El convento que produce hostias en Cataluña

El convento que produce hostias en Cataluña CRÓNICA GLOBAL

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El último convento de clausura de Lleida: femenino, del siglo XVII y fabricante de hostias para toda Cataluña

La comunidad está formada por menos de una decena de religiosas, varias de ellas de edad avanzada

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La visita del papa León XIV ha puesto el foco en algunas iglesias y conventos catalanes no tan conocidos. El Palacio Episcopal de Barcelona, frente a la iglesia de Sant Felip Neri, y la iglesia de Sant Agustí son un claro ejemplo.

Han quedado fuera muchísimos otros templos de la ciudad y casi todos los de fuera de Barcelona, a excepción del Monasterio de Montserrat, que visitó este 10 de junio. Ni Tarragona, ni Girona ni Lleida lo vieron pasar.

Era una visita relámpago, el tiempo era limitado y no podía llegar a todo. Y ha sido una pena, porque eso ha hecho que, por ejemplo, dejara de pasar por el convento que durante décadas proveyó de hostias consagradas a buena parte de Cataluña.

Se llama La Caparrella y se encuentra en las afueras de Lleida. Tras sus muros vive una de las comunidades religiosas más singulares de la ciudad: las Carmelitas Descalzas. Ellas son las habitantes del último convento femenino de clausura activo en la diócesis leridana.

Más de 400 años

Su historia se remonta a más de cuatro siglos atrás, aunque el edificio actual es mucho más reciente.

La presencia carmelita en Lleida está documentada desde el siglo XVII. Aquella primera comunidad se estableció en el núcleo urbano y, como ocurrió con muchos conventos de la época, su trayectoria estuvo marcada por los conflictos históricos, las transformaciones urbanas y los cambios sociales que afectaron a la ciudad durante siglos.

Un monasterio funcional

Con el tiempo, y tras diversas vicisitudes, la comunidad acabó trasladándose fuera del centro urbano, donde se consolidó el actual monasterio de La Caparrella.

El edificio que hoy alberga a las religiosas no destaca por una arquitectura vistosa; más bien es una construcción funcional, pensada para la vida contemplativa moderna.

Misa en La Caparrella

Misa en La Caparrella BISBAT DE LLEIDA

Eso no quita que el monasterio disponga de los espacios esenciales de la clausura: la iglesia, las celdas, las dependencias comunitarias y las zonas de trabajo. Todo ello organizado bajo el principio de aislamiento del exterior que define la vida de la orden.

La comunidad está formada por menos de una decena de religiosas, varias de ellas de edad avanzada.

Convento de clausura

Su día a día sigue el ritmo propio del Carmelo Descalzo, centrado en la oración, el silencio y la vida comunitaria.

La clausura es estricta: las salidas al exterior son excepcionales y se limitan a motivos de salud o necesidad. Eso no impide que, de alguna manera, mantengan contacto con el exterior.

Fabricación de las hostias de Cataluña

Durante décadas, uno de los pilares económicos del convento fue la elaboración artesanal de hostias de consagrar. Desde La Caparrella se producían miles de obleas destinadas a parroquias, conventos y diócesis de toda Cataluña.

Las monjas siempre defendieron que era un trabajo compatible con la vida contemplativa y habitual en muchas comunidades religiosas, que encontraban en esta actividad una forma de sustento sin abandonar su régimen de clausura.

Celebración del Cor de Jesús en La Caparrella

Celebración del Cor de Jesús en La Caparrella BISBAT DE LLEIDA

El proceso de fabricación seguía un sistema sencillo y meticuloso, basado en harina y agua, cocción y corte. Estas hostias se distribuían posteriormente a distintos puntos del territorio, llegando incluso a grandes celebraciones religiosas en las que la demanda era especialmente elevada.

Durante años, el convento de Lleida se convirtió en uno de los pocos centros especializados en este tipo de producción en Cataluña. De ahí que adquiriera cierta notoriedad.

Adiós al trabajo

Sin embargo, en los últimos años la comunidad ha dejado de realizar esta actividad, aunque no por voluntad propia. El reducido número de religiosas y el envejecimiento de sus miembros han hecho inviable mantener un proceso que requería una dedicación constante.

Ahora se limitan a atender el monasterio, cuidar de la comunidad y rezar, aseguran. Todo ello con un perfil discreto y una relación limitada con el exterior. Ahora que ya no fabrican hostias, aún más.

A pesar de ello, el convento continúa siendo un punto de referencia espiritual en Lleida y el último testimonio activo de una presencia carmelita que ha atravesado más de cuatro siglos de historia en la ciudad.