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Como todos sabemos, dentro de un mes y medio estamos todos los españoles convocados a lo que algunos han bautizado como “la gran fiesta de la democracia”, es decir, a las elecciones generales.

En Madrid —y en Barcelona también— mil periodistas, opinadores e intelectuales de guardia que durante estos ocho años de presidencia sanchista le han estado criticando acerbamente se están frotando las manos: ven que está al llegar el momento de coger el fruto de su combate, pensando en los cargos, asesorías y prebendas de las que han estado ayunos en estos años de travesía del desierto, y a los que ahora aspiran.

Y simultáneamente, otros mil periodistas, opinadores e intelectuales de guardia que han estado disfrutando de esos cargos y prebendas están metiendo sus bártulos en cajas de cartón y telefoneando a sus amigos para ver si, cuando los nuevos amos del país les den la patada, pueden recolocarse en algún sitio más o menos soleado.

Parece que la cosa está cantada, a juzgar por los sondeos que últimamente han sacado La Vanguardia y El País, pero en ambas trincheras hay temor y temblores: “hasta el rabo, todo es toro”, dice el refrán, y Sánchez es un artista a la hora de sacarse de la manga un comodín en el que nadie antes había pensado.

Algunos recuerdan que ya en las anteriores elecciones, en 2023, se daba la aventura sanchista por amortizada, pero “el puto amo” (expresión no muy elegante del ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, el peculiar Óscar Puente) se sacó el “Gobierno Frankenstein”. Otros temen que en las semanas que quedan hasta las elecciones, el líder de la oposición, el conservador Núñez Feijóo, que a nadie apasiona, meta dos o tres veces la pata con declaraciones inoportunas y permita así que el poder vuelva a escapársele de las manos.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso EP

Como es natural, toda la gran prensa internacional se ha hecho eco de esa convocatoria, y especula con lo que pueda pasar el 29 de octubre.

Presentamos a los lectores de Crónica Global el análisis de lo que ha pasado y la prospectiva de lo que pasará que publicó ayer un semanario londinense, de tendencia conservadora y liberal, nacido a principios del siglo XIX: The Spectator. Es un artículo bueno, sucinto y nada sesgado. Lo firma Jim Lawley, y lo titula “Sánchez se encamina hacia la derrota en las elecciones anticipadas de España”.



Bueno, ya iremos viendo… Dice Lawley:

“El presidente socialista de España, Pedro Sánchez, podría haber esperado hasta agosto del año que viene para presentarse ante los votantes. En cambio, ha convocado elecciones anticipadas para el 29 de noviembre.

>> En su anuncio, Sánchez declaró que España se ha convertido en un referente mundial en materia de paz, feminismo y prosperidad, y se atribuyó los mejores resultados económicos y sociales logrados por cualquier gobierno democrático en España.

>> Reconociendo que su Gobierno de coalición «progresista» también ha cometido errores, Sánchez, que lleva ocho años como presidente del Gobierno, explicó que, para poder hacer más, necesita «renovar y ampliar el apoyo de la ciudadanía».

>> El detonante inmediato fue la derrota, el viernes pasado, de su ley de vivienda de emergencia. Junts —un partido separatista catalán—, se unió al conservador Partido Popular y a Vox, de extrema derecha, para rechazarla. Fue una demostración más de la incapacidad del Gobierno para contar con una mayoría.

>> España se enfrenta ahora a la perspectiva inminente de un Gobierno notablemente más de derechas.

>> Sin embargo, es posible que Sánchez haya visto una oportunidad en esa derrota. Las protestas por la vivienda han llevado a decenas de miles de personas a las calles de España. Su partido espera que la indignación por los alquileres inasequibles y los desahucios movilice a los votantes de izquierdas desilusionados. Aunque el acceso a una vivienda asequible se ha vuelto más difícil durante el mandato de Sánchez, librar una campaña electoral centrada en la vivienda sin duda le vendrá mejor que hacerlo sobre la corrupción o el caos en Ceuta.

>> Resulta irónico que los separatistas catalanes hayan contribuido a poner fin a esta legislatura. Tras las elecciones generales de julio de 2023, Sánchez se aferró al poder gracias a sus votos. El precio fue una amnistía para los delitos relacionados con la campaña secesionista de Cataluña, incluida la tentativa ilegal de independencia de 2017.

>> A muchos españoles, eso les pareció profundamente erróneo: Sánchez concedía una amnistía que anteriormente había descartado para asegurarse el apoyo parlamentario que necesitaba para seguir siendo presidente del Gobierno. La Comisión de Venecia, un órgano de asesoramiento jurídico del Consejo de Europa, afirmó que el proyecto de ley de amnistía había agravado una «división profunda y virulenta» en España.

>> Ese acuerdo con los separatistas le permitió mantenerse en el cargo. Pero nunca garantizó un Gobierno estable. España sigue funcionando con los Presupuestos aprobados para 2023; Sánchez no ha conseguido aprobar unos nuevos en toda esta legislatura. Estar en el cargo y estar en el poder han demostrado ser dos cosas diferentes.

>> Además, están los escándalos. Su exministro de Transportes y secretario general del Partido Socialista, José Luis Ábalos, fue condenado en junio a más de 24 años de prisión por delitos de corrupción. Otro exsecretario general del partido, Santos Cerdán, se enfrenta a acusaciones relacionadas con contratos públicos, que él niega.

>> Los problemas judiciales se extienden a la familia de Sánchez. Su hermano David ha sido condenado a nueve años de inhabilitación para ejercer cargos públicos por su nombramiento en un puesto financiado con fondos públicos en Badajoz; la sentencia es susceptible de recurso. Su esposa, Begoña Gómez, se enfrenta a un juicio por presunto tráfico de influencias y malversación de fondos públicos. Ella niega los cargos.

>> Más recientemente, Ceuta ha añadido una acusación de incompetencia al pliego de cargos. Más de dos meses después de que decenas de miles de personas cruzaran desde Marruecos al enclave español del norte de África, muchos miles permanecen allí, con campamentos improvisados, instalaciones de acogida desbordadas, un aumento de los incidentes de orden público denunciados y graves problemas de salud e higiene.

>> ¿Podría el caos en Ceuta ayudar también a explicar el cálculo electoral de Sánchez? Esperar habría supuesto el riesgo de sufrir más meses de desorden y un fracaso cada vez más evidente. Conseguir una mayoría viable le daría años, en lugar de meses, para hacer frente a la crisis y sus consecuencias. Una derrota dejaría la gestión de la misma en manos de su sucesor.

>> Las encuestas apuntan a que la derrota es, con diferencia, el resultado más probable. Un sondeo electoral publicado por El País el pasado fin de semana otorga al Partido Popular y a Vox una cómoda mayoría conjunta. Sánchez ya ha dado la sorpresa antes, pero esta vez necesitará otra remontada extraordinaria para evitar la derrota.

>> Por lo tanto, España se enfrenta ahora a la perspectiva inminente de un gobierno notablemente más de derechas, dependiente del apoyo de Vox. Vox aboga por la «prioridad nacional» en el acceso a la vivienda social y a las prestaciones sociales, dando preferencia a los españoles frente a los extranjeros. También reclama la deportación de todos los inmigrantes que residen ilegalmente en España, así como de los inmigrantes legales que cometan delitos.

>> La esperanza de Sánchez es que el temor de los votantes a que un partido al que denuncia continuamente como de «extrema derecha» llegue al Gobierno prevalezca sobre su resentimiento hacia su propia trayectoria. A juzgar por los datos actuales, esa esperanza parece vana".