Cataluña tiene lugares tan increíbles que todo el mundo puede encontrar el suyo. Por aquí han pasado y vivido figuras como Shakira, Hemingway, Picasso, Capote o Kylie Minogue.
Incluso muchos de los catalanes más famosos a nivel internacional no se han marchado nunca. Así, Joan Manuel Serrat sigue viviendo en Barcelona, Andrés Velencoso continúa fiel a su Tossa de Mar y Gerard Piqué ha encontrado la felicidad en las montañas.
Hace unos meses, el exjugador del FC Barcelona confesó en una entrevista no solo cuál es su rincón favorito del territorio, sino aquel que lo hace verdaderamente feliz. Y sí, está en Cataluña.
El ahora presidente de la King’s League explicó a Spursito, creador de contenido en redes, que ahora disfruta de los pequeños placeres de la vida. Uno de ellos, precisamente, tiene mucho que ver con la tierra que lo vio nacer.
La confesión
“Lo que más feliz me hace es ir a la Cerdanya, encender el fuego y no hacer nada. Ponerme Netflix o una serie y verla en un día. Eso es la hostia”, confesó en esta conversación en redes. Algo que ya se podía intuir, teniendo en cuenta que el también empresario tiene una casa en la zona.
Para quien no la conozca, la Cerdanya es un territorio precioso de los Pirineos que en la actualidad está gestionado por dos Estados: Francia y España.
Qué pasó
El reparto se estableció en el Tratado de los Pirineos de 1659, que dividió la comarca entre la Alta Cerdanya, hoy en territorio francés, y la Baja Cerdanya, que forma parte de la provincia de Girona, en Cataluña.
Más allá de su historia, la zona es conocida por dos aspectos clave: por ser uno de los lugares más fríos y, al mismo tiempo, más bellos del territorio catalán, y por convertirse en el rincón predilecto de la clase alta catalana para pasar el invierno. La proximidad con las pistas de esquí resulta ideal para ello.
Bellver de Cerdanya
La orografía de la Cerdanya tiene algo mágico que explica todo lo anterior. El valle donde se ubica es uno de los pocos valles pirenaicos que discurre de este a oeste, y no de norte a sur.
Sus montañas más altas son el pico Carlit (2.921 metros), muy apreciado por los amantes del senderismo, y el Puigmal (2.909 metros).
Cómo es
Pero hay muchos planes por hacer tanto en invierno como en verano. La Cerdanya es una de las comarcas más singulares de Cataluña también por su historia y su enclave geográfico.
Uno de los municipios más curiosos de la comarca es Llívia. Aunque pertenece a Cataluña, se encuentra físicamente rodeado por territorio francés debido a un tratado del siglo XVII.
Sus ciudades
En este pequeño pueblo de unos 1.500 habitantes se pueden visitar su castillo en ruinas, la torre Bernat de So y la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles.
Además, es famoso por albergar la Farmacia Esteve, considerada la botica más antigua de Europa y hoy convertida en museo.
Vistas de Llivia
Otro de los puntos destacados de la comarca es su capital, Puigcerdà. Su casco antiguo invita a pasear sin prisa por la plaza de Santa María y su icónico campanario, desde donde se divisan los valles circundantes.
Una vez en la ciudad, es imprescindible acercarse al Estany de Puigcerdà, un lago rodeado por un bucólico parque, perfecto para relajarse o hacer fotografías.
Cultura y naturaleza
Además, en el Museu Cerdà se pueden conocer detalles sobre la historia y la vida cotidiana de la región durante los siglos XIX y XX.
Para quienes prefieren la montaña, La Tosa es una de las cumbres más accesibles y con mejores vistas de la comarca.
Rutas de senderismo
Desde sus 2.536 metros de altitud se obtienen panorámicas espectaculares, y se puede ascender de dos maneras: mediante una exigente caminata desde la estación de esquí de Masella o en telecabina desde La Molina.
Para los más aventureros, una excelente forma de descubrir el paisaje pirenaico de la zona, ya sea a pie, en bicicleta o incluso a caballo, es seguir un tramo del Camino de Santiago que atraviesa la comarca.
Puigcerdà
Se trata de una ruta de 20 kilómetros, con un desnivel suave, que parte de Llívia y recorre pueblos con encanto como Puigcerdà, Bolvir o Bellver de Cerdanya.
La mejor época para explorar estos rincones naturales es el verano. En invierno, la región se transforma en uno de los mejores destinos para los amantes del esquí.
Paraíso del esquí
En la comarca se encuentran dos de las estaciones más importantes de Cataluña: Masella y La Molina, ambas integradas en el dominio Alp 2500.
Masella es conocida por ser una de las mejores estaciones de los Pirineos y por ofrecer esquí nocturno, una experiencia poco habitual en la Península Ibérica. Sus 74 kilómetros esquiables y su orientación norte garantizan nieve de calidad durante toda la temporada.
Un esquiador en La Masella
La Molina, por su parte, cuenta con 68 pistas y es ideal para debutantes y familias, ya que más de la mitad de sus recorridos son fáciles.
Qué más hacer
Para quienes buscan alternativas al esquí, las estaciones ofrecen actividades como rutas en raquetas de nieve, paseos en Segway, parques de aventuras en los árboles y circuitos de tubbing y trineos.
Además, La Molina propone una experiencia original: “Escape Snow La Molina: Alerta Alud”, un escape room al aire libre en el que los participantes deben resolver enigmas para salvar a un esquiador accidentado.
Patrimonio arquitectónico
Más allá de la naturaleza y el deporte, la Cerdanya también destaca por su patrimonio histórico. La comarca está salpicada de iglesias y ermitas románicas que recuerdan su pasado medieval.
Entre las más notables se encuentran Santa María de Talló, Sant Andreu de Baltarga y Sant Julià de Pedra. Para conocerlas en profundidad, la oficina de turismo de Saillagouse ofrece visitas guiadas gratuitas que permiten descubrir estas joyas arquitectónicas con explicaciones detalladas.
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