Hoy hablaremos de un país que, por muchos motivos, es muy cercano a los corazones de los catalanes, y en general, de los españoles: Cuba. Desde hace semanas, la prensa internacional especula sobre un movimiento cubano del presidente Trump y su gabinete de aficionados fanáticos, tras sus numerosos fiascos y traiciones, especialmente en Irán.
El corazón anhela que entren los marines en la isla, que secuestren y metan en la más negra de las cárceles estadounidenses a Raúl, el hermano de Fidel Castro, que en su ancianidad (95 años) sigue provocando el hambre y la miseria de sus súbditos. Los cubanos --todos, menos los beneficiados de la tiranía-- lo anhelan ardientemente. Para Trump sería, además, una manera barata de sacarse la espina de su fiasco en Irán.
Pero la operación tiene sus peligros. Entre los comentaristas internacionales que he consultado online, el más ponderado y sutil me parece que es Gilles Paris, editorialista de Le Monde, el diario francés tradicionalmente de izquierdas, que ha formateado, hasta hace bien poco, la opinión pública europea.
“El fracaso de Donald Trump en Irán transforma Cuba en trofeo de sustitución”, dice Monsieur Paris, “un premio de consolación cuyo coste se ignora aún”. Traduzco y abrevio un poco su interesante análisis para los lectores de Crónica Global. Dice así:
Una calle de Cuba
“Nadie daba mucho crédito al régimen en el poder en Cuba tras el secuestro en Caracas, por parte de Estados Unidos, en la noche del 2 de enero, del hombre fuerte de Venezuela, Nicolás Maduro […] Este régimen [el castrista] parecía una pieza de dominó destinada a caer debido al uso totalmente desenfrenado de la fuerza por parte de Donald Trump".
“Luego, el presidente de Estados Unidos se desvió en su ‘excursión’ iraní. El callejón sin salida estratégico surgido de la demostración de fuerza americano-israelí, a pesar de los golpes devastadores infligidos al régimen iraní, debería, según toda lógica, traer pronto de nuevo a Cuba al punto de mira del inquilino de la Casa Blanca. El envío del portaaviones Nimitz a las proximidades ya lo anuncia".
“Más de cinco meses después del golpe de Estado en Venezuela, persisten algunas de las condiciones necesarias para la caída del régimen cubano, vestigio de la Guerra Fría. Entre ellas se encuentran las debilidades externas, que van desde la falta de apoyo diplomático efectivo de Rusia o China hasta las profundas divisiones dentro de Sudamérica, incluyendo el bloqueo energético impuesto por Estados Unidos desde el 29 de enero, además del embargo impuesto por Washington desde 1962".
“Este régimen también se tambalea bajo el peso de su historial, que el embargo estadounidense no puede explicar completamente. Durante el ‘Período Especial’ que siguió al colapso de la URSS en 1991, y que provocó una conmoción sistémica inicial antes del acercamiento con Caracas, la población cubana se mantuvo firme. Treinta años después, los repetidos apagones solo pueden alimentar el rechazo a un sistema comunista depredador".
“Esto se materializa en el conglomerado vinculado al Ejército […] que controla con mano de hierro los sectores más rentables de la economía del país, mientras la sombra de Raúl Castro, que pronto cumplirá 95 años, sigue presente. Fue convenientemente acusado el 20 de mayo por la justicia estadounidense en un caso de hace treinta años. Si se necesita una muestra del rechazo que inspira la dictadura cubana, el éxodo silencioso de una décima parte de la población desde 2021, fecha de las últimas grandes manifestaciones antigubernamentales, que fueron severamente reprimidas, es más que suficiente".
El presidente de EEUU, Donald Trump, en una reciente comparecencia ante los medios en la Casa Blanca / EP
“Este régimen, en sus últimas, se enfrenta a una administración estadounidense decidida y a un Partido Republicano para el que siempre ha sido un punto central, encarnado por el Secretario de Estado Marco Rubio, hijo de exiliados cubanos. Desde su primer mandato, Donald Trump revirtió el esfuerzo de normalización heredado de su predecesor demócrata. Barack Obama se había convencido de que esta normalización tenía al menos las mismas posibilidades de generar apertura económica y quizás política en Cuba que el régimen de sanciones impuesto por Washington. De vuelta en la Casa Blanca, el republicano endureció aún más las sanciones estadounidenses en junio de 2025. Considera inevitable la toma de la isla rebelde. ‘Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Es un gran honor. Tomar Cuba de una forma u otra’, declaró el 16 de marzo. ‘Es decir, ya sea que la libere o la tome, creo que puedo hacer lo que quiera con ella’, añadió".
“Las consideraciones electorales, vinculadas a la influencia de los exiliados cubanos en Florida, se ven agravadas por esta impulsividad, conceptualizada en la estrategia de seguridad nacional publicada en diciembre de 2025. En ella, Washington afirma su intención de imponer su preeminencia sobre todo el continente americano, incluido el mar Caribe. Por lo tanto, el régimen cubano debe caer para que esta ambición se materialice, y el fracaso en Irán transforma la isla en un trofeo sustituto, un premio de consolación cuyo costo aún se desconoce. Teóricamente, todo se alinea para que esto suceda, con algunas excepciones. Nadie sabe con precisión qué pretende hacer Donald Trump con la isla, como lo demuestra su declaración informal del 16 de marzo. Una intervención militar no parece la opción más probable, sobre todo porque colocaría a la Casa Blanca en una posición de considerable contradicción".
“[…] un derrocamiento forzoso del régimen cubano obligaría a Washington a involucrarse a largo plazo. La administración ha abandonado el poder blando de la ayuda al desarrollo, mientras que, en este escenario, la isla necesitaría inyecciones masivas de capital en sectores esenciales que tendrían poco interés para los potenciales inversores estadounidenses".
"Finalmente, una apertura de Cuba podría ir acompañada de una ola migratoria hacia Estados Unidos, lo que contradiría la política sumamente restrictiva brutalmente implementada por la administración. El precedente de Venezuela demuestra que Donald Trump, a quien no le desagradan los dictadores cuando lo halagan, puede llegar a acuerdos con un régimen acorralado. La ‘época dorada’ estadounidense a la que el presidente suele referirse, a finales del siglo XIX y principios del XX, era bastante indiferente a la democracia. Pero no hay garantía de que una figura comparable a Delcy Rodríguez, una chavista arrepentida en Caracas, pueda surgir en La Habana, especialmente porque ninguna oposición estructurada parece capaz de beneficiarse de inmediato de una transición impuesta".
“El presidente estadounidense también debe considerar otras limitaciones. La Ley Helms-Burton, aprobada por el Congreso hace treinta años, vincula estrictamente el levantamiento de las sanciones estadounidenses a una ‘transición’ o a un gobierno ‘elegido democráticamente’ en La Habana. Y el resentimiento de los exiliados de Miami, desposeídos por la revolución castrista, difícilmente se apaciguará con un simple cambio de imagen del régimen. El ‘gran honor’ que Donald Trump anhela podría fácilmente acarrearle un grave problema".
