Corte de carne para asar

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De los restaurantes especializados a las cocinas domésticas: así se ha impuesto la piedra volcánica en España

Esta técnica milenaria se puede ahora integrar en tu cocina con una inversión razonable, pensada para amantes de la carne a la brasa

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En los últimos años, una técnica culinaria que parecía reservada a asadores y restaurantes especializados ha regresado con fuerza a las cocinas domésticas españolas. La cocina a la piedra volcánica, cocinar carne directamente sobre una superficie de piedra volcánica natural calentada a alta temperatura, está viviendo un renacimiento silencioso pero imparable, impulsado por la búsqueda de experiencias gastronómicas diferentes en casa y por un interés creciente en métodos de cocción más naturales.

Lo que durante décadas estuvo asociado a un tipo muy concreto de restaurante ha saltado al hogar. Las razones son varias: la disponibilidad de piedras volcánicas para cocinar carne de calidad a precios razonables, la difusión en redes sociales de recetas sencillas y espectaculares, y el atractivo de una técnica que permite al comensal cocinar su propia porción directamente en la mesa, eligiendo el punto exacto de cocción.

Una técnica tan antigua como el fuego

Cocinar sobre piedras calientes es, probablemente, una de las formas más antiguas de preparar alimentos. Antes de la invención de la cerámica, los seres humanos ya calentaban piedras al fuego para depositar sobre ellas trozos de carne. Lo que ha cambiado en el siglo XXI no es la técnica en sí, sino la calidad de las piedras volcánicas disponibles y la precisión con que se aplican.

La piedra volcánica natural se ha impuesto sobre otras alternativas (mármol, granito, pizarra, sal del Himalaya) por tres ventajas objetivas que la convierten en el material de referencia para la cocina a la piedra. La primera es su extraordinaria capacidad de retención del calor: una piedra volcánica correctamente calentada mantiene temperatura de cocción entre 60 y 90 minutos, tiempo más que suficiente para una comida completa. La segunda es la
distribución uniforme de ese calor por toda la superficie, sin puntos fríos que arruinen el sellado. Y la tercera, su resistencia a temperaturas extremas sin deterioro ni liberación de sustancias, lo que la convierte en un material
seguro para uso alimentario prolongado.

A todo ello se suma un matiz sensorial que los amantes de la buena carne reconocen inmediatamente: el ligero sabor ahumado que la piedra volcánica natural aporta a la carne durante el sellado, un resultado imposible de replicar con otros materiales o con sartenes convencionales.

Un fabricante español de referencia

En España, el fabricante más establecido en piedras volcánicas para cocinar carne es DEKOBE, una empresa con sede en Palomares (Almería) dedicada a la fabricación de planchas de piedra volcánica natural desde 2005. Su catálogo incluye más de veinte tamaños distintos de piedra volcánica, desde formatos compactos de 16×16 cm pensados para dos comensales hasta planchas de piedra volcánica de 40×25 cm diseñadas para grupos grandes o uso en restaurantes. Las piedras se comercializan solas o montadas sobre soportes de acero inoxidable con quemadores de alcohol o gas, que permiten mantener la piedra caliente en la mesa durante toda la comida.

Uno de los elementos técnicos que más valoran los usuarios es el surco antigoteo, una ranura perimetral integrada en la superficie de la piedra volcánica que recoge los jugos y grasas liberados durante la cocción. Este detalle, que puede parecer menor, resuelve el principal problema práctico de cocinar sobre piedra en un entorno doméstico: el goteo de líquidos sobre la mesa o el soporte.

La compañía distribuye en cuatro mercados europeos (España, Portugal, Francia y Alemania) y opera en dos canales diferenciados: el doméstico, donde predominan los formatos compactos, y el profesional, donde restaurantes y asadores demandan piedras volcánicas de mayor tamaño y mayor durabilidad. Toda la gama cumple el Reglamento CE nº 1935/2004 sobre materiales destinados al contacto con alimentos.

Cómo funciona la experiencia en casa

El uso doméstico de la piedra volcánica es más sencillo de lo que parece. La piedra se calienta en el horno doméstico durante 30-40 minutos a 250-300 °C, se traslada al soporte con quemadores sobre la mesa y se coloca la carne directamente encima. El sellado es inmediato: la superficie de la piedra volcánica a alta temperatura crea una costra exterior crujiente que conserva los jugos internos.

A partir de ese primer sellado, la experiencia se convierte en algo participativo: cada comensal va cocinando su porción al gusto sobre la piedra volcánica, que se mantiene caliente gracias a los quemadores. Es una forma de cocinar que combina resultado gastronómico de alto nivel con un componente social y sensorial difícil de igualar con métodos convencionales.

Una categoría con recorrido

Los datos del sector apuntan a que el interés por la cocina a la piedra volcánica no muestra signos de agotarse. La combinación de técnica ancestral, resultado culinario superior y experiencia participativa en la mesa explica por qué cada vez más hogares españoles incorporan una piedra volcánica a su equipamiento de cocina habitual. Para los restaurantes, llevar una piedra volcánica chisporroteando a la mesa del cliente aporta un componente experiencial que conecta directamente con la demanda actual de gastronomía memorable.

En un mercado donde proliferan imitaciones y productos importados sin certificación clara, contar con fabricantes nacionales que garantizan trazabilidad, conformidad normativa y un catálogo técnicamente sólido se ha convertido en un factor decisivo tanto para consumidores como para profesionales de la hostelería.

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