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Trump lleva al WSJ al 'dismay' (consternación)

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Tras el discurso de Trump del pasado martes, 22 de septiembre, ante la Asamblea General de la ONU, hemos querido valorarlo desde el punto de vista no de sus adversarios —que somos muchos—, sino de los que hasta ahora, con sus más y sus menos, le han avalado, aunque con creciente escepticismo.

De manera que, para analizar el discurso, hemos leído detenidamente el Wall Street Journal. Resulta muy interesante ver cómo el veterano y prestigioso diario de derechas, uno de los más importantes del mundo, paulatinamente mira con más y más recelo a Donald Trump. Y con ello no tiene nada que ver, en principio, la demanda que el magnate presidente puso hace unos meses al rotativo por un artículo que publicó sobre sus relaciones con el pedófilo Epstein…

Recordemos que, en su discurso, Trump exigió a Irán un acuerdo que desmantele su programa nuclear, o de lo contrario emprenderá una escalada militar estadounidense mucho mayor.

Además, predijo que el precio del petróleo bajará con fuerza: si se mantiene la unidad internacional y mejora el flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz, los precios caerán. También presentó el acuerdo petrolero con Venezuela como parte de esa estrategia. El WSJ cuestiona que el efecto del saqueo del petróleo venezolano por los EEUU (naturalmente, el diario no se expresa en estos términos) pueda materializarse rápidamente.

Trump se jactó de que el acuerdo alcanzado con Dinamarca y Groenlandia permitirá instalar dos grandes bases militares estadounidenses allí. El WSJ matiza que las autoridades danesas describen el acuerdo de una forma bastante diferente: sostienen que preserva la soberanía danesa y el derecho de autodeterminación de Groenlandia, y que aún requiere aprobación parlamentaria.

El WSJ publicaba ayer además un editorial bastante crítico titulado “Trump’s U.N. Message to the World” (El mensaje de Trump al mundo, en la sede de las Naciones Unidas).

Donald Trump en la ONU

Donald Trump en la ONU

La crítica principal se concentraba en Irán. El editorial considera que la amenaza de Trump de “aniquilar” al régimen pierde credibilidad porque ya antes ha formulado bravatas similares. También cuestionaba su (aparente) confianza en que Teherán aceptará un acuerdo después de las próximas elecciones de midterms: recuerda que Irán ya frustró anteriormente las expectativas de Trump respecto de un alto el fuego y advierte que no hay garantía alguna de que vaya a entregar su material nuclear ni a abandonar sus exigencias sobre el estrecho de Ormuz.

Había además ayer en el periódico neoyorquino un análisis interesante firmado por Philip Wegmann, Alexander Ward y Vera Bergengruen: “Trump amenaza con aniquilar Irán al explicar su visión de la política exterior”. Los tres analistas señalan la contradicción de que Trump se presentase como un presidente que hace la paz, mientras simultáneamente amenazaba con aniquilar Irán. El artículo también rechazaba su afirmación de que Rusia y Ucrania están cerca de la paz, ya que sus intentos de mediación han sido hasta ahora estériles, y situaba el discurso en el contexto del desgaste de la economía norteamericana provocado por la guerra con Irán y el encarecimiento de la energía.

El periódico también advertía ayer que el público estadounidense está cansándose de una guerra que ya dura aproximadamente siete meses y que tanto ha contribuido al encarecimiento de la energía.

La muy conservadora Peggy Noonan marcaba también distancias con el presidente, aunque su texto no versaba sobre el discurso del martes pasado. En “There’s Reason to Worry About the Iran War” (Hay motivos para estar preocupados por la guerra de Irán) reconocía tanto la “audacia” de la decisión de Trump como los éxitos militares iniciales, pero insistía en que se trata de una apuesta muy arriesgada, cuyas consecuencias son imposibles de conocer de antemano y que puede salir mal.

Gerard Baker publicaba el mismo día, y en el mismo periódico, una columna bastante crítica, titulada “Help—I Feel a Bad Case of TDS Coming On”, (Socorro, detecto que llega un mal caso de Trastorno de Desquiciamiento de Trump). No estaba centrada específicamente en el discurso de la ONU, pero ayuda a entender el cambio de opinión de un comentarista conservador que anteriormente había defendido al presidente.

Baker parte de una posición bastante explícita: durante años consideró que, pese a encontrar aspectos del carácter y la retórica de Trump “repelentes”, la disrupción que representaba podía ser necesaria para corregir problemas que él veía en el sistema político estadounidense. Incluso después del 6 de enero de 2021, día del asalto de una turba dirigida por Trump al Capitolio, sede de la soberanía popular, que Baker dice que eliminó cualquier duda que pudiera tener sobre la amenaza de Trump a las normas constitucionales, siguió pensando que las instituciones estadounidenses serían capaces de contener sus peores impulsos. Y ante las elecciones de 2024 seguía considerando menores los riesgos de Trump que los de una nueva Administración demócrata.

¿Qué ha cambiado para Baker? La idea central de su artículo es que el cálculo coste-beneficio que justificaba su tolerancia hacia Trump ha dejado de dar positivo. Baker dice que, durante el último año, ha pasado por tres etapas: disappointment, disillusionment y dismay (decepción, desilusión y, finalmente, consternación ante Trump.)

Entiéndase que esto no parece una conversión ideológica de Baker hacia la izquierda. Continúa criticando duramente al progresismo y sigue considerando que muchos de los problemas que llevaron al ascenso de Trump eran reales. Pero su valoración de Trump como instrumento para resolverlos ha cambiado radicalmente hacia el dismay.