Publicada

Hay rutas que no aparecen en las guías más populares y, sin embargo, tienen un atractivo mucho mayor que algunas de las más conocidas y transitadas.

Una de ellas se encuentra en el término municipal de un municipio histórico de Cataluña, Sant Joan de les Abadesses.

Este pueblo, conocido por su abadía, conecta con la antigua colonia de Llaudet cruzando un bosque y siguiendo el flujo del río Ter a través de un puente colgante de impresión.

Precisamente, el agua es la que marca el ritmo a los senderistas que se adentran en el bosque para seguir los caminos que permiten descubrir la historia industrial de este territorio.

El sendero

La ruta, además, no tiene grandes multitudes ni miradores famosos. Su atractivo está precisamente en lo contrario: en la sensación de estar siguiendo un itinerario casi secreto, con la intimidad que proporciona la naturaleza.

Ayuda mucho el paso del río Ter, que acompaña al excursionista durante buena parte del trayecto. El caminante puede observar los meandros suaves que forma en estos bosques de ribera y zonas de sombra espesa.

La antigua colonia

El camino es corto, pero el paisaje es cambiante. Alterna tramos abiertos con otros más cerrados, en los que el sonido del agua se impone. A medida que se avanza, el entorno se vuelve más silencioso. Los caminos de tierra sustituyen poco a poco a las pistas más transitadas y el bosque gana protagonismo.

En mitad de este entorno aparece uno de los elementos más inesperados de la ruta: la antigua colonia industrial de Llaudet.

La Colonia Llaudet WIKIPEDIA

Hoy parcialmente en desuso, este conjunto forma parte de la historia textil del Ripollès, cuando el aprovechamiento del agua del Ter impulsó pequeñas industrias que transformaron el valle.

Los edificios, sobrios y funcionales, se integran en el paisaje con una naturalidad sorprendente. No hay grandilocuencia, sino la estética propia de una arquitectura pensada para trabajar.

La Palanca de la Batllia

Es aquí donde la ruta cambia de carácter: el paseo natural se convierte también en un recorrido por la historia reciente del territorio.

Aunque el punto más llamativo del itinerario llega un poco más adelante, con la Palanca de la Batllia. Bajo este nombre se esconde un puente colgante peatonal que cruza el Ter uniendo ambas orillas del valle.

Cómo es el puente

La estructura de esta construcción no deja indiferente al caminante. Consta de una palanca de dos tramos: uno corto que llega hasta un pilar, el único que tiene la palanca, y un segundo tramo más largo que cuelga sobre el río.

Está compuesto de tres bloques cuadrados superpuestos: el inferior, hecho de hormigón, piedras y fragmentos de ladrillo; y los dos superiores, que son una mezcla de hormigón y grava de río.

La base del puente está formada por tablones de madera, por debajo de los cuales pasan cinco cables de acero. Las barandillas son tres tirantes de cables metálicos que aseguran cualquier posible caída.

Pero más allá de su estructura está lo que se ve desde él. Desde el centro del puente, el paisaje se abre por completo y se ve cómo el río discurre bajo los pies, mientras el bosque envuelve el entorno.

El entorno

La ruta, por eso, puede continuar. Más allá del puente, la zona ofrece múltiples extensiones del itinerario.

Desde aquí es posible seguir por senderos que bordean el Ter o adentrarse en caminos que conectan con Sant Joan de les Abadesses.

Cómo llegar

La excursión no solo es fácil de hacer, sino también fácil de alcanzar. Desde Barcelona se tarda aproximadamente una hora y media: se toma la C-33 para conectar con la C-17 hasta Sant Joan de les Abadesses. Desde Girona son unos diez minutos menos, aunque el recorrido se realiza por la C-66 y la N-260.

El acceso habitual a la ruta se realiza desde el mismo pueblo. Se puede dejar el coche en algunas zonas habilitadas para aparcar y emprender el camino hacia la colonia de Llaudet y la Palanca de la Batllia.

Noticias relacionadas