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La prevención de ahogamientos se ha consolidado como un objetivo prioritario para la industria acuática. El sector está acelerando la implantación de herramientas avanzadas basadas en inteligencia artificial, sensores y sistemas de conectividad para crear entornos más seguros, una estrategia que se complementa con programas educativos para reducir la siniestralidad tanto en piscinas públicas como privadas.

Los datos de la Organización Mundial de la Salud reflejan la gravedad de esta problemática, estimando en casi 300.000 las muertes anuales por ahogamiento a escala global. Esta urgencia se ha acentuado recientemente en Europa debido a las extremas olas de calor, registrándose en Francia la pérdida de 40 vidas —especialmente de jóvenes— en un breve periodo de tiempo desde mediados de junio.

Una problemática alarmante en España

En el entorno nacional, España cerró el pasado ejercicio con un balance de 472 fallecimientos por sumersión accidental, lo que convirtió a dicho año en el segundo más trágico de la serie histórica. La tendencia del curso actual sigue siendo preocupante, ya que los indicadores actualizados a finales de junio muestran que 174 personas ya han perdido la vida en espacios acuáticos españoles.

Frente a esta realidad, las instalaciones pueden jugar un rol transformador si se potencian como centros accesibles para la enseñanza de competencias acuáticas infantiles. El estudio internacional Safer Waters sostiene que aprender a desenvolverse de forma segura en el agua debe catalogarse como una habilidad vital obligatoria y no como un mero entretenimiento recreativo.

Proyectos de alfabetización acuática y digitalización

La investigación sugiere la necesidad de articular una estrategia global que conecte el aprendizaje, la supervisión continua y las infraestructuras, mitigando las brechas sociales y territoriales que dificultan el acceso a la natación. Con este propósito, firmas como Fluidra han lanzado junto a European Aquatics la campaña Learn-to-Swim para llevar piscinas móviles a regiones europeas vulnerables y sin instalaciones fijas.

Más allá de la formación presencial, la digitalización se posiciona como una barrera de seguridad crítica. La monitorización en tiempo real y la gestión remota de los vasos permiten anticipar incidentes críticos antes de que ocurran. En esta línea, desarrollos de empresas como Nagi utilizan sensores para procesar la actividad de los nadadores de forma constante dentro de un ecosistema conectado.

Inteligencia artificial en la vigilancia acuática

Esta tecnología de sensores, integrada en la Red Española de Piscinas Inteligentes (EPIC), ya funciona en diversos polideportivos públicos y colegios para emitir alertas instantáneas a los socorristas ante cualquier anomalía. De forma complementaria, el mercado está asimilando herramientas de software basadas en algoritmos de visión computacional como AngelEye o Lynxight.

Estos sistemas analizan mediante cámaras subacuáticas y de superficie los patrones de movimiento de los usuarios para optimizar los tiempos de respuesta. Su aplicación añade una capa de protección digital indispensable en piscinas de alta ocupación, actuando como el respaldo tecnológico perfecto para la imprescindible vigilancia de los profesionales del salvamento.

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