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Rutas por Cataluña hay muchas, igual que cascadas y saltos de agua. Algunas, en cualquier caso, son especialmente fotogénicas.

Lo mejor de todo es que, para llegar a ellas, el paisaje acompaña. Y eso sucede cuando uno se acerca al Salt del Grill, en el Ripollès, una cascada de 38 metros que se precipita sobre una piscina natural rodeada de musgo, raíces y silencio.

Si bien no es una cascada tan caudalosa como las grandes cataratas del planeta, su encanto radica precisamente en su discreción. Aquí no hay aglomeraciones ni ruido, solo el murmullo del agua cayendo y el canto de los pájaros.

El Salt del Grill se alimenta de las aguas del río Freser, uno de los afluentes más conocidos del Ter. Su caudal se abre paso desde las alturas de Coma de Vaca hasta este cortado de roca.

La cascada

La base de la cascada forma una poza de aguas cristalinas y gélidas. Los más atrevidos se sumergen en ella, aunque la mayoría prefiere contemplar el entorno desde las rocas.

La imagen no puede ser más policromática. Una piscina natural presidida por paredes verticales de color grisáceo, interrumpidas únicamente por el azul del agua y el verde del musgo que brota entre las piedras. El tono marrón lo aportan algunas raíces de los árboles cercanos, que cuelgan como cuerdas.

El camino hacia allí

En los días de niebla, el ambiente se transforma en un escenario de película. Los sonidos se amortiguan, el agua parece brillar entre la bruma y los vapores ascienden desde la poza, envolviendo la vegetación de líquenes y helechos.

A esta imagen de postal le precede una caminata más que bucólica. La ruta comienza en la Central Hidroeléctrica de Daió de Baix, en el término municipal de Queralbs. Desde allí, un sendero señalizado sigue el curso del río Freser. Los primeros quince minutos son llanos, perfectos para entrar en contacto con el entorno, mientras el frescor del río y la sombra de los árboles acompañan cada paso.

A medida que se avanza, el sendero se vuelve más pedregoso y gana pendiente, aunque sin demasiada dificultad. La vegetación cambia en cada tramo: hayas, robles y avellanos acompañan la marcha.

Un puente rústico cruza el río y marca el punto medio del recorrido. A partir de allí comienza el ascenso final por un sendero zigzagueante entre piedras y raíces que conduce directamente a la base de la cascada. La ruta completa, entre ida y vuelta, dura alrededor de una hora y media.

Cómo es la ruta

Durante todo el camino, el visitante está acompañado por las hayas, robles y avellanos que flanquean el sendero y por el sonido del río, que hace las veces de guía. Aquí no hay masificaciones, solo naturaleza.

La mano del hombre apenas está presente, salvo por las marcas de pintura roja y algunos carteles de madera que ayudan a no perderse.

Cómo llegar

Para realizar este recorrido y llegar al Salt del Grill es prácticamente imprescindible disponer de coche. Tanto desde Girona como desde Barcelona, el trayecto dura aproximadamente una hora y cuarenta minutos.

Desde la capital del Gironès, se debe tomar la C-25 y enlazar con la C-17, que procede de Barcelona, en dirección a Ripoll. Desde allí, se continúa por la N-260 hasta Ribes de Freser y después por la carretera GIV-5217 hacia Queralbs. Poco antes de entrar en el pueblo, un desvío señalizado conduce hacia Fustanyà y la Central de Daió de Baix, punto de inicio de la caminata.

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