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Es probable que el lector no sepa qué es exactamente el “G7”. Lo explicaremos rápidamente, y luego veremos las conclusiones de su última reunión, que terminó ayer.

El Grupo de los Siete (G7) es una asociación, foro político y económico intergubernamental formado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido. Además, la Unión Europea es miembro de facto, al tener representación política permanente. Sus miembros son los mayores actores globales, ya que por su peso político, económico y militar son considerados relevantes a escala global. Representa a siete (8 con la UE) de los principales poderes económicos avanzados.

A partir del año 2018, el G7 representa alrededor del 58 % de la riqueza neta mundial (317 billones) y más del 46 % del producto interno bruto (PIB) mundial basado en valores nominales.

Bien, hasta aquí la definición de la entidad, basada ampliamente —no oculto mis cartas, por manoseadas que estén— en la Wikipedia. Ahora el G7 acaba de reunirse en Évian-les-Bains (Francia). La cita acabó ayer. Los líderes han acordado sanciones más duras contra Rusia y nuevas entregas de armas a Ucrania, ese país masacrado por otro psicópata con delirios de grandeza.

El anfitrión de la cumbre, el presidente francés Emmanuel Macron, ha descrito el encuentro en Évian como un "momento de despertar estratégico", teniendo en cuenta que el presidente estadounidense Donald Trump abandonó la cumbre el año pasado antes de tiempo, bloqueando así cualquier decisión conjunta.

Ahora ha ido mejor. Detalle que hace unos años hubiera sido escandaloso: el presidente de EEUU, Donald Trump, llegó tarde a una de las sesiones, y se excusó con estas palabras:

-Soy el jefe.

Los demás jefes de Estado sonrieron, carraspearon, hacen un notable esfuerzo por no plantar cara al gran Ubú, por no romper las relaciones con la mayor potencia del mundo. Si hay que adular a Ubú, se le adula. El mundo es muy viejo, y esos países también. Sus directivos no se precipitan a decir las verdades estériles y conflictivas, como en este caso sería responderle:

-No, eres un pobre imbécil.

Imagen de los líderes en la cumbre del G7 en Evian (Francia) Michael Kappeler / dpa-Pool / dpa

La reunión ha ido razonablemente bien. La Stampa se muestra optimista:

«La cumbre del G7 en Évian ha logrado una victoria, al menos sobre el papel: devolver a Donald Trump al redil en lo que respecta a la guerra en Ucrania. Fue el propio presidente estadounidense quien dio esperanzas a sus aliados en el segundo día de la cumbre en la ciudad termal a orillas del lago Ginebra: Estados Unidos se ha centrado hasta ahora en Irán, comentó el magnate, añadiendo que, reforzado por el acuerdo alcanzado con Teherán para resolver la crisis de Oriente Medio, ahora tiene la intención de volver su atención al conflicto en las puertas de Europa. [...] El presidente estadounidense describió su encuentro cara a cara con su homólogo ucraniano como “formidable” (Terrific)».

Sin embargo, para algunos comentaristas, la recién hallada unidad es ilusoria. El comentario de Trump de que tras el “asunto iraní” le gustaría centrarse más en Ucrania también puede interpretarse como una amenaza, escribe Der Tagesspiegel:

«Busca la salida fácil a través de acuerdos con Putin, sin ninguna consideración por las consecuencias para Ucrania y Europa. [...] Solo puede haber una paz duradera si Europa comprende que Putin solo hará concesiones cuando se enfrente a la perspectiva de una derrota militar. Los acuerdos con Putin no valen nada; ha incumplido casi todos los que ha firmado hasta ahora. Los únicos compromisos que se respetarán son aquellos que Europa esté dispuesta y sea capaz de hacer cumplir por medios militares si es necesario. No hay camino fácil hacia la paz. Eso es una ilusión».

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el de Estados Unidos, Donald Trump Shealah Craighead/White House/dp / DPA

Der Tages-Anzeiger critica (desde luego, motivos no les faltan) a quienes se pliegan a los caprichos de Trump:

«Es bien sabido que Trump detesta estas cumbres: demasiada gente, demasiados debates largos, demasiado multilateralismo. Así que hay que tenerlo contento, de lo contrario volverá a marcharse, o ni siquiera aparecerá. Por eso los franceses, entre otras cosas, retiraron el cambio climático del orden del día de la cumbre: a Trump no le gusta. La ayuda al desarrollo tampoco le gusta, razón por la cual también fue excluida. Todo el mundo tolera este comportamiento infantil del hombre más poderoso del mundo. Porque es, después de todo, el hombre más poderoso del mundo, y se comporta como tal. No hay que ofenderlo; ni siquiera se le contradice cuando miente».



En fin, The Daily Telegraph sostiene que el G7 es una institución desfasada:

«Sigue siendo un pequeño club de democracias liberales que quizá fueron las siete potencias más importantes del mundo en los años 70, pero que ya no pueden hacer esa afirmación. [...] Se han hecho diversas propuestas de ampliación mediante la admisión de Australia, Corea del Sur, España, Indonesia. [...] Pero hay un país que tiene más méritos que cualquiera de los anteriores para formar parte de un G8 ampliado. Arabia Saudí apenas figura en la lista de las veinte mayores economías del mundo, pero su importancia como intermediario de poder supera todo eso. Es claramente el líder de las “potencias medias” en Oriente Medio».