Monasterio de Sant Quirze de Colera

Monasterio de Sant Quirze de Colera PATRIMONI DE CATALUNYA

Viajes

El monasterio románico escondido en un valle medieval con 300 habitantes: abadía benedictina del siglo IX a la orilla de una riera

Su origen se remonta a los siglos X y XI, aunque antes pudo haber existido otra construcción de la que apenas queda rastro

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No es tan espectacular como el monasterio de Poblet ni tan conocido como el de Sant Pere de Rodes, pero se conserva más que bien. Está en el Empordà, como el segundo, aunque no vigila el mar.

El monasterio de Sant Quirze de Colera se encuentra en la Serra de l'Albera, muy cerca de la frontera francesa, a la que observa desde hace siglos.

A diferencia de Poblet o Sant Pere de Rodes, este monasterio no atrae grandes flujos de turismo, pero eso forma parte de su encanto. Además, el aislamiento y el silencio invitan al recogimiento, algo propio de un templo religioso como este.

Se encuentra en eso que algunos llaman la Cataluña vaciada, en plena montaña y rodeado de bosques y antiguos caminos medievales. Es un lugar apartado del mundo, pero no por ello menos visitable.

De cuándo es

El monasterio de Sant Quirze de Colera está considerado uno de los conjuntos arquitectónicos más importantes de la zona.

Su origen se remonta a los siglos X y XI, aunque antes pudo haber existido otra construcción de la que apenas queda rastro. En cambio, lo que sí se aprecia claramente en sus muros es la transición entre la arquitectura prerrománica y el románico catalán.

Dónde está

La iglesia de planta basilical, el claustro con las dependencias monásticas y los restos de las murallas que originalmente protegían todo el complejo aún se mantienen en pie. Muchos se preguntan, por eso, qué hace aquí.

El valle de Sant Quirze de Colera, al igual que el vecino valle de Requesens, está hoy prácticamente despoblado, pero entre los siglos XIV y XV rebosaba vida.

Vistas del Monasterio de Sant Quirze de Colera

Vistas del Monasterio de Sant Quirze de Colera EMPORDÀ TURISME

Se calcula que en la zona se asentaban unos 62 fuegos u hogares, lo que se traducía en cerca de sesenta masías habitadas donde vivían entre 200 y 300 personas, de las que hoy apenas quedan ruinas.

No era una vida fácil. La tierra era áspera e indómita; sin embargo, sus habitantes supieron explotar los recursos de la montaña. De aquí obtenían leña y otros productos forestales. La ganadería, la agricultura, la actividad textil, la caza y la pesca eran otras formas de subsistencia.

La vida medieval en el valle

Aun así, como sucedía en la Edad Media, la vida en el valle giraba en torno al monasterio y a una comunidad de remensas, vasallos con derechos que pagaban la correspondiente remensa en cantidades relativamente pequeñas.

El señorío de las tierras estaba repartido. El abad de Sant Quirze ejercía derechos sobre parte del territorio, aunque también los tenían el monasterio de Sant Pere de Rodes y diversas familias nobles locales que se enriquecieron con rapidez.

Cómo era el pueblo

Eran bastantes. El capbreu o censo medieval de Sant Quirze, fechado entre 1313 y 1314 y conservado en el Arxiu Històric de Girona, documenta con precisión la estructura económica de la época al registrar 29 masos, 8 bordas, 3 casas con tierras asociadas y 5 parcelas de cultivo.

En total, el documento recoge a 49 declarantes que informaban de sus obligaciones anuales. Las investigaciones históricas han logrado trazar un retrato extraordinario de aquellas personas, desvelando incluso nombres propios de la época, entre los que destacan, curiosamente, varias mujeres llamadas Barcelona.

El monasterio también fue escenario de la alta política catalana. En 1380, la infanta Juana, hija del rey Pedro el Ceremonioso y casada con Juan I de Ampurias, decidió trasladarse expresamente a este apartado monasterio para dar a luz a Pedro II de Ampurias.

Este niño se convertiría en el último conde de la segunda dinastía condal de Ampurias, un título que, curiosamente, solo ostentó durante cuarenta días antes de fallecer a los 21 años de edad.

Quién vivió allí

Los archivos conservan un documento donde consta que Marquesa, mujer de Jaume Bernat, de Castelló, cobró tres florines de oro de Aragón por desplazarse a Sant Quirze para ejercer de nodriza y amamantar al recién nacido.

Los motivos por los que Juana de Ampurias eligió este enclave siguen siendo un misterio, aunque los historiadores apuntan a que buscaba la absoluta tranquilidad del lugar, lejos del bullicio de núcleos más importantes como Castelló, Figueres, Peralada o Barcelona.

Sant Quirze de Colera

Sant Quirze de Colera PATRIMONI

Senderismo

Para los entusiastas de la historia viva, el entorno del monasterio conserva numerosos vestigios del poblamiento medieval.

Durante las rutas a pie por el valle todavía pueden apreciarse los restos de los antiguos masos, los bancales agrícolas de piedra seca, los caminos empedrados y diversas estructuras vinculadas a la explotación forestal y ganadera.

Qué más ver

Asimismo, la zona constituye un reclamo excepcional para el senderismo gracias a los caminos que parten desde Sant Quirze. Estas rutas conectan con el imponente castillo de Requesens, con los dólmenes megalíticos repartidos por la sierra y con antiguos pasos pirenaicos utilizados históricamente para cruzar hacia la vertiente francesa.

Aquí se concentra una de las mayores densidades de monumentos prehistóricos de Cataluña. Una historia que se pisa, se ve, se toca y se siente.