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La inteligencia artificial ya no transforma únicamente la manera de trabajar: también está ampliando quién puede construir una actividad profesional alrededor de la tecnología. Las herramientas capaces de automatizar tareas, atender consultas o generar contenidos están permitiendo que perfiles sin conocimientos avanzados de programación puedan incorporar la IA a sus servicios y desarrollar nuevas vías de actividad profesional.

En este nuevo escenario, las reglas del juego han cambiado y habilidades como la comunicación, la venta o la capacidad para identificar las necesidades de una empresa adquieren un nuevo valor.

Álvaro Sánchez, fundador de ClientesOnline.io, una academia especializada en la creación de agencias que ofrecen automatizaciones, chatbots y asistentes de voz con IA a empresas, observa en este cambio una nueva vía de autoempleo. Una oportunidad que, en su planteamiento, no pertenece exclusivamente a quienes llegan con conocimientos técnicos.

Esa lectura encuentra un reflejo práctico entre los casos de éxito y opiniones de la academia. Dos jóvenes de Zaragoza, que habían probado diferentes vías antes de desarrollar su agencia, sitúan la llegada del primer cliente como un punto de inflexión: «nos cambió muchísimo la mentalidad». A partir de entonces comenzaron a «marcarnos objetivos diarios» y reforzaron la disciplina, vinculando su evolución tanto al aprendizaje como a la constancia y la ejecución.

Dos perfiles distintos ante una oportunidad cada vez más abierta

Álvaro distingue dos puntos de partida especialmente favorables. Por una parte, está el perfil técnico, que entiende las soluciones, sabe cómo funcionan y tiene facilidad para explicarlas e integrarlas. La dificultad suele aparecer cuando llega el momento de convertir ese conocimiento en negocio: encontrar clientes, vender, negociar o cerrar acuerdos.

“No hay nada más potente que alguien técnico que además se convierte en buen marketer, buen vendedor y buen líder de empresa”, explica Álvaro Sánchez. Por eso, en ClientesOnline.io el conocimiento comercial complementa la formación relacionada con las soluciones de IA.

El segundo perfil llega casi desde el extremo opuesto. Se trata de personas muy comunicativas o con experiencia comercial, capaces de entender al cliente, presentar una propuesta y cerrar acuerdos, pero que no necesariamente cuentan con una base técnica. En este caso, Álvaro considera suficiente adquirir un conocimiento medio de las soluciones para comercializarlas correctamente y apoyarse en un freelance especializado para ejecutar el servicio, mientras la actividad se concentra en la captación de clientes, las ventas y el crecimiento del negocio.

La diferencia entre ambos perfiles es clara, pero comparten una característica: ninguno necesita dominar todas las áreas por sí solo. De hecho, Álvaro considera que la reducción de buena parte de la barrera técnica ha ampliado esta posibilidad a perfiles muy diversos. «Antes, para montar algo así, necesitabas saber programar. Hoy no», señala. Según explica, la academia incluye entre sus alumnos a personas de cincuenta y sesenta años que partían con muy poca experiencia informática y posteriormente han conseguido clientes.

El caso de los dos jóvenes de Zaragoza vuelve a poner el foco en la vertiente comercial: tras revisar una estrategia de captación que inicialmente no daba resultados, comenzaron a cerrar clientes y aseguran que «el salto grande» llegó al mes siguiente, cuando alcanzaron los 10.000 euros en 60 días. El recorrido muestra así cómo el conocimiento técnico necesita acompañarse de estrategia, venta y ejecución.

Álvaro Sánchez

Cuando la tecnología se hace accesible, otras habilidades marcan la diferencia

Que las herramientas estén al alcance de más personas no convierte automáticamente su uso en una actividad profesional. Precisamente ahí aparece otro cambio: si el conocimiento técnico deja de ser el principal obstáculo, comprender un negocio y trasladar una solución adquiere mayor relevancia. “Lo que no se ha democratizado es la capacidad de sentarte delante de un empresario, entender su problema y cerrar un acuerdo”, sostiene Álvaro.

Su planteamiento pone el foco en cuatro capacidades especialmente relevantes: saber vender y comunicar una solución, tener criterio para identificar qué procesos merece la pena automatizar, adaptarse a herramientas que pueden cambiar rápidamente y, cuando el proyecto crece, desarrollar capacidad de delegación y liderazgo.

Entender cómo funciona la IA y saber dónde aplicarla son cuestiones diferentes. Una compañía puede disponer de herramientas y, aun así, necesitar a alguien capaz de localizar un proceso que consume tiempo o dinero y plantear una respuesta concreta. “Ese criterio es lo que un cliente paga”, resume Álvaro.

ClientesOnline.io identifica además un patrón relacionado con esta idea. Según el fundador, quienes consiguen resultados no destacan necesariamente por su talento o formación técnica previa, sino por ejecutar con rapidez, asumir el rechazo comercial, aceptar orientación y mantener la constancia cuando desaparece la novedad inicial.

La expansión de la IA dibuja un terreno profesional menos condicionado por el punto de partida y más condicionado por la capacidad de convertir la tecnología en respuestas útiles. Para Álvaro Sánchez, su alcance profesional se encuentra precisamente en esa combinación: herramientas cada vez más accesibles junto a cualidades que siguen dependiendo de las personas, como comprender, elegir, comunicar, vender y aprender de forma continua. Más allá de los avances técnicos, la inteligencia artificial abre nuevas formas de prestar servicios, emprender y construir una trayectoria profesional.

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