La legislación actual en materia de trading y educación financiera permite la comercialización de contenidos sin necesidad de demostrar resultados reales. No se exige mostrar rentabilidad ni trayectoria auditada, siempre que no se garantice explícitamente un beneficio económico al cliente.
En este contexto, muchos formadores ofrecen contenidos bajo el paraguas de “educación financiera”, acompañados de la clásica advertencia: “los resultados pasados no garantizan resultados futuros”. Esta fórmula actúa como escudo legal, ya que no se está vendiendo un resultado, sino un producto informativo. Aunque los resultados reales sean modestos, el marco jurídico actual no considera fraude si no se gestiona directamente el dinero de los clientes ni se prometen beneficios concretos.
Esto ha abierto una “zona gris” en la que cualquier persona puede vender cursos o asesorías sin necesidad de acreditar experiencia en operativa real ni presentar historiales de resultados. Sin regulación específica, no se requiere track record auditado ni acceso a cuentas reales con visión de solo lectura (read only).
¿Por qué sigue funcionando este modelo?
Entre los factores que lo explican destacan la falta de formación financiera, la búsqueda de resultados rápidos y la influencia de determinados contenidos en redes sociales. La expectativa de que existe un “método infalible” es aún común, y muchas personas optan por adquirir formación antes que dedicar años al estudio y la práctica profunda.
El mercado se retroalimenta: quienes no obtienen los resultados esperados rara vez denuncian, y a menudo tienden a responsabilizarse personalmente de sus pérdidas, lo que limita la visibilidad del problema.
¿Qué soluciones serían viables?
Desde el punto de vista de la transparencia, una solución razonable podría ser exigir acreditación verificable de resultados a quienes se presentan como expertos. Esto incluiría acceso puntual a cuentas reales auditadas y un historial completo de operativa con costes y comisiones incluidos. Sin embargo, este tipo de medidas no forman parte de los requisitos legales actuales, y su implementación transformaría profundamente el ecosistema de formación en trading.
El debate sigue abierto: ¿debe regularse más estrictamente este tipo de contenido para proteger al consumidor o es suficiente con la autorregulación y el criterio individual?
Ismael Mena | Trader Profesional
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