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El cierre del cielo sobre Rusia afecta a la economía mundial

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Es curiosa la relativa importancia que le damos en España al frente bélico en el Este de Europa, a la guerra de Ucrania. Parece que nos quede muy lejos, cuando a lo peor estamos en vísperas de una catástrofe general.

Estos días han sucedido dos hechos alarmantes, que apuntan a una mayor internacionalización y agravamiento del conflicto. El primero, el “aviso” del presidente ucraniano, Volodímir Zelensky, de que el espacio aéreo sobre Rusia puede ser objeto de sus formidables drones. El segundo, la irrupción —sin víctimas mortales— de drones rusos en el aeropuerto de Leipzig, un “aviso” de Rusia a Europa. Aunque esto último ha disparado todas las alarmas, hoy explicaremos las consecuencias de la advertencia o amenaza de Zelenski, según la interpretan algunos medios de la prensa internacional.

Volodímir Zelensky ha advertido, en un discurso que se puede escuchar y ver en las redes sociales, que debido a la intensificación de los ataques con drones ucranianos dentro de Rusia, el espacio aéreo ruso se está convirtiendo de facto en un lugar inseguro para la aviación civil, y ha pedido a aerolíneas, aseguradoras y gobiernos que actúen en consecuencia. Es decir, que actúen como si ese espacio aéreo estuviera efectivamente cerrado.

Las consecuencias de esas frases pueden ser económicamente cuantiosas para la economía global, como trataremos de explicar. A las autoridades rusas les ha sentado realmente muy mal la amenaza. Putin la califica de “terrorismo de Estado”. Sus adláteres se han apresurado a afirmar que su espacio aéreo sigue siendo operativo, y ayer el Ministerio de Transportes dijo que está tomando medidas para mantener y proteger la aviación civil…

La agencia Reuters da la explicación probablemente más clara de este discurso de Zelenski. Recordaba ayer que las aerolíneas occidentales ya evitan Rusia desde 2022, pero que las compañías de China, Turquía y los países del Golfo Pérsico siguen atravesando el espacio aéreo ruso. Y advertía que hay un riesgo cierto en la posibilidad de confusión entre aeronaves/drones, errores de identificación, misiles de defensa aérea o caída de restos. Reuters recuerda el precedente del avión de Azerbaijan Airlines en 2024 e informa de importantes alteraciones en los aeropuertos de Moscú, con cancelaciones y retrasos, mientras algunas compañías extranjeras han modificado sus operaciones.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en una imagen de archivo

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en una imagen de archivo EFE / EPA / MIKHAIL METZEL / KREMLIN POOL / SPUTNIK

Al Jazeera publicaba ayer un detallado análisis titulado “Can Ukraine’s drones shut Russian airspace? What that means for airlines” (¿Pueden los drones ucranios cerrar el espacio aéreo ruso? Lo que implica para las compañías aéreas). Ahí, la cadena de noticias con sede en Doha, Qatar, recuerda que Ucrania no se propone atacar aviones civiles, según Zelenski. Pero que pronto habrá tantos drones operando dentro de Rusia que las aerolíneas y las aseguradoras deberían considerar ese riesgo al decidir si utilizan el espacio aéreo ruso.

El problema ya está ocurriendo. Los drones ucranianos han obligado repetidamente a cerrar temporalmente aeropuertos rusos, incluidos los de la zona de Moscú. Cada vez que se declara una amenaza, se suspenden despegues y aterrizajes durante horas. Según Osprey Flight Solutions (compañía de evaluación de riesgos en aviación), desde el comienzo de la guerra se han producido en promedio unas 30 interrupciones de aeropuertos rusos al día.

Al Jazeera señalaba en su análisis de ayer que Ucrania ha aumentado el alcance de sus ataques profundos desde unos 630 km en 2022 hasta unos 1.750 km, y afirma que drones ucranianos han alcanzado objetivos situados aún mucho más lejos, como Omsk. Esto significa que la amenaza ya no está limitada a las regiones fronterizas.

Para las aerolíneas, prescindir completamente del espacio aéreo ruso sería un problema enorme. Antes de la invasión de 2022, Rusia era la ruta más directa entre Europa y el noreste de Asia. Muchas aerolíneas occidentales ya evitan Rusia, lo que ha añadido entre dos y cuatro horas a numerosos vuelos Europa-Asia; el ejemplo citado es Helsinki-Tokio, que pasó de unas 9 a 13 horas.

Algunas aerolíneas, especialmente compañías chinas, turcas, de India y de Oriente Medio, todavía utilizan Rusia. Las aerolíneas chinas, por ejemplo, conservan una ventaja porque pueden utilizar rutas más cortas sobre Rusia. Si Moscú cerrara completamente ese espacio aéreo, esa ventaja competitiva desaparecería o se reduciría considerablemente.

El problema es que las rutas alternativas ya están saturadas. Los aviones tendrían que desviarse por el Cáucaso, Asia Central, Oriente Medio o el Golfo. Pero esas rutas ya están recibiendo tráfico adicional debido a otros conflictos, especialmente en Oriente Medio. Azerbaiyán es un ejemplo: su tráfico aéreo diario pasó de unos 278 vuelos antes de la invasión rusa a 695 a finales de 2025, llegando a superar los 1.000 en determinados días.

Por eso, una clausura total del espacio aéreo ruso tendría efectos en cadena: rutas más largas, más gasto en combustible, mayor congestión, posibles aumentos de precios y menos capacidad disponible. El artículo advierte que el estrecho corredor del Cáucaso ya está cerca de su capacidad máxima.

En resumen, Al Jazeera sostiene que Ucrania no necesita “cerrar” formalmente el espacio aéreo ruso: las propias aerolíneas y aseguradoras podrían empezar a evitarlo. Como es obvio, si eso ocurre a gran escala, el impacto no se limitaría a Rusia: afectaría a las rutas aéreas entre Europa y Asia en todo el mundo.