Habla el extranjero Crónica Global Barcelona
Las sociedades occidentales envejecen. Se da a luz poco (es carísimo, las mujeres que sienten el imperativo biológico y quisieran ser madres se frustran, pero ése es otro tema, tabú en nuestra prensa, no sé por qué), y simultáneamente las expectativas de vida se alargan. Todo bulle de nonagenarios y de centenarios.
Y, en consecuencia, ya empieza a manifestarse la impaciencia de las generaciones más jóvenes que se preocupan porque sus mal pagados esfuerzos laborales no se invierten en mejorar sus propias vidas, sino en mantener, vía impuestos, vía pensiones, la de millones de jubilados.
Jubilados, muchas veces, de 65 años, llenos de fuerza, inteligencia y salud, pero que han trabajado y cotizado durante 40 años y empiezan a disfrutar de 40 años más de ocio, goce y vida contemplativa, sin doblar el lomo, a costa de los presupuestos del Estado, o sea, sobre la espalda de los jóvenes que curran como asnos…
El difuso malestar empieza a manifestarse en los discursos de algunos populistas. Si nos queremos poner en plan catastrofista, diremos que se avecina una guerra de la juventud contra la senectud, o sea de los jóvenes contra los viejos.
El gran escritor argentino Adolfo Bioy Casares lo predijo en su Diario de la guerra del cerdo, del año 1969. En esa novela visionaria y muy divertida, escrita al rebufo de mayo del 68 --momento en que por primera vez en la historia “la juventud” alzó su voz tonante--, especulaba con el nacimiento del odio de los jóvenes hacia los viejos, a los que aquellos llamaban “cerdos”.
En esa novela, los viejos sufren agresiones absurdas, progresivamente frecuentes, por parte de jóvenes a los que asquea su aspecto y su olor “a cerdo” e impacientes por heredar sus haberes.
Los viejos protagonistas se hacen ilusiones de no serlo tanto, se tiñen el pelo para aparentar menos años, buscan complicidades entre la juventud, visten pantalones tejanos y otras prendas incómodas para disimular la edad, procuran no mostrarse a plena luz del día para que sus arrugas no sean tan evidentes…
Imagen de Tokyo, en Japón
Me he acordado de Diario de la guerra del cerdo al leer en Euro News (canal de televisión que se ve en 102 países) la noticia de que una cadena de pubs de Tokio se suma a la decisión, ya implantada en otros locales de Corea del Sur, de limitar la edad máxima de entrada.
Se va a acabar la tradición de que el portero de discoteca exija ver tu DNI para asegurarse de que ya eres legalmente mayor de edad: ahora en esos locales de Corea y de Japón –y como la modernidad viene del Este, más pronto que tarde se implantará también aquí— se te pedirá el DNI para asegurarse de que no eres demasiado viejo. Acuérdate de lo que te digo.
Lo contaba ayer Rebecca Ann Hughes: “La cadena sostiene que solo quiere que las preferencias de sus clientes se ajusten a su ambiente bullicioso, pero la medida ha generado polémica.
≤≤ Aunque las restricciones de edad mínima son habituales en todo el mundo en los locales que sirven alcohol, los límites de edad máxima son una rareza. No extraña que un pub de Tokio haya acaparado titulares por imponer un veto parcial a los clientes de más edad. La cadena asegura que solo busca que las preferencias de su clientela encajen con su animado ambiente, pero la medida ha generado polémica.
≤≤ Tori Yaro Dogenzaka es una izakaya (bar japonés asequible) situada en el distrito de Shibuya de Tokio. A comienzos de 2026, ha aparecido en la entrada un cartel que dice: "Acceso limitado a clientes de entre 29 y 39 años. Este es un pub para las generaciones más jóvenes. Pub sólo para menores de 40 años". El local forma parte de una cadena, aunque el establecimiento de Shibuya parece ser el único que, por ahora, ha señalado de forma explícita una política de edad.
≤≤ Se contemplan algunas salvedades, aunque están escritas con letra diminuta. Los mayores pueden entrar siempre que en el grupo haya una persona de 39 años o menos. Los amigos o familiares de los empleados, así como los socios comerciales del restaurante, están exentos de la restricción de edad. Además, dado que la medida no se puede aplicar legalmente, los mayores de 40 años pueden pedir que se les permita entrar si se empeñan.
>> Según el portal Japan Today, el personal de puerta comprobará que el cliente está en "condiciones adecuadas" (no está claro si se refiere a la vestimenta o al nivel de alcohol) y que se siente cómodo con el ambiente del pub.
≤≤ El límite de edad máxima pretende, en teoría, asegurar la coherencia entre las preferencias de la clientela y el ambiente del pub. La cadena es conocida por sus precios asequibles, un diseño discreto y una atmósfera animada, todo pensado para atraer a un público joven. "En esencia, nuestra base de clientes es joven", dijo a Japan Today Toshihiro Nagano, responsable de comunicación de la cadena.
>> Los clientes mayores tienden a presentar muchas quejas porque el restaurante les resulta demasiado ruidoso y demás… Por eso decidimos limitar el acceso, para que todos se vayan a casa satisfechos con la experiencia". La medida ha sido tildada de "discriminatoria" en internet, y, en palabras de un usuario, "Hay cierta diferencia entre la edad física y la mental".
>> La práctica de limitar la entrada a los clientes más jóvenes ya es habitual en la vecina Corea del Sur. En Hongdae, el barrio universitario de Seúl, muchos clubes y pubs con pista de baile aplican restricciones no oficiales de edad máxima para mayores de 30 años, y algunas bajan hasta 28 o 25 años.
>> Algunos locales en Itaewon y Gangnam [barrios distinguidos de Seúl] también rechazan a los clientes de cierta edad. Según The Korea Times, muchas instalaciones deportivas y cafeterías han introducido 'no seniors zones', alegando la incompatibilidad de los clientes mayores con su ambiente. Suelen dirigirse a mayores de 70 años”.
Me parece más que plausible la adopción de estas medidas. Ciertos derechos y privilegios que se adquieren con la edad también deben ser retirados con la edad, como el carnet de conducir. De hecho, ya hace tiempo que predico (¡en el desierto, como siempre!) que el mismísimo derecho al voto --viga maestra de la democracia-- debería restringirse a los ciudadanos de edad comprendida entre los 30 y los 65 años.
En general, antes de cumplir 30 años uno no sabe nada del funcionamiento del mundo. Tiene la cabeza llena de idealismos tontos y potencialmente dañinos. ¿Por qué se le va a permitir opinar de lo que no sabe?
Y después de los 65 años, uno suele ingresar en la llamada “clase pasiva”: un colectivo que no genera beneficios económicos y sociales, ¿por qué va a permitírsele opinar en la gestión de algo a lo que ya no contribuye, sino de lo que extrae sólo beneficios?
Tú, viejales: sí, a ti te estoy hablando. Cobra (la pensión) y calla, y no intentes rozarte en la pista de baile con chicos y chicas en la edad suculenta.