quienes han probado su arroz de bogavante que cada cucharada es una celebración de la tradición y el buen hacer en la cocina.

La cuidadosa selección de bogavante fresco, la elección de arroz de la mejor calidad y la combinación equilibrada de especias y condimentos hacen que este arroz con bogavante sea incomparable.

Dónde comerlo

Pocos lo saben. La mayoría de los amantes de la alta cocina conocen el restaurante barcelonés de estos chefs, pero en este pueblo pesquero por excelencia Castro, Xatruch y Casañas tienen un comedor de cocina de proximidad excelente.

Su fama, los premios y su compromiso con la frescura de los ingredientes y la cocina popular lo convierten en uno de los mejores destinos para degustar este plato y muchos otros típicos de la cocina catalana.

Carta del restaurante compartir

Carta del restaurante compartir VISIT COSTA BRAVA

Además, se encuentra en un entorno idílico. Con poco menos de 3.000 habitantes, Cadaqués se ha convertido en uno de los destinos más emblemáticos de la Costa Brava y de Cataluña. Dalí lo puso en el mapa y su geografía no es precisamente sencilla.

Llegar a Cadaqués no es fácil. Se encuentra allí donde los Pirineos mueren en el Mediterráneo, pero queda encajado entre las montañas y el mar, por lo que el acceso implica recorrer una larga carretera de curvas. Aun así, merece la pena.

Un pueblo, una casa

Y es que Cadaqués es mucho más que sus casas blancas, sus contraventanas azules y sus callejones estrechos. Su entramado urbano es el de un antiguo pueblo de pescadores cargado de arte. La localidad siempre se asocia a Salvador Dalí, pero también posee un valor arquitectónico y estético que explica el apelativo de Santorini catalana.

Turisme de Cadaqués resume bien esta doble percepción: “Para muchos es una isla y para otros es lejano; para quien vive todo el año es parte de su vida y para quien viene de vacaciones es como su casa”.

Qué ver en Cadaqués

Dos espíritus, un pueblo. En un extremo está Portlligat, donde se encuentra la Casa-Museo Dalí. Por otro, el núcleo histórico, que estuvo rodeado de murallas y se organizaba en torno a la actual iglesia de Santa María, situada en la parte más alta del pueblo.

Desde este punto se pueden contemplar las vistas de la bahía, de la isla de Es Cucurucuc y del faro de Cala Nans.

Dos mujeres aguardan la llegada del Papa a la Sagrada Familia en la calle Rosselló

Dos mujeres aguardan la llegada del Papa a la Sagrada Familia en la calle Rosselló ÒSCAR GIL COY

El visitante puede recorrer las calles empedradas, donde conviven edificios históricos y pequeñas plazas. Entre los lugares de interés destacan el Museo Municipal, el Espai Cap de Creus y varias galerías de arte.

También sobresalen construcciones como la Casa de Don Octavio Serinyana, la Torre del Colom o el propio faro del Cap de Creus, además de esculturas dedicadas a artistas e intelectuales que pasaron por la villa.

Playas que inspiran

Una tercera pata, no menos importante, son las playas y calas de Cadaqués, uno de sus mayores atractivos. En la bahía principal se encuentran Portdoguer, Sant Lluís y Ses Noues, con aguas tranquilas y transparentes.

Ya en el entorno inmediato aparecen otras playas de pequeño tamaño, como Ses Ielles o Sa Sabolla. Más apartadas se encuentran calas como Culip, Portaló, Culleró o Francalús, donde la roca del Cap de Creus adquiere formas caprichosas.

Los habitantes han bautizado muchas de estas rocas con nombres de animales: el camello, el águila o la tortuga. Dalí también encontró inspiración en este paisaje geológico, especialmente en la roca de la cala de Culleró, que sirvió de base para su obra El gran masturbador.

Cómo llegar

Para muchos, llegar también forma parte del espectáculo. La carretera GI-614 es conocida por su trazado serpenteante, un recorrido obligado para acceder a la localidad tanto desde Girona como desde Barcelona.

En ambos casos se debe tomar la autopista AP-7 hasta Figueres. Después hay que continuar por la N-II y la C-260 y, antes de llegar a Roses, enlazar con la GI-614. Desde Barcelona el trayecto dura unas dos horas y veinte minutos; desde Girona, alrededor de una hora y veinte minutos.