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Como sabe el lector, después de los severos reproches de numerosos primeros ministros europeos a la política inmigratoria de Pedro Sánchez, que ha confluido, con otros factores, al drama de Ceuta, donde se han ahogado cien chicos tratando de llegar a la ciudad española y docenas de miles de otros jóvenes lograron llegar —nadando— y sembraron el caos, la UE ha publicado un comunicado de respaldo a España, más o menos diplomático, decorativo.

El escándalo o la “invasión híbrida” de Ceuta por Marruecos ha sido tema de portada en todos los grandes periódicos europeos. Muchos de ellos acusan a Sánchez de irresponsable y de ser un líder poco fiable. Otros lo defienden. Como curiosamente, el influyente órgano del centro derecha alemán, el Der Spiegel, en el siguiente artículo de Steffen Lüdke, bajo el título “Los españoles no olvidarán esta falta de solidaridad”:

“Primero Italia. Luego Finlandia, Suecia y Dinamarca. Finalmente, Austria. Un jefe de Gobierno, un ministro tras otro, reaccionaron el jueves a las imágenes procedentes de Ceuta, donde era evidente la situación de emergencia en la pequeña ciudad española, a la que decenas de miles de personas habían llegado desde Marruecos.

Pero, en lugar de expresar su solidaridad con España, sus socios no ofrecieron ayuda. Tampoco se comprometieron a ejercer presión sobre Marruecos. En cambio, amenazaron a España con expulsarla del espacio Schengen.

Se trata de un precedente peligroso e innecesario. El lema parecía ser: cada uno que se las apañe como pueda.

“Italia no permanecerá de brazos cruzados”, publicó la líder populista de derechas Giorgia Meloni. El viernes por la noche cumplió su amenaza: su Gobierno anunció de forma teatral la suspensión de la aplicación del Acuerdo de Schengen con respecto a España. En la práctica, sin embargo, lo único que hizo fue reforzar los controles fronterizos en aeropuertos y puertos. Italia no tiene fronteras terrestres con España.

¿Que en aquel momento, según datos oficiales, 48.300 de las aproximadamente 50.000 personas que habían entrado de forma irregular en Ceuta ya habían vuelto a Marruecos? No es muy importante.

¿Que Italia —es decir, el Gobierno de Meloni— había registrado hasta entonces muchas más entradas ilegales que España? También da igual.

A Meloni y a los demás políticos de la UE, sobre todo de derechas, lo que les importaba era enviar una señal: hacia dentro, hacia sus propios votantes. Y hacia Sánchez, el de izquierdas, que hacía poco había dado papeles a cientos de miles de inmigrantes irregulares, la gran mayoría de ellos latinoamericanos.

Pedro Sánchez —el “muerto vivo” español de la caricatura de derechas de Angela Merkel. Un hombre que mantiene las fronteras abiertas, contra toda razón. Así presentaron implícitamente al español muchos de sus colegas de la UE el jueves.

Esto tiene poco que ver con la realidad.

Durante su mandato, Sánchez ha reforzado las fronteras de Ceuta y Melilla, y ha pagado a los autócratas de África para que frenen a los migrantes.

El primer ministro representa control hacia fuera y humanidad hacia dentro. Puede que a algún que otro conservador ese eslogan le suene familiar.

¡Que no se repita un nuevo 2015 bajo ningún concepto! Ese es el único prisma bajo el cual se observan ahora, al norte y al este de los Pirineos, los acontecimientos de Ceuta.

[Permítaseme un inciso para recordar al lector de Crónica Global que en 2015, más de un millón de personas, principalmente refugiados de Siria, Afganistán e Irak, llegaron a Europa. Muchos entraron por Grecia y recorrieron la llamada “ruta de los Balcanes” hacia Alemania y otros países del norte de Europa. La decisión de Alemania de permitir la entrada de numerosos solicitantes de asilo se convirtió en uno de los hechos más debatidos de la política europea. La crisis puso a prueba el sistema de Schengen, las políticas de asilo de la UE y la cooperación entre los Estados miembros.]

Desde el punto de vista psicológico, el pánico migratorio quizá sea comprensible. Pero estratégicamente lleva a error. En lugar de poner todo su peso en la balanza, la UE se ha enzarzado en disputas internas en cuestión de horas.

A los “halcones” migratorios de Europa no les falta del todo la razón cuando vienen hablando, en los últimos años, de “amenazas híbridas”. En caso de que un país vecino canalizara deliberadamente migrantes hacia la frontera, la idea era coordinarse bien, e incluso ayudar económicamente. Para eso existe incluso en la UE una “caja de herramientas” propia; se podría decir: un plan.

Los españoles saben que los migrantes apenas pueden continuar su viaje desde Ceuta. La ciudad solo forma parte del espacio Schengen de manera formal. En el puerto de ferris existen controles adicionales y muy estrictos.

Desde su punto de vista, la presión migratoria sobre Ceuta constituye, ante todo, un desafío geopolítico: Marruecos reclama para sí este pequeño enclave. Quien controla Ceuta, controla el estrecho de Gibraltar.

Los migrantes tienen poco que ver con todo ello. Creían que nadaban hacia una vida mejor. Sin embargo, en Madrid siempre ha predominado la sensación de que, en caso de una situación grave, solo podrían contar consigo mismos. Ahora, esa impresión se ha visto confirmada.

España lleva años intentando mantener el delicado equilibrio en sus relaciones con Argelia y Marruecos. Ambos países son enemigos acérrimos. La situación puede resumirse, aproximadamente, así: si España se acerca a Argelia, Marruecos envía migrantes; si se acerca a Marruecos, Argelia cierra el grifo del gas.

Para las guerras comerciales, Bruselas ha desarrollado la llamada “bazuca comercial”. Probablemente bastaría con cargarla para que el número de funcionarios marroquíes en la valla fronteriza se cuadruplicara de la noche a la mañana.

¿Ha sido el Gobierno de Pedro Sánchez demasiado complaciente con Marruecos en los últimos años? ¿Ha mostrado demasiada debilidad? Ahora hay bastantes indicios que apuntan en esa dirección.

Sin embargo, una Unión Europea verdaderamente madura debería contribuir a corregir esa actitud. Para ello, tendría que respaldar a Madrid. Ha ocurrido justo lo contrario.

Los españoles no olvidarán esto tan fácilmente.”

¡Pobre herr Lüdke, qué poco nos conoce! Si algo hacemos los españoles continuamente y con tremenda facilidad es olvidar…