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Se llama Irán, pero está en Lleida: tiene un solo habitante, está a más de 1.200 metros de altura y a dos horas de la capital del Segrià

La localidad se encuentra perdido en el Vall de Boí y tiene una curiosa historia de origen vasco

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Irán está, lamentablemente, en boca de todos. La población de la república islámica está asediada por las bombas de Israel y Estados Unidos desde hace dos meses. En cambio, en el Iran de Cataluña todo es paz.

Se encuentra en Lleida, en la comarca de la Alta Ribagorça, resguardado al levante por las cumbres de la Tartera y el Corronco. Y, a pesar de compartir nombre con la potencia del golfo Pérsico, su realidad actual dista mucho de cualquier conflicto geopolítico.

¿Cómo es posible que un núcleo del Pont de Suert tenga un nombre tan particular? Por los vascos, igual que la capital de la comarca.

A diferencia de la teocracia asiática, cuyo nombre significa "tierra de iraníes", la etimología del Irán leridano tiene sus raíces en el término vasco "ir", que se traduce sencillamente como "pueblo".

Dónde está Iran

Esta pequeña localidad, situada exactamente a 1.280,4 metros de altitud, se asienta en la ladera oriental del valle del Noguera de Tor, justo en el punto donde la geografía da paso al valle de Boí.

La trayectoria institucional de Iran no tiene nada que ver con la Mesopotamia asiática, pero sí refleja los cambios administrativos del Pirineo en los últimos dos siglos.

Un pueblo disputado

Tras la promulgación de la Constitución de Cádiz, la localidad disfrutó de ayuntamiento propio hasta 1847. En aquel año, una nueva ley municipal, que exigía un mínimo de 30 vecinos para mantener la autonomía, obligó a su unión con Llesp.

Desde entonces, muchos conocieron la localidad como Iran de Llesp, una manera de distinguirlo del enclave islámico. Posteriormente, en 1965, todo el término se incorporó finalmente a El Pont de Suert.

Quién vive allí

En cualquier caso, nunca Irán fue un lugar bullicioso como Teherán, por ejemplo. La evolución demográfica del pueblo catalán muestra un declive constante.

Si en 1787 constaban 23 habitantes y a mediados del siglo XIX se registraban 22 personas repartidas en cinco casas pequeñas, el siglo XX acentuó el abandono.

Un solo habitante

En 1981 la cifra cayó a cuatro residentes y, aunque en 2006 se vivió un ligero repunte hasta alcanzar los 11 habitantes, la realidad actual es de extrema soledad: solo hay un vecino.

Hace pocas semanas, el Diari Segre habló con él. Su nombre es Josep Jordana y fue bautizado como "el último iraní del Pirineo".

Un pasado de tradiciones

Pese a ello, Iran atesora una memoria cultural rica. El 23 de noviembre se celebra Sant Climent, patrón de la localidad, fecha en la que tradicionalmente se organizaba una chocolatada con coca.

También había otras tradiciones y rituales. El primer día de marzo, sin ir más lejos, una mujer recorría las casas con un brazo de ajos para alejar a los malos espíritus y se entonaban cantos para evitar que la serpiente, símbolo del mal, atacara a los vecinos.

En cuanto a su economía histórica, siempre estuvo relacionada con la agricultura, especialmente de centeno, legumbres y patatas. Además, la ganadería lanar, de cabras y vacas, fue clave en su evolución.

Lo más curioso es que unos yacimientos de carbón sin explotar se encuentran muy cerca de allí, en el aprisco de Simón.

Cómo llegar

Su acceso se encuentra al final de una infraestructura compleja: para llegar al pueblo desde la capital del Segrià es necesario un trayecto de aproximadamente dos horas en coche, mayormente por la N-230.

La última parte del viaje requiere recorrer una vía estrecha que nace en la carretera de la Vall de Boí (L-500) y que, en apenas 4 kilómetros de ascenso, acumula más de 60 curvas.