Es curioso que cuando se trata de los problemas, dramáticos, de la política internacional, gobernada por seres siniestros, que parecen surgidos de una película antiutópica o una novela barata (Netanyahu, Trump, Putin, los repulsivos ayatolás iraníes), el interés de la prensa parece haberse desplazado de la atroz guerra de Ucrania. Importa el estrecho de Ormuz, escandaliza la invasión de Líbano…
Pero la guerra en Ucrania, que lleva ya cinco años, parece que resulte cansina. Salvo por la curiosidad de que Ucrania ha adelantado mucho en la ingeniería de drones y los ejércitos occidentales deberían aprender de sus novedosos procedimientos de combate.
Puntualmente se informa también de que ha caído un misil en Kiev y ha matado a unos cuantos civiles, o de que un dron ucraniano ha volado los depósitos de una refinería en la retaguardia rusa. Y ya, pasa página, a ver qué ha dicho Puigdemont o el hermano de Sánchez…
Debido a mi viejo y persistente interés por la historia y la cultura rusas, yo sí sigo con atención cada día los acontecimientos del frente. Sé cuándo un ejército conquista una aldea birriosa, y cuándo el otro ejército la recupera, o mejor dicho, recupera sus ruinas. Así, pues, a mis pequeños o grandes problemas particulares, que son parecidos a los de usted, lector, en mi caso se añade, cada mañana, ese rato de amargura, de amarga amargura, que paso informándome sobre los últimos detalles de ese crimen monstruoso contra la humanidad cometido con luz y taquígrafos y reiterado cada día, cada día, a cada hora. Comparado con el cual, los avatares de la lucha política española, y catalana, o las últimas chifladuras de Trump, la verdad es que me parecen juegos de guardería.
No sé si ya informé a los lectores de Crónica Global del dato preocupante de que, ante los últimos reveses del Ejército invasor en Ucrania, cada vez se oyen más, en los medios televisivos de propaganda del Kremlin, las amenazas de que, si las cosas no cambian rápida y favorablemente para Rusia, conviene recurrir a las armas atómicas. Escenario de apocalipsis nada improbable.
Dos soldados, en el frente de Ucrania contra Rusia
Traigo ahora para ustedes la versión de cómo va la guerra, según la opinión de un intelectual ucraniano, Igor Bondar, publicada ayer en The Hill, uno de los más importantes y veteranos periódicos de Washington. Claro está que hay que tomarla con cierta distancia y relativismo, pues Bondar es parte interesada en el asunto. Dice así:
“Los acontecimientos de los últimos días en Ucrania y Rusia han transformado radicalmente el panorama de la guerra, así como la percepción del agresor ruso. Recientemente se produjo una clara señal de este cambio: Rusia, por primera vez en casi 20 años, celebró su desfile anual en la Plaza Roja sin tanques ni misiles. Putin tuvo que cancelar el despliegue de armamento pesado por temor a un ataque ucraniano. En las últimas semanas, la percepción de Rusia ha cambiado en todo el mundo. La expansión ideológica rusa tampoco se vio reforzada por los acontecimientos en el ámbito cultural: una reciente protesta del grupo de rock ruso Pussy Riot interrumpió los esfuerzos del gobierno por integrar a Rusia en la política cultural europea a través del arte, durante un evento en Venecia”.
Se refiere Bondar a la Bienal de Venecia. Pero este dato o escándalo es de una importancia ínfima, ignoro por qué lo cita en su artículo. El cual prosigue así:
“Putin también ha modificado repentinamente su retórica respecto a Ucrania. Ya no llama a las autoridades de Kiev «drogadictos» ni «neonazis» que han «tomado como rehén a todo el pueblo ucraniano». En cambio, ahora se dirige cortésmente al presidente de Ucrania como «Sr. Zelensky». Incluso parece contemplar la posibilidad de una reunión con él. Las razones son evidentes. El dictador ruso ha sentido de primera mano el poderío militar de Ucrania".
“Sus ataques en territorio ruso están causando graves daños a la maquinaria bélica rusa y a la moral pública. Mientras tanto, Rusia intenta utilizar sus misiles y drones, principalmente para aterrorizar a la población civil ucraniana y destruir tesoros culturales como el Museo de Chernóbil, con un impacto mucho menor en el Ejército ucraniano. Las fuerzas ucranianas han destruido la terminal petrolera de Tuapse cuatro veces en dos semanas. También han atacado los puertos bálticos de Primorsk y Ust-Luga. Incluso en los Urales, están inutilizando los sistemas de defensa aérea a un ritmo vertiginoso".
“Junto a las dramáticas explosiones en Tuapse y Ust-Luga, existe otra señal importante del declive de Rusia hacia la derrota. Gracias a los drones ucranianos, las tácticas de guerra están cambiando. El control logístico establecido por estas fuerzas aéreas ucranianas ha propiciado numerosos ataques contra equipos enemigos tras las líneas enemigas cerca de Mariúpol. También ha permitido el control de fuego sobre las carreteras alrededor de Donetsk. Así, los ataques masivos a más de 1200 kilómetros de profundidad en territorio ruso, llevados a cabo por el ejército ucraniano con drones, han demostrado la eficacia de esta estrategia.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en una imagen de archivo
“Ha cambiado no solo la retórica presidencial de Putin —quien teme la presencia de drones ucranianos incluso sobre la Plaza Roja—, sino también el mapa del frente ruso-ucraniano. Podemos afirmar, asimismo, que el Ejército ucraniano está cambiando sus tácticas de guerra mediante la implementación de un modelo de asedio tecnológico contra los territorios ocupados. En lugar del clásico cerco de ciudades con infantería y tanques, las Fuerzas Armadas de Ucrania están avanzando hacia el bloqueo total de fuego de la logística enemiga mediante el uso masivo de drones.
“Como resultado, todo el territorio ocupado por tropas rusas y fuera del control ucraniano se convertirá tarde o temprano en un peligro mortal para los rusos. Donetsk y Luhansk podrían terminar cercadas, no por armamento pesado ucraniano, sino por drones ucranianos. Tal es la lógica de la guerra moderna introducida por Ucrania. La realidad en el frente es aún más dura. En abril, por primera vez desde 2024, Rusia perdió más territorio del que capturó. Y por quinto mes consecutivo, Ucrania ha estado matando soldados rusos más rápido de lo que Putin puede reclutar a sus reemplazos.
“En total, durante los años de la invasión a gran escala de Ucrania, hasta 500.000 soldados rusos han muerto, y un número aún mayor ha resultado herido. Todo esto —incluido el cambio en la retórica del presidente ruso, la capacidad de las fuerzas ucranianas para interrumpir la logística del enemigo dentro de Rusia y la pérdida gradual de territorio por parte de los rusos— muestra una Rusia debilitada, posiblemente encaminándose hacia un final humillante”.
Es imposible vencer a Rusia, no lo lograron ni Napoleón ni Hitler al frente de sus impresionantes ejércitos. Claro que en esos precedentes hay que tomar en consideración que Rusia combatía al lado de Ucrania. Ahora combate contra. Se puede decir que combate contra sí misma.
Claro que esta apreciación no le gustará a ningún ucraniano.
