En Cataluña, hay ciertas ciudades que tienen una conexión con la Bella Roma. Una de ella es Lleida que tiene una profunda herencia romana a lo largo de su historia y que aguarda monumentos destacados como la Seu Vella.
No obstante, la ciudad recrea esta herencia todos los años. Para ello, se dan cita en marzo, concretamente del 6-8 de marzo, celebrando su VIII edición del Mercat Romà d’Ilerda, un homenaje a la huella que dejó la civilización romana en la antigua Ilerda.
Dicho mercado no solo se trata de una feria comercial, sino que también cuenta con un programa extenso entre lo que destaca la puesta en escena y recreación de la época. Durante ese fin de semana, las familias podrán disfrutar de diferentes actividades como talleres, espectáculos y desfiles.
Los orígenes de Lleida
Según recoge Josep Lladonosa i Pujol, la ciudad de Lleida tiene sus raíces en el pueblo ibérico de los ilergetes, quienes fundaron Iltirda en un cerro sobre el río Segre. Tras ser incorporada al dominio romano como Ilerda, la ciudad cobró fama universal en el año 49 a. C. al ser el escenario de una célebre batalla entre Julio César y Pompeyo.
Tras siglos de romanización y una posterior etapa visigoda, Lérida fue ocupada por los árabes entre los años 716 y 719, denominándose Larida durante un dominio que duró 435 años. Finalmente, en 1149, la ciudad fue reconquistada por los condes Ramón Berenguer IV de Barcelona y Ermengol VI de Urgel, lo que dio inicio a su repoblación cristiana.
Durante los siglos XIII y XIV, Lérida vivió una época de gran relevancia institucional y cultural con la creación de la Paeria (su régimen municipal) en 1264 y la fundación del Estudio General en 1300, la primera universidad de la Corona de Aragón.
Sin embargo, a partir del siglo XIV, la ciudad enfrentó graves crisis, incluyendo la peste bubónica, revueltas políticas y la pérdida de sus libertades forales tras la Guerra de Sucesión y el Decreto de Nueva Planta en 1716.
El siglo XX trajo consigo nuevos retos bajo diversas dictaduras, hasta que la explosión democrática de 1977 devolvió a la ciudad nuevas expectativas de recuperación y desarrollo urbanístico.
Qué ver en Lleida
Por tanto, la ciudad ofrece monumentos tan añejos como La Seu Vella, el Palacio de la Paeria o el Antiguo Hospital de Santa María. Eso sí, conviene desayunar bien ese día porque conocer Lleida en un solo día es una tarea exigente. Aquí empieza la ruta.
Palacio de la Paeria: este edificio del siglo XII alberga actualmente la sede del Gobierno local. Afortunadamente, hay muchas estancias que se pueden visitar.
La Seu Vella: imposible no quedar embelesado ante la gallarda figura de esta catedral que destaca sobre un cerro y que empezó a construirse en el año 1203, cuando el románico todavía imperaba en España, aunque el gótico dominaba en el país galo y no tardaría en franquear los Pirineos. Dos siglos más tarde, en 1431, se finalizó el campanario y se puso punto final a la catedral.
Castillo del Rey: el castillo conocido como La Suda, una palabra árabe que significa área urbana cerrada. Así es como se apelaba a la antigua fortaleza andalusí que en el siglo IX se levantaba en este lugar. Esta edificación es un buen ejemplo de monumento que aúna dos estilos: el románico y el gótico.
Antiguo Hospital de Santa María: este bello edificio acogió en tiempos un hospital, pero ahora su cometido es servir de sede del Instituto de Estudios Ilerdenses, además de un espacio de exposiciones temporales. La construcción gótico-plateresca de los siglos XV y XVI embelesa al visitante con un patio central presidido por una escalinata de piedra que conecta con una galería de arcos ojivales.
