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Bienvenido a la guerra atómica

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Algún lector, viendo el título de esta reseña de prensa internacional, chasqueará la lengua pensando que soy un cenizo, ya que no es la primera vez que alerto, cual Casandra en Troya, sobre la posibilidad de una guerra atómica.

El caso es que, desde hace algún tiempo, sigo los avatares de la guerra de Ucrania. En los últimos meses, Ucrania se sigue desangrando, pero asesta una paliza terrorífica, gracias a sus nuevas armas en drones, al Ejército ruso en el frente de combate y a las ciudades en retaguardia, Moscú incluida. La economía se tambalea, se habla de una movilización general, que sería altamente impopular…

Relacionado con ello, cada vez menudean con mayor frecuencia en las televisiones públicas rusas las voces de comentaristas y tertulianos que, ofendidos y humillados por los reveses militares, reclaman el recurso al armamento termonuclear. “¿A qué estamos esperando?”. “Una sola bomba y Kiev deja de existir”. Si los reveses militares que sufre Putin hacen tambalear su despotismo, no albergo muchas dudas de que recurrirá al “botón rojo”.

Ahora el zar se halla de visita en Pekín, donde ha estado recientemente Donald Trump con su corte de multibillonarios, haciendo más o menos el ridículo y suplicando una sonrisa o un gesto cordial al hierático Xi. Putin también se ha presentado con una corte de magnates en Pekín; quiere un alivio para su economía, venderle a China el gas y el petróleo de las centrales que Zelensky no haya ya saboteado… Veamos lo que dice sobre la visita la prensa europea más o menos bien informada.

“Unidos por el gas natural siberiano”, explica el columnista Pierre Haski en France Inter, la radio pública francesa: “Para China, Rusia es una mina de oro de combustibles fósiles a sus puertas, algo especialmente valioso en estos tiempos de incertidumbre energética. Basta con observar la delegación que acompañó a Putin a China: todos los magnates energéticos viajaron con él. Se está planificando un segundo gasoducto de 7.000 kilómetros entre Rusia y China, el «Fuerza de Siberia 2», que suministrará 50.000 millones de metros cúbicos adicionales de gas al año... Este fortalecimiento de su alianza energética hace que sea muy improbable que ambos países rompan relaciones en un futuro próximo”.

El vínculo entre Xi y Putin se basa en intereses compartidos más que en una ideología común, explica Handelsblatt, el primer periódico económico de Alemania: “Ambos líderes quieren contrarrestar un mundo dominado por Estados Unidos durante décadas. Y ambos se benefician cuando Washington siembra el caos. La impulsiva política exterior de Trump, sus mensajes contradictorios en Oriente Medio y sus alianzas erráticas les proporcionan a Pekín y Moscú justo lo que necesitan... No hay ninguna amistad fraternal bajo la ostentosa armonía entre estos dos autócratas. Es una alianza funcional entre dos grandes potencias que han aprendido que el caos a veces puede ser el vínculo más fuerte en las alianzas geopolíticas”.

China busca establecerse en el extremo norte. El politólogo Vadym Denysenko explica en una publicación de Facebook recogida por el canal de televisión Espreso que Pekín espera de Moscú más que energía y lealtad: “China exigirá sin duda concesiones, sobre todo en lo que respecta a que Rusia ponga a disposición territorio para infraestructura a lo largo de la Ruta Marítima del Norte. [La ruta marítima del Norte, también conocida como Paso del Noreste, es una ruta de navegación que une el océano Atlántico con el océano Pacífico a lo largo de las costas de Rusia. La gran mayoría de la ruta se encuentra en aguas del Ártico y algunas partes solo están libres de hielo durante dos meses al año]. De hecho, China ya ha lanzado sus convoyes comerciales polares y está construyendo buques específicamente para esta ruta (no rompehielos nucleares, sino cargueros). Sin embargo, estos convoyes navegan sin escalas ni atracan en ningún puerto, principalmente por la falta de bases adecuadas e infraestructura logística”.

Sentando las bases de un nuevo orden mundial: Xi y Putin trabajan para crear una nueva forma de globalización independiente de Estados Unidos, escribe Kirill Babayev, director del Instituto de China y Asia Moderna, en el oficialista Kommersant, [en ruso, “El empresario”], el diario propiedad Alisher Usmánov, el magnate de la compañía Gazprom: “Este mundo debe construirse poco a poco, sin dejarse intimidar por las amenazas de la plataforma de redes sociales Truth Social, mediante una nueva infraestructura de pagos internacionales, nuevos mecanismos de regulación comercial y una nueva forma de globalización. ... Este es precisamente el tipo de mundo que necesitan hoy los países de la mayoría global, y podemos estar seguros de que en los próximos días Putin y Xi debatirán sobre cómo dar forma a este nuevo mundo, ya sea a través de la estrategia de la Asociación Euroasiática, los BRICS o la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái)”.

El anfitrión brilla con luz propia en comparación. China no necesita hacer mucho para parecer respetable frente a Trump o Putin, observa el polaco Interia: “En 2026, el mundo gira en torno al Imperio del Medio. Primero, el presidente Donald Trump viajó a Pekín. Ahora, el presidente Vladimir Putin ha realizado la visita. Curiosamente, ambos parecen suplicantes en Pekín. ... Por ahora, parece que el neoimperialismo chino, basado en una paciencia que resulta anticuada en la era de las redes sociales, está causando la mejor impresión. Nunca antes se habían escrito tantos artículos sobre cómo China se muestra seria y creíble, especialmente en el contexto de las políticas erráticas de Trump”.

El venerable diario turinés La Stampa le da la razón a su colega polaco. Xi, sostiene Stefano Stefanini --diplomático y ex representante de Italia en la OTAN--, se muestra complacido mientras sus rivales luchan. El líder chino “Se ha fijado la meta, no muy lejana, de superar a Estados Unidos para 2050. Aún queda mucho trabajo por hacer antes de esa fecha. Pero Xi es realista y, por el momento, se conforma con posicionar a China como la gran potencia estable y responsable entre las otras dos, inextricablemente enredadas en guerras que provocan crisis energéticas y tensiones comerciales en el resto del mundo. La desaceleración económica de China, resultado de la resistencia geopolítica y la competencia en el Indo-Pacífico, el exceso de capacidad industrial y el declive demográfico, se ve más que compensada por los errores de Rusia y Estados Unidos. Estos errores tienen nombres concretos: Ucrania e Irán”.