Habla el extranjero Crónica Global Barcelona
Más o menos en el mismo momento en que, en la pantalla del televisor, Gabriel Rufián se daba un beso en la boca con Marc Giró (por si el lector no sabe de quién estoy hablando: se trata de dos personalidades televisivas muy entretenidas y exitosas), en el mundo pasaban otras cosas que tampoco dejaban de tener su interés.
Por ejemplo, que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, viajaba a Pekín, para un viaje de dos días en los que negociará con Xi JinPing, su homólogo chino, el reparto de la influencia de las dos grandes potencias en el planeta.
Dada la caprichosa volubilidad del presidente norteamericano, el mundo contiene el aliento. Tenemos mucha suerte de que, gracias a los repetidos viajes de nuestro presidente a reunirse con las autoridades chinas, allí no nos ven con malos ojos.
La cita entre Trump y Xi (en China el apellido va delante, de manera que el presidente se llama en realidad Jinping Xi) estaba originalmente prevista para marzo, pero fue reprogramada después de que Estados Unidos e Israel se pusieran a bombardear Irán como si no hubiera un mañana, lo cual al señor Xi le ha fastidiado un poco.
En círculos periodísticos se cree que de esta visita es posible que salgan acuerdos menores como, por ejemplo, en el tema del fentanilo, del que Pekín surte a los carteles mexicanos, y que han causado una catástrofe sanitaria en EEUU. Trump quiere frenar ese flujo de veneno.
Personalmente, fantaseo con la posibilidad de que ambos mandatarios se agarren por sus partes íntimas y se pregunten mutuamente: “¿Verdad que no nos vamos a hacer daño? Vamos a entendernos”.
Las reuniones de pastores suelen acabar con la muerte de una oveja. De momento, entre malos presagios, la prensa internacional especula sobre lo que puede salir de esta cumbre en Pekín.
El presidente de EEUU, Donald Trump / EP
Robert Greenall explicaba ayer en la BBC qué tenemos que saber y esperar sobre la visita de Trump a Xi en Pekín. Lo exponía con tan cartesiano orden y claridad que la tentación de citarlo por extenso era irresistible. Empieza con la pregunta ¿Por qué viaja Trump a China?
“Se espera que el principal foco de las conversaciones sea la actual y tensa relación comercial entre las dos superpotencias.
“Trump afirmó que le pediría a Xi que abriera la economía china a las grandes empresas tecnológicas.
“Añadió que también esperaba mantener una ‘larga conversación’ sobre Irán, aunque insistió en que no necesitaba la ayuda de China para poner fin al conflicto.
“Dijo que Xi había sido ‘relativamente bueno’ respecto a Irán y añadió que sería ‘un viaje emocionante’ y que ‘van a ocurrir muchas cosas buenas’.
“Mientras tanto, se espera que Xi presione para poner fin a la venta de armas estadounidenses a Taiwán y para ampliar la tregua comercial acordada en octubre, que frenó la escalada arancelaria entre Estados Unidos y China.
“Los comentarios aparecidos en medios chinos también sugerían que Pekín busca un ‘mejor futuro’ con Estados Unidos y una relación que ‘aporte más estabilidad y certidumbre’ a un mundo turbulento.
“Trump está acompañado en esta visita por directores ejecutivos de importantes empresas y compañías tecnológicas estadounidenses.
“Entre quienes acompañan al presidente en su viaje oficial a Pekín se encuentran Jensen Huang, de Nvidia; Tim Cook, de Apple; Elon Musk, de Tesla y SpaceX; Larry Fink, de BlackRock; así como otros ejecutivos de Meta, Visa, JP Morgan, Boeing, Cargill y más empresas.
“La incorporación tardía de Huang al grupo es significativa, ya que los avanzados chips de inteligencia artificial (IA) de Nvidia constituyen uno de los principales focos de rivalidad entre Estados Unidos y China.
“Huang no figuraba en la lista original, pero fue invitado personalmente por Trump y se le vio subiendo al Air Force One durante una escala en Alaska.
El presidente chino, Xi Jinping
Como explicaba ayer The Guardian, el pasado mes de abril la Casa Blanca “acusó a China de robar la propiedad intelectual de los laboratorios norteamericanos de IA a escala industrial, lo cual China negó. Desde entonces, Beijing está frustrada por la reluctancia de Washington a permitir que Nvidia exporte a China sus chips procesadores más poderosos. En enero, la Casa Blanca dijo que Nvidia podía exportar su segundo chip más poderoso, el H200, pero hasta ahora no se ha recibido nada”, ni un triste chip.
Según algunos medios internacionales, China ofrecerá sus tierras raras a cambio de chips informáticos de alta gama destinados a programar los cerebros de sus nuevos robots.
Donald Trump, presidente de EEUU Washington, DC
Prosigamos con la BBC: “¿Cuál es la situación actual de los aranceles?
“La cuestión ha perdido algo de intensidad desde 2025, periodo durante el cual China y Estados Unidos parecían al borde de una guerra comercial.
“Se espera que Trump presione para aumentar las compras chinas de productos procedentes de sectores clave estadounidenses, incluidos la soja y las piezas de aeronaves.
“Pekín negocia desde una posición de fuerza, con niveles récord de exportaciones, aunque sigue necesitando el mercado consumidor estadounidense.
“Asimismo, es seguro que Xi presionará a Estados Unidos para que abandone una investigación comercial anunciada recientemente sobre prácticas empresariales desleales.
“¿Qué más discutirán?
“La semana pasada, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio afirmó que Taiwán sería uno de los temas de conversación de la cumbre, con el objetivo de evitar que la cuestión se convierta en una fuente de tensión entre Estados Unidos y China.
“China también ha señalado que Taiwán es una prioridad en las conversaciones. El miércoles por la mañana, un funcionario chino reiteró la oposición de Pekín a los vínculos militares de Estados Unidos con Taiwán y a la venta de armas a la isla.
“A pesar de la insistencia de Trump en que no necesitaba ayuda china para poner fin al conflicto con Irán, se espera ampliamente que anime a Pekín a convencer a Teherán de que se avenga a un acuerdo.
“China desea el fin de la guerra y trata de intervenir discretamente como mediadora de paz, ya que el conflicto está perjudicando a una economía china debilitada y fuertemente dependiente de las exportaciones”.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en una imagen de archivo
La verdad es que en esta nueva reunión de Yalta se echa en falta a un tercer mandatario, Vladimir Putin, que está surtiendo a China de petróleo barato procedente de sus refinerías, en fin, de las que Ucrania aún no ha bombardeado a base de enjambre de drones, y con el que el imperio Oriental se alivia mientras el oro negro no puede fluir desde Irán.
Al señor Putin le encantaría reunirse con sus dos grandes amigos en Pekín, para comer pato laqueado, con sus sabrosas cebolletas y salsa hoisin, envuelto todo en tiernas crepes, y a los postres compartir un pastel con la palabra “Mundo” escrita en chorros de nata. Pero ahora le va mal desplazarse, no sólo por los reveses que está sufriendo en la guerra en Ucrania y por la expulsión de sus ejércitos de algunos países africanos, sino porque en la misma Rusia se está empezando a oír un tímido rumor de descontento.
Puede estar tranquilo, porque sus intereses y ambiciones estarán bien representados en la cumbre de Pekín, y además por parte de los dos participantes. En tales condiciones, ¿para qué molestarse?
Pase lo que pase en Pekín, y se decida lo que se decida, no es plausible que vuelva de esas conversaciones el señor Trump diciendo, como suele hacer: “Me ha besado el culo”.