Las empresas que venden por internet formación o servicios de alto valor suelen cerrar la venta en una conversación. Quien la conduce es la closer, un perfil que hace unos años apenas existía en el mercado hispanohablante.
Una conversación, no una venta a puerta fría
La closer atiende por teléfono o videollamada a personas que ya han pedido información. No llama a puerta fría ni busca clientes: de eso se encarga antes otra figura del equipo comercial, la setter, que contacta con los interesados y les reserva la cita. La closer entra en la fase final. Pregunta qué necesita esa persona, resuelve sus dudas y valora si lo que ofrece la empresa le encaja.
El trabajo tampoco termina al colgar. Según la academia, una parte de las ventas se cierra días después, en el seguimiento por mensajes o en una segunda llamada. "Aquí no entrenamos presión. Entrenamos criterio, y el criterio incluye saber soltar", resume Paula Sanchiz, fundadora de Ventta Lab, la academia que forma en esta profesión solo a mujeres.
A comisión y sin techo
La closer no vende un producto propio. Trabaja para el proyecto de otra empresa y cobra una comisión por cada venta cerrada. Según Ventta Lab, lo habitual es que esté entre el 8 % y el 15 %, según el proyecto.
No hay un sueldo fijo, y tampoco un tope. Los ingresos dependen de la empresa, de lo que venda y del número de llamadas que atienda cada profesional, por lo que varían de un mes a otro. Algunas closers colaboran con más de un proyecto a la vez.
Desde cualquier sitio, con horario flexible
El trabajo se hace en remoto: basta un ordenador y una conexión, y es habitual colaborar con empresas de otros países. Según la compañía, su comunidad reúne a profesionales que trabajan desde cuatro continentes.
Tampoco hay una jornada fija. Cada closer organiza su agenda de llamadas en función de la disponibilidad de los clientes, las peticiones de la empresa que la contrata o sus horarios personales. Esa flexibilidad permite compaginarlo con otro trabajo o con los estudios.
Una alumna cuenta su experiencia en una reseña publicada en Trustpilot: "Me recomendaron a un proyecto y a las semanas estaba en la lista de top 10 closers a pesar de compaginarlo con la universidad".
Práctica antes que titulación
Para empezar no se pide titulación ni experiencia comercial. Se pide práctica, y esa práctica se hace dentro de la propia academia. El programa de Ventta Lab es online y abarca bloques de mentalidad, técnica y ejecución.
El peso está en las simulaciones de venta. Cada alumna las entrega y las recibe corregidas, y después analiza sus llamadas para localizar en qué punto se le cae la conversación. Todas tienen una mentora individual asignada desde el primer día, que las acompaña durante el proceso.
El paso a las empresas
La academia cuenta con Ventta Jobs, una plataforma propia con la que las alumnas contactan con empresas que buscan perfiles de cierre. El contacto va en las dos direcciones: ellas pueden escribir a los negocios, y algunos empresarios las buscan directamente.
Quien se plantea empezar suele preguntarse si todavía queda sitio. Según Ventta Lab, la demanda no ha dejado de crecer: cada vez más empresas venden por internet servicios de alto valor y necesitan a alguien que conduzca esas conversaciones, y más de 300 empresarios buscan ya este perfil a través de su plataforma. Para Sanchiz, el problema es otro: "El mercado no está saturado de closers, sino de empresas con un buen producto y nadie que sepa venderlo".
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