Cataluña no se limita únicamente a la Costa Brava. A pesar de no ser tan conocida, la Costa Daurada alberga paisajes asombrosos y pueblos con una rica historia que impresionan. Un ejemplo de ello es Altafulla.
El municipio se encuentra en la provincia de Tarragona y reúne todas las cualidades deseadas para un destino de escapada. Ofrece opciones para diversos gustos: desde quienes disfrutan del mar hasta quienes se sienten atraídos por la historia y las leyendas.
Para iniciar el recorrido, se encuentra la Villa Closa. Esta es la denominación que recibe el núcleo histórico que, en su día, surgió como una villa medieval fortificada con orígenes en el siglo XI.
Es evidente que aún se conserva el Castillo de Montserrat, erigido en ese mismo siglo. La fortaleza se alza en el punto más elevado de la localidad.
Cómo es el pueblo
En sus calles puede visitarse el museo etnográfico para conocer el pasado agrícola del lugar, llegar hasta la iglesia de Sant Martí, recorrer la calle del Forn y alcanzar la plaza del Pou, donde se encuentra un monumento a los castellers.
Antes de abandonar esta zona, y durante todo el recorrido, se recomienda prestar atención a los nombres de las calles. Si se hace, se observará que varias de ellas están dedicadas a brujas.
Tierra de brujas
Sí, Altafulla es una localidad de brujas y no se avergüenza de serlo. Incluso ha dedicado una noche al año a esta tradición, la llamada Nit de les Bruixes, que en realidad se extiende durante más de una noche y se celebra a finales de junio.
Las leyendas sobre estas brujas del pueblo de Tarragona están recopiladas en diversos libros que pueden adquirirse en la localidad.
Vistas de Altafulla
Como es sabido, a muchas se les llamaba brujas por ser mujeres libres. Recorrían los pasadizos secretos que, según las leyendas, existen en Altafulla para celebrar rituales en la playa.
De aquella época se conservan varias huellas: por un lado, el señalamiento histórico a determinadas mujeres; por otro, las piedras preciosas que utilizaban para atraer el dinero, alejar las malas energías o proteger la salud. Todas ellas pueden adquirirse en el mercado medieval que se celebra a finales de junio en la ciudad.
El imaginario de Altafulla
Algunos vecinos, incluso, relatan ciertos rituales que estas brujas realizaban para lograr sus propósitos. Pueden creerse o no estas historias, pero forman parte del imaginario local y contribuyen al encanto de Altafulla.
Y ya que las brujas acudían a la playa, también merece la pena visitarlas. No dejan indiferente a nadie.
Playas con castillo
La playa principal supera el kilómetro de longitud, cuenta con arena dorada y aguas limpias en las que puede apreciarse el fondo marino, con su flora y su fauna.
Cabe añadir que la playa de Altafulla está coronada por otro enclave destacado: el castillo de Tamarit. Bajo este, además, se encuentra una cala que ofrece tranquilidad a quienes la buscan.
Playa de Tamarit
Si se desean otras actividades, cerca de la playa puede visitarse el barrio de Les Botigues de Mar.
Sus casitas blancas datan del siglo XVIII, cuando se utilizaban como almacenes de pescadores. Ya en el siglo XXI se transformaron en viviendas particulares y pequeños comercios que conservan su encanto y su valor histórico.
Una villa romana
Por último, destacan los Munts d’Altafulla, unas ruinas romanas de gran interés para los amantes de la historia.
Se trata de los restos de la villa que mandó construir uno de los gobernadores de la antigua Tarraco, Caius Valerius Avitus. Él y su esposa Faustina levantaron allí una residencia en el siglo I, que fue abandonada tras un incendio ocurrido dos siglos más tarde.
Villa Romana de Els Munts
A pesar de ello, se conservan mosaicos y estructuras correspondientes a estanques, almacenes, termas y estancias propias de la domus.
En sus proximidades comienza la ruta hacia el mirador del passeig del Fortí y otra en dirección a Torredembarra, con amplias panorámicas de la zona. También destaca el Camí de Ronda, que conecta la playa con otras calas de la Costa Daurada.
Cómo llegar
Resulta difícil perderse si se viaja a este emblemático municipio. Puede accederse en coche por la autopista AP-7, tomando la salida correspondiente a la localidad, y en poco más de una hora desde Barcelona se llega al destino.
Alternativamente, existe la opción del tren. Varias líneas regionales de Renfe parten desde Barcelona y llegan en menos de una hora.
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