La cueva convertida en hospital de guerra, la Cova de Santa Llúcia

La cueva convertida en hospital de guerra, la Cova de Santa Llúcia TURISME PRIORAT

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La cueva convertida en hospital de guerra: una balma de 30 metros de largo y una fuente de agua

Por aquí pasaron enfermeros, médicos y otros profesionales de las Brigadas Internacionales

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Las cuevas siempre han sido un recurso natural aprovechado por el ser humano. Los primeros homínidos las habitaban y, en algunos puntos de la geografía española, servían de vivienda hace no tantos años. En la Capadocia turca, por ejemplo, todavía hay hoteles construidos en antiguas cavidades.

Cataluña, además, tiene una cueva que, durante la Guerra Civil, sufrió una transformación absoluta y se convirtió en un auténtico hospital de guerra.

No muchos la conocen. Está escondida entre los viñedos y las sierras escarpadas del Priorat y guarda más de mil años de historia. Es la Cova de Santa Llúcia.

Esta cavidad, de 30 metros de profundidad y 15 de anchura, situada en el término municipal de la Bisbal de Falset (Tarragona), ha sido testigo de diferentes etapas de la historia del territorio.

Batalla del Ebro

Por allí pasaron eremitas medievales, que aprovecharon su balma protectora y la fuente de agua natural que brota en su interior para habitarla.

Más tarde se convirtió en una ermita donde se celebraban diversas devociones populares. Sin embargo, su momento de mayor protagonismo llegó en el verano de 1938, en plena Batalla del Ebro.

Hospital improvisado

Era la madrugada del 25 de julio de 1938 cuando empezó la última gran apuesta militar de la República contra las fuerzas franquistas. El enfrentamiento se prolongó durante meses y dejó un elevado número de heridos en ambos bandos.

Para atender a los miles de soldados afectados, se desplegó una red sanitaria que incluía puntos de primeros auxilios en el frente, quirófanos móviles y centros de evacuación en la retaguardia.

Enfermeras en la Cova de Santa Llúcia

Enfermeras en la Cova de Santa Llúcia

La Cova de Santa Llúcia, situada en la margen izquierda del río Ebro, formó parte de esa línea de apoyo al XV Cuerpo de Ejército. Se transformó en un hospital de campaña republicano que atendió a numerosos heridos en condiciones muy difíciles.

Equipada con unas 100 camas, quirófanos, servicios de transfusión sanguínea y un generador eléctrico para la iluminación, la cueva atendió tanto a soldados como a civiles heridos.

Las Brigadas Internacionales

En su interior, la fuente natural suministraba agua, mientras generadores improvisados iluminaban las intervenciones nocturnas. La cueva se convirtió así en un símbolo de la improvisación y la capacidad de adaptación de la sanidad republicana durante el conflicto.

Las Brigadas Internacionales, voluntarios procedentes de más de 50 países que sumaron unos 40.000 efectivos, también participaron en estas tareas. Enfermeras, cirujanos y conductores de ambulancias británicos, estadounidenses y franceses trabajaron allí junto a personal sanitario catalán y del resto de España.

Condiciones de trabajo

Lo hicieron en condiciones precarias, aunque algunos de sus métodos, como las transfusiones directas o una mejor organización logística, influyeron posteriormente en la medicina militar.

El Priorat entero se convirtió en una ruta de evacuación: masías, hostales y trenes-hospital recogían heridos desde el frente. La cueva, protegida por su altura y su camuflaje natural, permitió atender a muchos de ellos en un contexto de bombardeos constantes.

Tras la victoria franquista en 1939, el hospital quedó en el olvido. Durante décadas, la dictadura silenció estos episodios y la cueva se llenó de escombros.

No fue hasta 1982 cuando el Ayuntamiento de la Bisbal de Falset inició su limpieza. El consistorio la adquirió en 1991 por 12.000 euros, aunque durante años el espacio no se puso plenamente en valor.

Quién apostó por ella

La historiadora Angela Jackson, residente en el Priorat y presidenta de la asociación No Jubilem la Memòria, fue una de las impulsoras de su recuperación. Localizó y entrevistó a varias voluntarias que trabajaron allí, documentando sus testimonios en obras dedicadas a las mujeres británicas en la Guerra Civil.

Enric Masip, vecino de la Bisbal de Falset, también instaló un pequeño museo en su casa que acoge a familiares de brigadistas de todo el mundo. Por su parte, el doctor Carles Hervás ha contribuido con investigaciones sobre la sanidad republicana.

Cueva de Santa Llúcia

Cueva de Santa Llúcia TURISME PRIORAT

Poco a poco, la cueva se ha ido poniendo en valor y hoy ocupa un lugar destacado en la memoria histórica de la zona. En el interior se han instalado paneles explicativos que relatan lo sucedido y también se organizan visitas guiadas.

Cómo llegar

Acceder hasta allí es relativamente sencillo en coche. Desde Tarragona el trayecto dura alrededor de una hora, mientras que desde Barcelona el viaje se alarga aproximadamente una hora más.

Una de las rutas más rápidas consiste en tomar la AP-7 y enlazar después con la AP-2, saliendo en Les Borges Blanques o Montblanc para continuar por carreteras comarcales hacia el Priorat hasta llegar a la Bisbal de Falset.

Otra opción desde la antigua Tarraco es seguir la carretera N-420 en dirección a Falset y continuar después hasta la Bisbal. En este caso, el recorrido atraviesa varias carreteras de interior con tramos sinuosos propios del relieve de la comarca.