Imagina por un momento que vuelves a casa después de un día agotador en el trabajo, vienes cargando un par de bolsas del supermercado que pesan una tonelada y, al abrir la puerta del portal, te topas con una dura realidad: cuatro pisos de escaleras empinadas por delante. Para cualquiera de nosotros esto ya es un dolor de cabeza, pero si lo pensamos bien, para una persona mayor, una pareja con un carrito de bebé o alguien que se ha torcido un tobillo la cosa pasa de ser una molestia a convertirse en una auténtica pesadilla.
Este es un escenario muy común en los edificios antiguos, lo que deja en evidencia que tener un ascensor en estas edificaciones no es un tema de comodidad ni un capricho, es una barrera tremenda que, sin darnos cuenta, acaba aislando a muchísimos vecinos en sus propias casas. La buena noticia es que la gente no se está cruzando de brazos. Hoy en día, meter un ascensor en un edificio antiguo ha dejado de verse como un lujo de unos pocos para convertirse en una necesidad de primera urgencia.
¿Es posible meter un ascensor en un edificio antiguo?
Cuando el tema salta en la reunión de vecinos, la primera pregunta que todo el mundo se hace es casi obligatoria: “A ver, pero ¿cómo va a caber un ascensor aquí si en la escalera apenas entramos dos personas a la vez?”. Y claro que es un temor superlógico, sobre todo si se considera que los edificios de hace cuarenta o cincuenta años se construyeron en otra época, cuando en estas cosas ni se pensaba.
Por suerte, hoy en día la arquitectura y la ingeniería hacen verdaderos milagros. No hay una solución única que sirva para todos, sino que toca buscar un traje a medida para cada bloque. Las opciones que más se ven en el día a día son estas:
· Hacerle hueco a la escalera: Si los peldaños son anchos, muchas veces se recorta un poco de aquí y de allá para abrir el espacio justo en el centro.
· Aprovechar los patios interiores: Los patios de luces suelen ser los grandes salvavidas en estos casos. Permiten poner el elevador sin tocar la estructura de la escalera y conectan directo con los rellanos.
· Salir a la fachada exterior: Si el edificio da a la calle o a un patio común grande, poner un ascensor acristalado por fuera no solo soluciona el problema, sino que además le da un lavado de cara espectacular al edificio.
Claro que meterse en estos jaleos da un poco de respeto. Por eso, contar con el apoyo de empresas expertas en el sector como Disel Studio cambia totalmente la historia, porque te guían desde el minuto uno, viendo qué es viable y qué no, para que los vecinos no vayan a ciegas.
¿Gasto o Inversión?
Vamos a ser totalmente honestos, hablar de dinero en una comunidad de propietarios siempre levanta chispas. Una obra de este calibre cuesta lo suyo y es de lo más normal que aparezcan dudas, miedos y alguna que otra discusión subida de tono. El vecino del bajo o del primero suele pensar que a él esto ni le va ni le viene, mientras que el del cuarto piso lo ve como agua de mayo.
Aun así, las cosas han cambiado bastante a nivel legal para que nadie se quede atrás y se priorice la accesibilidad. Además, hoy en día hay bastantes ayudas y subvenciones públicas que alivian un montón el bolsillo. Si se mira con perspectiva, la instalación de ascensores para comunidades no es un gasto para tirar el dinero, es una inversión brutal que revaloriza el piso al instante y, por encima de todo, le devuelve la tranquilidad y la libertad a los que viven ahí.
Es verdad que meterse en una reforma así da vértigo. Hay que armarse de paciencia para las reuniones, lidiar con papeleos y soportar unos meses de ruido. Pero el día que la obra termina, le das al botón y las puertas se abren, la vida en el bloque cambia por completo. Los abuelos vuelven a salir a pasear, las compras ya no pesan y el edificio parece otro. Lograr que tu casa sea accesible es, sin duda, el mejor favor que se pueden hacer los vecinos los unos a los otros.
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