Venezuela e Irán preocupan, y mucho, a los dirigentes europeos. Pero lo que más les preocupa, con razón, es la ambición imperialista de los Estados Unidos sobre Groenlandia. Toda la prensa europea especula sobre qué se puede hacer para frenar la ambición del presidente Donald Trump, un dirigente cuyo carácter caprichoso e imprevisible, por decirlo con términos moderados, tiene en vilo al planeta.
Trump repitió ayer que quiere Groenlandia. Toda la prensa comenta y debate cómo disuadirle o amansarle. Es inimaginable, pero posible, hoy, que un país de la OTAN invada el territorio nacional de otro.
¿En qué situación estamos exactamente? Podríamos citar muchas cabeceras que abordan el tema. Nos limitamos hoy a reproducir algunos párrafos del análisis que publicó ayer Katherine Butler, editora de The Guardian, para asuntos europeos [el texto original en inglés se puede leer en línea, en abierto]:
“La amenaza de Donald Trump de tomar el control de Groenlandia ‘como sea’ ha dejado al territorio y a su potencia soberana, Dinamarca, conmocionados, y al resto de Europa buscando a toda prisa maneras de detenerlo.
>>Tras el impacto de la incursión militar de EEUU en Venezuela, la ambición de Trump de poner a Groenlandia como el siguiente objetivo de su lista ya no se ve en Europa como fanfarronería o fantasía, sino como una intención seria, impulsada por la ideología, el expansionismo neoimperial, la sed estadounidense de minerales críticos, o todo ello a la vez.
>>El desprecio manifiesto de Trump por el derecho internacional vuelve a dejar al descubierto el doloroso dilema provocado por la paralizante dependencia de Europa de EEUU para su seguridad militar: ¿Afrontarle o apaciguarle, incluso cuando sus iniciativas, propias de un Estado canalla, son un espejo de la invasión rusa de Ucrania que ellos califican de ilegal?
>>Poco después de la incursión en Venezuela —que fue recibida con un silencio ensordecedor en Europa— el asesor de Trump Stephen Miller se jactó en una entrevista en CNN de que “nadie va a luchar contra Estados Unidos” por Groenlandia.
Imagen de una población de Groenlandia
>>¿Tiene razón Miller? En los últimos días se ha producido un cambio de tono. Los líderes de seis potencias europeas —Francia, Alemania, España, Italia, Polonia y el Reino Unido— han emitido una insólita declaración conjunta reafirmando su apoyo a la soberanía danesa y, en la práctica, advirtiendo a Trump que mantenga las manos alejadas de Groenlandia. Groenlandia pertenece a su pueblo, dijeron: “Corresponde a Dinamarca y a Groenlandia, y sólo a ellas, decidir sobre los asuntos que conciernen a Dinamarca y a Groenlandia”.
>>Pero no está claro qué tipo de “lucha” estarían dispuestas a emprender estas potencias europeas por Groenlandia si fracasa la diplomacia.
>>En una reunión de alto riesgo celebrada hoy [por ayer] en Washington, Dinamarca buscaba desescalar la crisis con promesas de seguridad, al tiempo que insistía en que Groenlandia no está en venta. Muchos groenlandeses son ambivalentes respecto a Dinamarca debido a su legado colonial, pero por ahora ambos gobiernos avanzan en sintonía. Se esperaba que el vicepresidente de EEUU, JD Vance, reavivara ideas más propias del siglo XIX, como “comprar” la secesión del territorio.
>>La justificación de Trump para el tono beligerante contra un aliado fiel de la OTAN —supuestamente para proteger a Groenlandia de una futura agresión de Rusia o China— no cuadra, dicen los analistas. Las preocupaciones de seguridad de EEUU podrían abordarse sin anexionar Groenlandia.
Imagen de Groenlandia
>>Groenlandia es un territorio semiautónomo desde 1979, pero como parte de Dinamarca está defendida por la OTAN. Trump podría exigir que los aliados de la OTAN refuercen la protección de las fronteras exteriores de este territorio estratégicamente situado.
>>Los tratados existentes de la era de la Guerra Fría entre Dinamarca y EEUU para la defensa conjunta de Groenlandia dan a Washington manos libres para desplegar más tropas. Podría reabrir 16 de las 17 bases militares estadounidenses que operó anteriormente y luego cerró.
