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Los pagos internacionales viven su mayor transformación en medio siglo

Las stablecoins, monedas digitales vinculadas al dólar o al euro, empiezan a integrarse en los circuitos de pago entre países.

Su adopción promete transferencias más rápidas y con costes conocidos de antemano, y las pequeñas empresas pueden ser las primeras en notarlo.

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Enviar dinero de un país a otro sigue funcionando, en buena parte, sobre una infraestructura diseñada en los años setenta. Una transferencia internacional puede tardar varios días, pasar por distintos bancos intermediarios y llegar con un coste final que quien la ordena no siempre conoce de antemano. Ese modelo empieza a cambiar.

«Los pagos internacionales viven su mayor transformación en medio siglo», sostiene Albert Sierra Ros, fundador y consejero delegado de la fintech Kunga, nacida en Barcelona en 2022. «Durante décadas, mover dinero entre países ha sido lento, caro y opaco. Las stablecoins lo están convirtiendo en algo inmediato y transparente».

De nicho cripto a infraestructura financiera

Las stablecoins son criptoactivos diseñados para mantener el valor de una moneda tradicional, como el dólar o el euro. Durante años se asociaron casi en exclusiva al mercado de las criptomonedas, pero hoy bancos europeos, redes de remesas y empresas de pagos trabajan en sus propias iniciativas. El interés no es especulativo: permiten liquidar un pago en minutos, a cualquier hora y sin cadenas de intermediarios.

Para Sierra Ros, la tecnología acabará pasando desapercibida para el usuario. «Dentro de unos años nadie hablará de stablecoins, igual que nadie piensa en los protocolos de internet cuando envía un correo. Mover dinero entre países será tan normal como mandar un mensaje».

Las pymes, las que más pagan hoy

Una de las consecuencias menos visibles del cambio tiene que ver con el tamaño de las empresas. Una multinacional cuenta con equipos de tesorería y capacidad para negociar comisiones con su banco. Una pyme exportadora, una agencia con clientes en el extranjero o un profesional que factura en dólares no la tiene, y suele asumir el coste completo de cada transferencia y de cada cambio de divisa.

«La gran empresa negocia sus comisiones; la pequeña simplemente las paga», resume Sierra Ros.

Regulación y confianza

El marco legal también ha avanzado. Desde 2024, el reglamento europeo MiCA establece reglas comunes para los criptoactivos en la Unión Europea, incluidas las stablecoins, y el sector ha madurado con rapidez en pocos años. Con la tecnología disponible, el reto pasa a ser la confianza de empresas y particulares.

«La tecnología ya está. Lo que falta es confianza, y eso solo se gana con transparencia: que cada cliente sepa cuánto paga antes de hacer una operación y dónde está su dinero en todo momento», señala el directivo.

Dos sistemas que convergen

Kunga es una de las compañías que trabajan en esa convergencia entre la banca tradicional y las stablecoins. Nacida en Barcelona en 2022, trasladó su sede a Florida (Estados Unidos) en 2024 y da servicio a empresas y profesionales que operan entre Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, en euros, dólares, pesos mexicanos, reales brasileños, libras y stablecoins.

«No se trata de sustituir a los bancos ni de convencer a nadie de que invierta en cripto», concluye Sierra Ros. «Se trata de que el dinero llegue donde tiene que llegar, rápido y sin sorpresas. Si se hace bien, nadie tendrá que pensar en la tecnología que hay detrás».

Sobre Kunga

Kunga es una fintech nacida en Barcelona en 2022, con sede en Florida (Estados Unidos) desde 2024, que conecta la banca tradicional con las stablecoins para que empresas y profesionales puedan recibir, convertir y enviar dinero entre países desde una sola cuenta. Opera en Europa, Estados Unidos, México, Brasil y Reino Unido. Más información en kunga.eu.

Kunga no es un banco. Las stablecoins son criptoactivos emitidos por terceros y su uso conlleva riesgos.

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