>>A medida que crece la alarma en Dinamarca y en la propia Groenlandia —desde donde la vívida crónica de Miranda Bryant [periodista de The Guardian] describe un ambiente de miedo, con muchas personas preguntándose si deberían huir—, podríamos ver al Reino Unido desempeñar un papel más activo para desactivar esta crisis. El gobierno de Keir Starmer espera negociar un “modus vivendi” con Washington, me cuenta el editor diplomático de The Guardian, Patrick Wintour. Tras mantener un perfil bajo respecto a Venezuela, Starmer espera que las preocupaciones de seguridad estadounidenses sobre toda la región ártica puedan abordarse en el marco de los tratados existentes, al tiempo que se alivian los temores de Dinamarca sobre la “propiedad”.
>>Starmer y Trump han hablado dos veces en la última semana sobre hacer más para proteger el “alto norte” de una posible incursión rusa. “La visión en Londres es que hay un acuerdo posible sobre Groenlandia”, dijo Patrick. “La dificultad con esta administración estadounidense, sin embargo, es identificar con precisión cuáles son los motivos del presidente cuando habla de ‘propiedad’”.
>>“Groenlandia parece tener alguna cualidad mística para Trump, ¿pero significa esto que quiere poder señalar el mapa de EEUU y mostrar que su territorio se ha ampliado para incluir Groenlandia? Esto es lo que sigue sin estar claro”.
Donald Trump, presidente de los Estados Unidos
>>Starmer ha enviado a su secretaria de Exteriores, Yvette Cooper, a Finlandia y Noruega. Antes de su visita, no mencionó directamente a Groenlandia ni la necesidad de repeler las amenazas de Trump, pero pidió que ‘la OTAN intensifique su trabajo en el Ártico para proteger los intereses euroatlánticos en la región’. La declaración de Cooper añadió: ‘A medida que el cambio climático abre el Ártico, la región se convertirá en una frontera cada vez más crítica para la OTAN’.
>>‘Al hacer referencia al cambio climático, al deshielo del Ártico y al consiguiente aumento de la amenaza que representa Rusia’, dice Patrick, ‘el Reino Unido está reconociendo la validez de las preocupaciones de Trump, pero por supuesto no su solución de la ocupación estadounidense’.
>>Sin embargo, con Trump aparentemente dispuesto a destruir la OTAN con tal de controlar Groenlandia, sean cuales sean sus motivos, las opciones de Europa parecen plagadas de riesgos.
>>Pero hay cartas estratégicas que Europa podría jugar. Robert Habeck, exvicecanciller de Alemania, argumentó el lunes en The Guardian que Europa debería afirmar un poco de su propia machtpolitik (política de poder) y ofrecer a Groenlandia el regreso a la membresía de la UE, junto con un enorme paquete de inversiones, para contrarrestar las amenazas de EEUU. Groenlandia abandonó la entonces Comunidad Europea en 1985 para recuperar el control de sus pesquerías. Pero si la UE igualara la subvención anual en bloque de Dinamarca con miles de millones en nuevas inversiones, el cálculo podría cambiar en un mundo radicalmente transformado.
Ciudad de Ilulissat, en Groenlandia
>>Fabian Zuleeg, director ejecutivo del European Policy Centre en Bruselas, dijo que Europa podría, si se mantiene unida, mostrar a Trump que su coerción de sálvese quien pueda tiene un costo. Señaló que Europa debe adoptar ‘no gestos simbólicos, sino medidas que resuenen en el ámbito interno de EEUU y perjudiquen a Trump y a sus opciones de política donde más importa: en su base política. El comercio, el acceso al mercado, la cooperación regulatoria y las asociaciones industriales ofrecen palancas’.
>>Para el columnista afincado en París Alexander Hurst, el mejor curso de acción de Europa es forzar ‘una ruptura’ con EEUU, incluida la exigencia de que Estados Unidos abandone sus bases militares en Europa. ‘Debería tomarse en consideración todo lo que esté por debajo del combate real’, escribe Hurst, ‘porque anexionar Groenlandia es un síntoma del fascismo estadounidense, y vendrán otros’”.
